Ayudemos al sostenimiento de la Iglesia a través de la declaración de la renta

Mons. Manuel UreñaMons. Manuel Ureña    La Iglesia es, ciertamente, una comunidad espiritual, una comunidad de fe, de esperanza y de caridad. Pero es, al mismo tiempo, una comunidad visible, a saber, está constituida y ordenada en este mundo como una sociedad.

Ahora bien, estos dos elementos, el invisible y el visible, no han de ser considerados como dos cosas yuxtapuestas, pues uno y otro forman como una realidad compleja, si bien constituida por un elemento humano y otro divino. De este modo, la Iglesia guarda una profunda analogía con el Verbo encarnado. Dicho con palabras del Concilio, “como la naturaleza humana sirve al Verbo divino como órgano de salvación a él indisolublemente unido, no de modo desemejante la unión social de la Iglesia sirve al Espíritu de Cristo, quien la vivifica para el incremento del cuerpo (cf Ef 4, 16)” (LG 8).

La vocación de la Iglesia, una vocación que ella recibió de su fundador, Jesucristo, el mismo Hijo de Dios hecho carne, es ser sacramento universal de salvación. Ella, la Iglesia, no es la redención ni la salvación de los hombres. Pero sí es el órgano, el instrumento, el medio a través del cual Cristo, luz de los pueblos y esperanza de las naciones, toca a la humanidad y llega hasta los confines del mundo.

La mediación a través de la cual la Iglesia realiza su vocación de ser sacramento universal de salvación es la evangelización, la difusión del Evangelio por todo el mundo.

La evangelización presenta tres dimensiones. La primera es el anuncio del Evangelio, esto es, la predicación de la verdad de Cristo a todos los pueblos para que todos lleguen a la fe y, convirtiéndose al único Salvador y Redentor, que es Cristo, obtengan la salvación. El segundo momento de la evangelización es la celebración de los sacramentos, esto es, la emergencia entre los hombres de la vida misma de Cristo, pues éste no sólo es la verdad, sino también la vida del hombre. Y, finalmente, la evangelización es la transmisión del amor de Dios a todos los hombres. Porque si creemos en Dios y hacemos presente su vida, pero esa verdad y esa vida no transforman nuestros corazones, sino que dejan éstos como antes se encontraban, entonces el amor no fluye en nosotros ni en los demás y para nada han servido nuestra predicación y nuestra celebración. Como nos decía hace apenas un mes D. Antonio Algora, obispo responsable desde 1993 del Secretariado para el sostenimiento de la Iglesia, “los fines que han identificado a la Iglesia durante veinte siglos han sido la formación, la celebración y la atención personal”.

Pues bien, el cumplimiento de estos tres fines justifica que la Iglesia disponga de medios económicos. ¡Son tantas y tan grandes las necesidades a las que la Iglesia ha de hacer frente! Circunscribiéndonos al caso español, la Iglesia anuncia el Evangelio, celebra los sacramentos de la vida y dedica también esfuerzos especiales a la ayuda y socorro de los necesitados, viendo en éstos a criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios, independientemente de las circunstancias de raza, de religión, de lengua y de cultura.

En la situación actual, los medios de financiación de la Iglesia son las ofrendas, los donativos y la cantidad de dinero que se obtiene de la Declaración de la Renta. Las dos primeras fuentes de sostenimiento cubren el 75 % de nuestras necesidades. Y la tercera fuente, esto es, lo que la Iglesia obtiene a partir de la Declaración de la Renta, cubre el 25% restante.

Por tanto, habida cuenta de la notable cuantía económica que supone la tercera fuente de ingresos, hay que prestar a ésta la atención debida, valorarla y trabajarla.

Huelga explicar su mecanismo, que es ya sobradamente conocido por todos. En efecto, ¿quién no sabe que en el impreso de la Declaración de la Renta existe una casilla en la que, si se pone la “X”, el 0´7 % de tus impuestos se destina a la Iglesia Católica? Y ¿quién no sabe que este gesto nada le cuesta al declarante y que el hacer este gesto no implica que Hacienda te cobre más ni que te devuelva menos? Finalmente, ¿quién no sabe que se pueden marcar dos casillas a la vez, la de la Iglesia católica y la de “fines sociales”, sin que esto vaya en detrimento de la Iglesia? Antes bien, sucede todo lo contrario. Con todo, es bueno recordar el referido mecanismo, como tan perfectamente hace la campaña X tantos mediante el recurso a las nuevas tecnologías de comunicación, a facebook y a twitter en concreto.

Animamos, pues, a todos los miembros de la Iglesia y a los que simpatizan con ella a poner la “X” en la casilla correspondiente. Los resultados de la última Declaración de la Renta, la correspondiente al IRPF 2011 (Campaña de la Renta 2012), son elocuentes y satisfactorios. En aquel ejercicio, un total de 7.357.037 declaraciones han sido a favor de la Iglesia Católica. Esperamos que en los próximos ejercicios se mantenga la tendencia al alza.

† Manuel Ureña,

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.