Ser acogedores

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas    Con frecuencia hablamos de acoger, de acogida. Manifestamos el deseo de una Iglesia acogedora, de unas parroquias acogedoras, de unas Caritas que han hecho de la acogida su sello más significativo; también nos referimos a comunidades acogedoras, a familias y personas acogedoras. Cuando se ha tenido la suerte de ser acogido se agradece este don, que ayuda verdaderamente a vivir y afrontar las dificultades inherentes a la condición humana y a las relaciones personales. 

Lo he podido apreciar a lo largo de mi vida, pero también he oído de labios de muchos sacerdotes que han iniciado su ministerio en una parroquia sin el calor de la acogida, ni que sea de forma puntual. 

Ya sabéis que de Girona se comenta “que tiene una difícil entrada pero una más difícil salida”. Con el paso del tiempo el recién llegado es aceptado y apreciado. Aunque, es cierto que no sucede desde un principio. 

Por haber tenido conocimiento de algunos hechos que muestran esta falta de acogida, me he decidido a escribir esta breva reflexión al comenzar el mes de junio, un mes que acumula mucho estrés a los estudiantes debido a los exámenes y que, al mismo tiempo, se vive con una cierta esperanza por el deseo de unos días de descanso por parte de aquellos que pueden disfrutarlos. Lo hago a comienzos del verano porque todos conocemos a personas y familias que no podrán salir ni un día de su residencia habitual y descansar un poco por falta de recursos. ¿Sería posible ofrecerles algún piso o apartamento durante unas jornadas para que puedan gozar de la naturaleza? 

¿Qué exige la acogida? Para responder esta cuestión tomo como referencia la actitud acogedora de Jesús, el Señor. Por ello, como seguidor de Cristo, intento responder a la pregunta:

–         Acoger no es una actitud estratégica que se deba aparentar o ejercer en ciertos momentos con el fin de conseguir indirectamente aquello que nos proponemos.

–         Acoger nos pide contemplar o mirar a las personas tal como lo hacía Jesús. Su mirada descubre más las posibilidades que su pasado. Valora las virtudes y estimula la superación de los defectos.

–         Acoger es  dar confianza. Puede suceder que la confianza depositada en alguien se torne desconfianza a causa de la debilidad humana. Pero la actitud fundamental es confiar.

–         Acoger es valorar. Es cierto que todos tenemos hechos y actitudes a criticar, pero también a valorar. Normalmente la crítica aparece en primer lugar, que lo haga la valoración es mucho más difícil. Solo hay que leer o escuchar las noticias. Muchos son citados por sus reales o supuestos delitos o incoherencias. Debemos valorar a cada persona por lo que es, un hijo o hija de Dios en la que descubrimos el rostro de un hermano, y, en muchos, el mismo rostro con el que Cristo se siente más identificado.

–         Acoger exige respetar. Es muy difícil respetar, requiere un entrenamiento tanto o más duro que el deportivo. Respetar al prójimo no significa renunciar a las propias convicciones, pero sí un esfuerzo para captar las razones de su talante.

–         Acoger nos pide también no juzgar. Ello no va en contra de que una sociedad precise de una justicia humana para una justa convivencia. El hecho de no juzgar, en cristiano, se fundamenta en la convicción que no disponemos de todos los datos para formular un juicio definitivo de una persona. Únicamente Dios conoce la verdad de cada vida. Por ello se nos pide tener entrañas misericordiosas.

–         Acoger, en definitiva, pide tener la mirada cristiana sobre el prójimo, que es la mirada de alguien reconciliado consigo mismo por el hecho de sentirse amado, acogido, valorado, perdonado por el Padre del Cielo. 

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 420 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.