“A ti te digo, levántate”

eusebiohernandezobtarazonaMons. Eusebio Hernández     Queridos hermanos y amigos: El Evangelio de este domingo (Lucas 7, 11-17) nos muestra la cercanía de Jesús hacia las personas que sufren. Se compadece de la viuda que ha perdido a su hijo, se acerca hasta su ataúd y muestra su misericordia resucitándolo.

En distintos textos del Evangelio vemos a Jesús que ante situaciones dolorosas de muchas personas se acerca hasta ellas para tenderles la mano que los levanta de su postración o los arranca de sufrimiento.

Jesucristo se acerca de cada hombre y muestra no sólo su poder como Dios que es, muestra sobre todo su compasión; palabra que quiere decir “padecer con”, es decir hace suyas sus debilidades y sufrimientos para transformarlas. No le asusta la miseria ni la debilidad del hombre sino que misericordioso, a todos quiere levantar.

También hoy vivimos situaciones dolorosas en nuestra sociedad. Realidades que provocan un gran dolor en muchas personas y en muchas familias. Jesús actúa ahora a través de nosotros, porque está vivo y presente en su Iglesia y, por ello, nosotros debemos ser la mano de Jesús que toca, como en el Evangelio de hoy, las realidades de dolor y muerte, para decir con Él: “a ti te digo, levántate”.

El anuncio del Evangelio de Jesús tiene la capacidad de renovar y hacer vivir a tantas personas que viven en situaciones de sufrimiento y dolor; por ello no debemos dudar en ningún momento de su capacidad de que regenere, de que resucite, a tantas personas que por problemas de todo tipo pasan por circunstancias adversas

Hoy pues, en el Evangelio se nos da una respuesta de vida para las crisis personales, para las situaciones de angustia, para las crisis moral y social en la que vivimos. No podemos dudar nunca de esta capacidad de dar vida que tiene Cristo y su Evangelio.

Como cristianos y miembros de la Iglesia no podemos dudar nunca de que Él ha puesto ahora en nuestras manos proseguir su obra que resucita y da la vida. Para ello nosotros debemos ser los primeros que cada día resucitemos con Él. Debemos proponernos encontrarnos cada día con Él para que nos dé vida.

Hay lugares privilegiados en los que nos alimentamos y llenamos de fuerza para poder proseguir su misión. En nuestras parroquias y comunidades debemos crear estos lugares de encuentro con Jesús. En primer lugar la lectura y meditación de la Palabra de Dios. Habría que preparar momentos oportunos para leer juntos la Escritura, meditándola e interiorizándola.

En segundo lugar, en la oración, personal y comunitaria. En la oración se puede abrir el corazón a Dios y decirle todo lo que hay en nuestro interior. La oración hace que la Palabra escuchada y meditada enraíce en nuestro corazón y produzca los frutos de vida para nosotros y para los demás.

En la celebración de los sacramentos encontramos también al mismo Jesús, en ellos está vivo y presente con todo su poder y su misericordia. Este encuentro con Jesús nos llevará a poder acercarnos a los demás haciéndole presente. Encontraremos así su rostro en los pobres y marginados, en los enfermos y encarcelados, en los que sufren por cualquier pena. Y en ellos veremos entonces que Él se hace presente.

Que transformados por Él sepamos siempre que nuestra misión no es otra que proseguir su obra de dar vida y resucitar.

Con todo afecto os saludo y bendigo. 

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
Acerca de Mons. Eusebio Hernández Sola 231 Articles
Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.