«Todo el pueblo pudo aportar su ‘granito de arena’ para terminar la catedral», recuerda monseñor Antonio Astillero sobre Santa María la Real de la Almudena

ANTONIO-ASTILLEROEl pasado sábado, 15 de junio, se cumplían 20 años de la Dedicación-Bendición de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena por el hoy Beato Juan Pablo II.

De lo sucedido hace 20 años hablamos con monseñor Antonio Astillero. Quien fuera Deán de la Catedral y responsable de las obras de terminación de la misma, organizó y vivió en primera persona esta Dedicación-Bendición de la Catedral de Madrid.

P.- El pasado sábado, 15 de junio, se cumplían 20 años de la dedicación de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena por el hoy Beato Juan Pablo II. ¿Qué recuerdos tiene de aquel día? ¿Cómo vivió aquella jornada tan excepcional? ¿Qué anécdotas destacaría?

R.- Recuerdo, y muy emotivamente, porque es inolvidable, cuando el Santo Padre, viniendo del Palacio Real, atravesó la Plaza de la Almudena, acompañado del Sr. Cardenal, D. Ángel Suquía y entró en nuestra catedral en ambiente de grandes aplausos y emoción de los cientos de madrileños que allí estaban desde hacía bastantes horas. Allí le esperaban la mayoría de los Obispos, Arzobispos y Cardenales españoles, y entre ellos el también recordado Cardenal Vicente E. Tarancón.

Fue verdaderamente impresionante aquel modo de ungir el altar, aquella homilía en la que, con toda su fuerza, nos pidió a todos que “sacáramos la Iglesia a la calle”, algo que de forma especial venimos cumpliendo.

Y qué emoción tan grande sentimos todos los presentes y, puedo decir que yo lo viví de forma muy especial, cuando el Santo Padre, terminada la Celebración de la Eucaristía, se dirigió hasta le altar de nuestra querida Patrona y arrodillado centró su mirada en Santa Maria la Real de la Almudena, que, después de tantos años, al fin ya podía ser venerada en su propio templo.

Con gran emoción también quiero señalar que nuestro recordado D. Ángel Suquía hizo posible la terminación de las obras del templo y así, que Madrid tuviera su Catedral, y que ha sido nuestro querido D. Antonio María Rouco el que ha hecho que la devoción a nuestra querida Patrona llegue a todos los rincones de la Iglesia diocesana: con cuánta emoción se canta en todas las parroquias, colegios, etc. etc. el Himno de nuestra Patrona, con cuanta emoción y devoción han recibido a lo largo de este pasado mes de Mayo la visita de su imagen tantas parroquias de Madrid…

P.- La ceremonia de dedicación, muy solemne, fue presidida por el Santo Padre, acompañado por el Cardenal Ángel Suquía, y con la asistencia de Sus Majestades los Reyes, y otras personalidades. Y Usted estuvo muy cerca del Papa en todo momento… ¿Qué supuso para Usted que un Papa dedicara esta Catedral, a la que tan ligado ha estado desde los años 80? ¿Y para la diócesis de Madrid?

R.- Me supuso una gran emoción interior el vivir ese momento tan esperado desde 1986 en que se reanudaron las obras, y que tanta dedicación y esfuerzo había supuesto para todos a los que el Cardenal Suquía nos encomendó la tarea de terminar las obras. Allí estaban SS.MM. los Reyes, que tanto habían apoyado las obras, todas las autoridades de la Nación, los miembros del Patronato para la terminación de las obras, y estaba también el pueblo de Madrid, que tanto y tanto había contribuido a que llegara ese momento. Cómo no recordar con cariño aquella suscripción en el periódico ABC en la que todo el pueblo pudo aportar su “granito de arena” para terminar la catedral, y tantos y tantos donativos, unos grandes, pero también muchos pequeños, pero todos cargados de cariño y de deseo de tener una catedral en Madrid.

Y algo que me parece puede ser oportuno para gozo de nuestros hermanos católicos madrileños, y es que jamás lo puedo olvidar: cuando a finales del año 1991, en visita “ad limina” del Cardenal Suquía al Santo Padre, éste le dijo: ”Señor Cardenal, he oído algo con referencia a la posible terminación de las obras que se han emprendido para terminar el templo-catedral de Madrid”. El Sr. Cardenal, emocionado, respondió: “Santo Padre, no podía pensar que Su Santidad estuviera tan bien informado”. “Sí, Señor Cardenal, y me atrevo a decirle que si el Señor me da vida para entonces, podría comprometerme a Dedicar-Bendecir el templo, y sería así el primero que lo fuera por un Papa fuera de Roma”. Ya se puede comprender la emoción de todos los acompañantes del Sr. Cardenal.

P.- La historia de la construcción de la Catedral de la Almudena se dilató mucho en el tiempo. Y fue el Cardenal Ángel Suquía quien dio el impulso final a las obras, creando una Comisión, y encargándole a Usted esa tarea. ¿Qué supuso para Usted esta responsabilidad? ¿Qué destacaría de aquella época?

R.- También supuso una especial responsabilidad con visión de futuro, ya que aparte de la responsabilidad como Delegado del Sr. Cardenal en las obras, también fui el encargado, junto con mis entrañables y eficaces colaboradores, de organizar la Visita del Santo Padre a Madrid, y pensé que no sería el único gran acto público que tuviéramos que organizar, como así fue.

Para la diócesis de Madrid supuso una enorme alegría ya que, después de 108 años de la erección como diócesis, podía tener un gran templo-catedral que acogiera a todos los diocesanos, y al que pudieran acudir todos los madrileños a honrar y rezar a su Patrona.

P.- La Catedral fue dedicada un 15 de junio de 1993, aunque aún no estaba acabada en su totalidad. De hecho, hace poco han sido colocados dos arcángeles en la fachada principal de la misma. ¿Qué queda por hacer en la Catedral de la Almudena?

R.- Como se suele decir “una catedral no se termina nunca”, por consiguiente hay que seguir hasta que el Señor quiera. Puedo decir que la fachada principal ya está terminada con los cuatro arcángeles que se han colocado y que para mediados de octubre se habrá terminado de ornamentar también la fachada de Bailén, por la que entramos y salimos normalmente. Concretamente, sobre la puerta central se colocará el anagrama de la Virgen, con dos ángeles a cada lado; sobre la puerta de la derecha de la entrada, el escudo del Beato Juan Pablo II, con dos hermosos ángeles a cada lado; y lo mismo en la puerta de la izquierda, con el escudo de Benedicto XVI, en recuerdo de las visitas que ambos Pontífice han realizado a la Catedral

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