Pan partido para la vida del mundo

Mons. Braulio Rodríguez PlazaMons. Braulio Rodríguez    La Eucaristía es tan grande que no basta para conmemorarla la tarde/noche del Jueves Santo en la Misa en la Cena del Señor, y la adoración en el Monumento hasta la media noche y aun el Viernes Santo al llegar la celebración de la muerte de Cristo. Que Jesús se quede con nosotros, cuando celebramos la entrega de su Cuerpo y Sangre hasta que Él vuelva, es algo inaudito.  

No extraña, pues, que este misterio adorable sea celebrado más festivamente que el Jueves Santo en la fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo. «Es el día del Señor», se dice todavía en el pueblo cristiano, mostrando la fuerza del Santísimo Sacramento que perdura en la cultura de la Iglesia desde el siglo XII.Siempre me pregunto qué consecuencias trae para mí vida la presencia llamada «real» de Cristo en la Eucaristía y por qué el entusiasmo de nuestras gentes que preparan altares y adornan calles, balcones y ventanas con tanta profusión. Uno se ha acostumbrado a estudiar la vida de Jesús, el ambiente que rodeó su existencia, a investigar cómo han llegado hasta nosotros las palabras y los hechos de Cristo que llamamos Evangelios. También qué tipo de textos son los escritos evangélicos.  

Sin duda es algo importante. Es incluso apasionante. Pero nada es comparable con el conocimiento de fe en Jesucristo sencillamente porque, como dice el Papa Francisco «la Iglesia es quien me trae a Cristo y me lleva a Cristo» (Homilía del día de Pentecostés 2013). ¡Ah, esto es otra cosa! Es un encuentro con Él, con su Persona viva, palpitante. No son ya temas que estudio, formas de entender la realidad, maneras de acercarse a una figura histórica, pero del pasado. La presencia real de Cristo en la celebración de la Eucaristía es actual. 

Yo tendré que hacer un acto de fe, pero sé que Él está ahí, siempre dispuesto para mí, capaz de encandilar mi corazón vacilante y de mostrarme su rostro y de llevarme a vivir como Él, en el amor a Dios y a los que me rodean, me sean o no simpático, amigos o enemigos. 

Ese es el otro aspecto de la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo: el amor fraterno, la vivencia del mandamiento nuevo del Señor. Basta leer el capítulo 11 de la primera carta a los Corintios o el capítulo 13 de la misma carta para caer en la cuenta lo que supone celebrar la Cena del Señor. Si yo experimento que Cristo «me amó y se entregó por mí», ¿cómo no entender que lo hizo por el que está a mi lado o camina por las mismas calles o habita en mi entorno? Los Santos Padres mucho insisten en tener bien los templos para la celebración eucarística, pero igualmente por vestir a Cristo en el desnudo, visitarle encarcelado, hambriento en los que pasan todo tipo de hambres, parado en los que no tienen trabajo, que sufre en los desgraciados. 

Mucho hay que celebrar en la fiesta del Corpus Christi; mucho que meditar y adorar, pero ¿os acordaréis también de los pobres en la colecta que la Iglesia diocesana hace ese día del que celebramos “Pan partido para la vida del mundo”?.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.