No hay nada humilde que sea inútil

Mons. Amadeo RodríguezMons. Amadeo Rodríguez    Queridos diocesanos:

En el último número de Iglesia en Plasencia de este año pastoral, me apetece compartir con vosotros mi reflexión en la Celebración de la Palabra con la que comenzamos el último acontecimiento diocesano, la Asamblea Diocesana de Cáritas. Es verdad que preparé también unas palabras para el inicio de los trabajos, sin embargo, he preferido ofreceros lo que rezamos juntos, por si os ayuda a compartir la experiencia de servicio en la caridad a la que se nos invita en estos dos bellos textos, que animo a leer antes de entrar en el comentario que compartí con los presentes: Mc 4,30-32; 1 Cor 13,1-13.  

1. Si Jesús utiliza el grano de mostaza para esta parábola del reino de Dios es porque es muy pequeño, porque es muy humilde y porque no presume ni se engríe de nada. No obstante, el ser pequeño no significa ser menos digno, al contrario en lo pequeño se pone de relieve la verdad de la grandeza, que sólo está en la sencillez y la humildad. Por ser pequeño, el grano de mostaza, además de ser fiel a su origen, también lo es a su destino, que siempre es el servicio,  porque no hay nada humilde que sea inútil.

2. Lo que si es cierto es que el pequeño grano de mostaza no puede ser autosuficiente. Aunque tenga muchas posibilidades y se prevea que tiene mucho futuro, siempre necesita de la tierra, necesita entrar hasta el fondo en la tierra, necesita meterse, como diríamos en Extremadura, en “el terruño”, en las rendijas ocultas del mundo para poner en ellas trabajo y servicio. La tierra hace fecundo al grano de mostaza y el grano de mostaza hace fecunda a la tierra.

3. A pesar de que toda inmersión es dura y supone un riesgo, el grano de mostaza entra en la tierra con esperanza: sabe que ahí, en la humilde fecundidad de la tierra, puede suceder algo grande, puede manifestarse algo maravilloso. En su aventura, además, el grano de mostaza se encuentra a un socio perfecto: junto a él está el grano de trigo. Con el grano de trigo adquiere la condición de espiga. Con el grano de trigo, el humilde y sencillo grano de mostaza conoce la fraternidad, descubre la fuerza del amor, abre sus ojos a la unidad. Y sólo junto al grano de trigo intuye su destino: por él descubre que será grande, que será una experiencia compartida, que será un árbol frondoso y que su futuro es imparable.

4. Entonces, cuando el grano de mostaza presiente su grandeza, renace su humildad y reconoce que todo lo que le está sucediendo en el corazón de la tierra le viene por una mano que le mima, le enriquece, le fortalece y que pone en sus entrañas el más maravilloso de los abonos, el de la caridad, ese que se cultiva en el amor mismo de Dios. Y el grano de mostaza, el más pequeño de todos los granos, el que parecía inútil, se convierte en un Reino, en el que se vive en el amor que no pasa nunca. Es más, el amor ha acompañado al grano de mostaza desde su pequeñez hasta que se ha hecho grande. Pero es entonces, cuando el grano hecho Reino muestra sus cualidades, sus capacidades y posibilidades, cuando reconoce que sólo en el amor está su valor. Si no tiene amor no es nada.

5. Es así, trabajado por las manos amorosas de Dios, como el grano se hace árbol y es  plantado allí donde viven los hombres y mujeres de la tierra para cumplir con el destino que le ha sido encomendado: el de proteger bajo sus ramas a todos los que necesitan el alivio de la sombra divina, con la que Dios protege a todos, aunque sólo comprendan esta protección los que confían en su reino, los pobres de espíritu.

6. Ese grano pequeño que se hace reino trabaja cada día la vida de la Iglesia. Por eso, la Iglesia tiene que ser, como semilla que es del reino, grano oculto en la tierra del mundo, para ser, unida a Cristo grano de trigo eucarístico, el humilde grano de mostaza, que ha crecido, y se ha hecho árbol para ofrecer el cobijo del amor a los hombres.

7. Tú y yo, y todos los que vivimos por la fe en Cristo Jesús, somos ramas del árbol que nunca ha de olvidar que antes fue grano de mostaza, ramas que sostienen, cobijan, amparan y alivian la vida de sus hermanos, y en especial la de los que son como las aves del campo, a las que Jesús comparó con las más pobres y necesitadas entre las criaturas. A esas aves Jesús les prometió, en la vida del Reino, el cuidado permanente de Dios a través del cuidado de los hombres. Tú y yo, para ser algo en favor de los demás, tenemos que vivir en la Iglesia del Señor como granos humildes, que viven junto al grano de trigo, pues sólo en él seremos servidores en el reino.

8. Y entre nosotros, hijos de la Iglesia, hay siempre una rama supereminente, que hizo junto al grano de trigo el mismo camino que el grano de mostaza. Por eso ahora es la Madre del Reino. Piensa en María y encontrarás el retrato perfecto de lo que ha de ser la Iglesia, de lo que ha de ser cáritas, de lo que han de ser los voluntarios de cáritas, de lo que ha de ser un cristiano. Nadie como María ha hecho el camino del grano de mostaza, que es el camino del ejercicio de la caridad en la Iglesia.

+ Amadeo Rodríguez Magro,

Obispo de Plasencia

Mons. Amadeo Rodríguez
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Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador. Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983). Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003. Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española. El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003. En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011. El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.