Alimentarse de la Palabra de Dios, también en verano

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris    La vida la hemos recibido como una posibilidad y un quehacer y más si queremos vivir a la luz de la Buena Noticia de Jesús: «Os anunciamos lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, lo que hemos tocado con nuestras manos. Os hablamos del que es la Palabra de vida, ya que la vida se ha manifestado: nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos esa vida eterna, que estaba con el Padre y se nos ha manifestado. A vosotros, pues, os anunciamos lo que hemos visto y oído…» (1Jn 1, 1-3).

¿Cómo podremos ser «testigos del infinito» (Rovira Belloso) sin el alimento permanente de la Palabra de vida? ¿En qué otra fuente puede beber aquél que ha de ser testigo por vocación? Como dice el apóstol Pedro: «¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6,68).

La confrontación con el querer de Dios no es una tarea que se pueda aplazar indefinidamente. Pensar periódicamente de manera sistemática es un deber ineludible. Una buena manera de intentar dar respuesta coherente sería llenar de contenido también los tiempos libres, vacaciones incluidas.

Se ha recorrido un gran camino desde que el Concilio Vaticano II afirmó que «la Iglesia siempre ha venerado las divinas Escrituras tal como el mismo Cuerpo del Señor» (Dei Verbum 21), pero todos tenemos una cierta insatisfacción porque, junto a aspectos muy positivos (presencia de la Biblia en muchas casas, mayor conocimiento y difusión de la práctica de la «lectio divina» o del estudio del evangelio), hay una ignorancia preocupante de la Sagrada Escritura, no sólo a nivel de cultura religiosa sino también en la vida de bastantes creyentes y miembros de nuestras comunidades.

Además, y con sinceridad, deberíamos señalar la dificultad que experimentamos a la hora de poner en relación la Palabra y la celebración de la Fe con una vida cristiana coherente y testimonial.

Ciertamente, hemos recorrido un largo camino familiarizándonos con la Biblia a nivel personal y comunitario, pero no podemos olvidar lo que aún queda por hacer para pasar del estudio a la escucha y a la oración, superando la tentación de quedarnos sólo en un acercamiento intelectual o racionalista que incide muy poco en nuestras opciones de vida.

Lo que tenemos que hacer es centrarnos más y más en Aquél que nos habla en la Sagrada Escritura. Se trata de abrirnos al Dios vivo que continúa dirigiéndonos hoy su Palabra, «y así como la vida de la Iglesia crece por la frecuencia asidua del misterio eucarístico, así mismo es lícito esperar nuevo impulso de vida espiritual de la veneración creciente de la Palabra de Dios, la cual queda eternamente» (Dei Verbum 26). Debemos establecer con Él una relación personal.

Sin esta relación (que también transmite la Gracia, como los Sacramentos), la Biblia quedará reducida a palabra «sobre» Dios y no llegará a ser palabra «de» Dios.

FELIZ VERANO A TODOS.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+Joan Pirirs Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.