Cáritas Diocesanas de Terrassa y de Sant Feliú de Llobregat, y la Cáritas Castrense, miembros de la Confederación Cáritas Española

Cáritas AsambleaLas paredes de la Residencia San José de la localidad madrileña de El Escorial, marco habitual de los encuentros confederales de Cáritas, acogieron el sábado 28 de junio un acto cargado de emoción y de significado histórico con motivo de la incorporación a la Confederación Cáritas Española de tres nuevos miembros.

Y es que los más de 200 representantes de todas las Cáritas Diocesanas del país que participaban en esta cita anual decidían por aclamación, durante la sesión inaugural de la 70ª Asamblea General, la incorporación como miembros de pleno derecho a la familia de Cáritas en España de las Cáritas Diocesanas de Terrassa y de Sant Feliú de Llobregat, y de la Cáritas Castrense.

Sebastian Mora, secretario general de Cáritas, fue el encargado de dar la bienvenida a estos tres nuevos miembros de la Confederación, que pasa a estar integrada por 70 Cáritas Diocesanas y 2 entidades confederadas (CONFER y Voluntarias Vicencianas). Acogidos con el cariño de toda la Asamblea, tanto José Luis Falcó, secretario general de la Cáritas Castrense, como Joan Torrents, director de la Cáritas de Sant Feliú, y Pilar Tache, secretaria general de Cáritas Terrassa, expresaron su emoción por un momento de especial significado histórico.

Hecho histórico

Hay que remontarse al comienzo de los años 90 para encontrar otro hecho similar, cuando tuvo lugar la incorporación de las Cáritas de Getafe y de Alcalá de Henares, tras la segregación de sus respectivas Diócesis de la Archidiócesis de Madrid.

Las Cáritas de Terrassa y de Sant Feliú tienen un origen similar, con la división aprobada por Juan Pablo II en 2004 de la Archidiócesis de Barcelona en tres nuevos territorios diocesanos y la creación de las sedes terrassense y llobregatense.

La Cáritas Diocesana de Terrassa está dirigida por Salvador Obiols y por Francesc Catarineu como delegado episcopal. Al frente de la Cáritas de Sant Feliú están el ya citado Joan Torrents como director y Joaquim Rius como delegado episcopal. Manuel Bretón y Francisco Bravo, por su parte, desempeñan los cargos de director y delegado episcopal, respectivamente, de la Cáritas Castrense, organismo responsable de la coordinación del servicio de la caridad en el ámbito pastoral de la Fuerzas Armadas desarrollado por el Arzobispado Castrense.

Además de la incorporación de estas nuevas Cáritas, la sesión vespertina de la primera jornada de la 70ª Asamblea General –cuyos trabajos culminarán mañana domingo—incluyó otro de los puntos fuertes de la agenda de esta cita confederal anual: la presentación del Informe anual del secretario general.

Antes de esta sesión informativa, monseñor Alfonso Milián, obispo de Barbastro-Monzón y responsable de Cáritas en la Comisión Episcopal de Pastoral Social (CEPS), dirigió un saludo inaugural a la Asamblea. Junto a él, presidían la apertura del encuentro Vicente Altaba y Jorge Rosell, delegado episcopal y vicepresidente de Cáritas Española; así como el secretario general de Cáritas Europa, Jorge Nuño, y el subsecretario del Pontifico Consejo “Cor Unum”, Segundo Tejado. Cabe destacar también la presencia en la sesión de Fernando Fuentes, director del Secretariado de la CEPS.

Informe del secretario general

Sebastian Mora quiso dar cuenta del trabajo desarrollado en el último año desde los Servicios Generales de Cáritas a modo de evaluación de ciclo de actividad cuatrienal. Para ello desarrolló un triple enfoque analítico, según él mismo explicó, como “provocación, evocación e invitación” de lo que está significando la misión de Cáritas en un momento indudablemente crítico de la realidad social y los retos a los que la Confederación tiene que dar respuesta en el corto plazo.

Provocación

En cuanto a la acción de Cáritas como “provocación”, el secretario general, tras hacer una breve radiografía de cuál está siendo la extensión e intensidad de la precariedad como consecuencia de la crisis, apeló a la capacidad para “alentarnos el espíritu” ofrecido por “el compromiso de las personas que se implican en Cáritas y en otros espacios civiles y eclesiales”.

Junto a esta fortaleza en la acción provocadora de Cáritas, señaló también el incremento sostenido en los últimos años de financiación privada, la fuerza de la generosidad de “familias desfondadas compartiendo incluso `lo necesario´, el aumento de la denominada solidaridad informal, la potenciación del voluntariado”.

Al mismo tiempo, Sebastián Mora identificó las amenazas a las que nos enfrentamos a la hora de responder de forma adecuada a los retos de la pobreza y la exclusión social, como son la pérdida de sentido y misión en muchas organizaciones, la propagación de unos métodos de captación de recursos (“fundraising”) agresivos y voraces basado en el más es mejor, la privatización de lo social en manos de entidades con ánimo de lucro, la instrumentalización radical de las migraciones, la pérdida de presencia de la solidaridad con los países del Sur una erosión continuada de las políticas sociales. Alertó, en este sentido, sobre los efectos demoledores de “unas leyes que no miden las consecuencias de su promulgación”.

Evocación

Bajo la mirada de la “evocación”, el secretario general puso el énfasis en el aumento de la presencia de Cáritas con los últimos y no atendidos (el número de personas atendidas en los servicios de Acogida y Asistencia se ha triplicado con la crisis) y con las personas acompañadas a través de los centros y servicios de empleo. Citó, también, el compromiso de la Confederación con los países del Sur a través del apoyo a las emergencias calladas y olvidadas (Sahel, Malí, Siria Filipinas, R.D. Congo, Sudán o Darfur) o el proceso de ámbito pan-amazónico de acompañamiento a poblaciones indígenas.

En su informe, subrayó, además, la capacidad evocadora de acciones significativas como la labor de sensibilización llevada a cabo a través de los 20 años de campaña de personas sin hogar, el trabajo de reflexión confederal iniciado sobre el problema de prostitución y trata de personas, el análisis y propuestas de acción con trabajadores temporeros, o la apuesta por una respuesta comunitaria a la exclusión que supone la publicación del documento marco de Cáritas sobre acción en los territorios.

Servicio fraterno y profesional de los Servicios Generales

Asimismo, Sebastián Mora se detuvo especialmente en explicar trabajo de “servicio fraterno, cercano y profesional” de los Servicios Generales de Cáritas al conjunto de la Confederación tanto en el territorio nacional como en terceros países a través de unos procesos de acompañamiento cada vez más “consolidados, sistemáticos y en mejora continua”. Una realidad visible, en especial, en ámbitos como los de implantación social, gestión del IRPF, calidad y auditoria orientadas a reforzar el compromiso de Cáritas compromiso con la transparencia, la investigación social, la sensibilización e incidencia, y la comunicación institucional.

Personas sólidas para tiempos líquidos

El secretario general defendió el importante esfuerzo que se viene realizando en los últimos años en la formación de todos los agentes de Cáritas, con el objetivo, como él mismo dijo, de contar con “personas sólidas para tiempos líquidos” que contribuyan a “construir una presencia pública cualificada desde el evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia”, siendo verdaderos “impulsores de dinamismo eclesial” y del trabajo en red, tanto con las otras organizaciones de Iglesia que trabajan en cooperación como con la propia Confederación Cáritas Internationalis.

Invitación

Sebastián Mora concluyó su informe con una invitación –su tercera mirada— a asumir una doble misión de riesgo y creatividad, de comunión y confederalidad que nos permitan liderara una “eclesialidad de contraste”.

“Necesitamos –afirmó– conciencia para hacernos cargo de la extensión y profundidad de realidad en la que está inmersa nuestra acción, y compromiso para encargarnos de la transformación de esa realidad a través de la ternura del Rostro y la cordialidad de la justicia. Necesitamos vivir una espiritualidad encarnada para cargar con el sufrimiento de la realidad. Y necesitamos reconocer la ´voz de un silencio´ tenue (1 Re, 19,12) que nos permita ´entrar más adentro en la espesura´ (San Juan de la Cruz) de la pobreza y la exclusión con los ojos misericordiosos de Dios”.

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