Tu fe te ha salvado

eusebiohernandezobtarazonaMons. Eusebio Hernández    Queridos hermanos y amigos:

En este domingo en el que pasamos, tras la Pascua y las solemnidades que le han sucedido, a los domingos del tiempo ordinario. Una palabra puede muy bien resumir el sentido de las lecturas que hemos escuchado, esta palabra es lamisericordia.

Ya en la primera lectura (2 Samuel 12, 7-10.13) aparece la misericordia y el perdón de Dios hacia el rey David, después de haber cometido un grave pecado. Tras la exhortación del profeta Natán, David reconoce su pecado: » ¡He pecado contra el Señor!». Y, recibe la misericordia de Dios, con las palabras de Natán: » El Señor ha perdonado ya tu pecado, no morirás».

El Evangelio (Lucas 7, 36-50) es un nuevo canto al perdón y a la misericordia que Jesús expresa con la parábola de los deudores y con el gesto de la mujer que llena de agradecimiento a Cristo se coloca a sus pies y los cubre con besos y los unge con perfume.

Nosotros queremos hoy entrar en esa misma misericordia de Dios. Él nos ama y nos acepta como somos y siempre quiere perdonarnos de cualquier pecado. Por eso somos siempre dichosos de poder experimentar la misericordia transformante del Señor.

Para experimentar la misericordia divina sólo hace falta abrir nuestros corazones y, como David, reconocer nuestro pecado. Ésta es la gran alegría de los cristianos, sentirnos dichosos, como David o la mujer del Evangelio, por poder experimentar cada día en nuestras vidas la misericordia del Señor.

Debemos dejarnos asombrar y admirarnos por el beneficio de la misericordia de Dios, la ternura y el cariño, la paciencia y la comprensión, por el amor y el perdón. Es el mismo asombro de David y de la mujer que se pone a los pies de Jesús. Una realidad que cada día podemos experimentar y que Dios no se cansa nunca de darnos.

Experimentar esta misericordia es lo que a su vez nos ayuda a tener la mismas actitudes de misericordia y amor con aquellos que nos rodean. Si Dios nos ama, nosotros también estamos llamados a entender, amar, perdonar. Lo que debemos hacer una realidad en nuestros hogares, en nuestro trabajo y allí donde se desarrolla nuestra vida. Pero, a la vez, este amor nos impulsa a proclamar y anunciar a todos este mismos amor y misericordia, no dudéis que todo hombre y mujer lo necesita.

Para poder vivir en la misericordia de Dios, los cristianos tenemos el sacramento de la Penitencia. Por ello es importante acercarnos a él con confianza y de forma asidua. Los sacerdotes deben ser conscientes de esta misión importante que se le has confiado y facilitar el encuentro a todas las personas con el amor de Dios que transforma la vida e impulsa a vivir con mayor fuerza nuestra fe.

El papa Francisco, en su breve pontificado, ha hablado muchas veces de la necesidad que tenemos los cristianos de celebrar este encuentro con el Señor a través del sacramento del perdón y de la reconciliación. Él mismo expresaba la necesidad que sentía siendo Papa de poder administrar este sacramento, como hacía tantas veces siendo arzobispo de Buenos Aires.

En una de sus breves homilías en la celebración de la Misa diaria decía: «La confesión es, más bien, un encuentro con Jesús donde se toca de cerca su ternura. Pero hay que acercarse al sacramento sin trucos o verdades a medias, con mansedumbre y con alegría, confiados y armados con aquella «bendita vergüenza», la «virtud del humilde» que nos hace reconocer como pecadores».

Queridos hermanos, que sepamos acercarnos cada día a la misericordia de Dios, vivir en ella y pedirla cada vez que la necesitemos.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR
Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
Acerca de Mons. Eusebio Hernández Sola 251 Articles
Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.