Oremos por nuestro papa Francisco

Mons. Manuel Sánchez MongeMons. Manuel Sánchez Monge     La Iglesia es como una barca de vela, decía hace poco el papa Francisco. El viento del Espíritu Santo es el que la hace avanzar. Sin su fuerza, sin su gracia, no iría adelante. Pentecostés se prolonga a lo largo de la historia. El Espíritu Santo, don por excelencia de Cristo resucitado, está siempre con ella. Es el Paráclito, el «Consolador», el que da valor y audacia para recorrer los caminos del mundo llevando el Evangelio. El Espíritu Santo nos muestra el horizonte y nos impulsa a las periferias existenciales para anunciar la vida de Jesucristo. Por otra parte el Espíritu Santo nos introduce en el misterio del Dios vivo, y nos salvaguarda del peligro de una Iglesia gnóstica y de una Iglesia autorreferencial, cerrada en sí misma. Nos impulsa a abrir las puertas para salir, para anunciar y dar testimonio de la bondad del Evangelio, para comunicar el gozo de la fe, del encuentro con Cristo. El Espíritu Santo es el alma de la misión.

Jesús no se baja de la barca de la Iglesia; es Él quien lleva el timonel, pero tiene a alguien que hace sus veces. Es el papa, el sucesor de Pedro. En este momento es el papa Francisco a quien el Señor ha puesto al frente de su familia, la Iglesia (cf. Mt 16,18). Le ha puesto al frente de su rebaño (Cf Jn 21,15) para confirmar en la fe y en el amor a sus hermanos (cf Lc 22,32). Para presidirnos en la caridad. Unidos al papa por la comunión cordial y la obediencia, podemos caminar con seguridad. Pidamos a Dios por el papa, sucesor de Pedro, obispo de Roma y pastor de la Iglesia universal. Para que lo sostenga, lo fortalezca y lo consuele diariamente. Para que le ayude a llevar su cruz y que su solicitud por la grey encuentre en nosotros la obediencia debida. Apoyándose en el Señor, su flaqueza se hace fuerte (cf. 2 Cor. 12, 9) y podrá superar las pruebas y las fatigas que le van a sobrevenir. Porque, como es fácilmente previsible, no le faltarán. La fe en Dios es su victoria (cf. Jn. 16, 33; 1 Jn. 5, 4). Y nosotros estamos a su lado con nuestra oración, nuestro afecto y gratitud. ¿No será por esto por lo que el nuevo papa pide tan frecuentemente que oremos por él?

Agradezcamos a Dios el regalo precioso de su ministerio para la Iglesia y la humanidad. Cada papa, al ejercer el ministerio de sucesor de Pedro, pone en juego los talentos personales que ha recibido de Dios. El papa Francisco es el papa de los gestos. Quiere ser un papa renovador de la Iglesia, siguiendo a Jesús pobre y humilde, para que sea fiel transmisora de la fe, que es el desafío más grave que tiene actualmente la Iglesia.

Al celebrar este año 2013 la fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo oremos por el papa Francisco, prestemos atención a sus gestos y escuchemos sus palabras. Contribuyamos también con generosidad como fieles católicos en la colecta del llamado “Óbolo de San Pedro” a fin de que el papa pueda ayudar a los más necesitados de la humanidad. Y que con nuestras limosnas. No olvidemos tampoco al papa emérito Benedicto que, en el silencio, ora y trabaja por toda la Iglesia y nos ha legado un tesoro en su precioso magisterio.

+ Manuel Sánchez Monge

Obispo de Monsdoñedo-Ferrol

Mons. Manuel Sánchez Monge
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Mons. Manuel Sánchez Monge nació en Fuentes de Nava, provincia de Palencia, el 18 de abril de 1947. Ingresó en el Seminario Menor y realizó luego los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor Diocesano. Cursó Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde obtuvo en 1974 la Licenciatura, con una tesina sobre la infalibilidad del Papa y ,en 1998, el Doctorado con una tesis sobre "La familia, Iglesia doméstica". Fue ordenado sacerdote en Palencia el 9 de agosto de 1970. Fue Profesor de Teología en el Instituto Teológico del Seminario de Palencia (1975), Vicario General de Palencia (1999) y Canónigo de la Catedral (2003). Fue ordenado obispo de Mondoñedo-Ferrol el 23 de julio de 2005. En la Conferencia Episcopal Miembro de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada desde 2005 Desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar