La primacía de las personas

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris    La conflictividad existente pone de manifiesto una relación casi siempre basada sobre los intereses, o sobre el poder y la fuerza, algo que genera ambientes y relaciones poco saludables.

Hace varios años, a la entrada de una gran capital europea pude leer un cartel muy significativo que decía: «Aglomeration urbaine». Lo encontré preocupante porque si la ciudad puede llegar a sentirse como un aglomerado de casas, si se puede llegar a «vivir» sin sentir la ciudad como un lugar de pertenencia (como «habitantes»), no es de extrañar la falta de respeto hacia las cosas que nos rodean y, lo que es más grave, hacia las personas.

Por eso, en una sociedad tan sensible a la ecología como quiere ser la nuestra, me parece fundamental potenciar una visión de la persona en profundidad, superando visiones pobres, reductivas o falsas que siempre generarán relaciones superficiales, cuando no, violentas.

Las relaciones con los demás: la familia, la sociedad civil, la ciudad y la convivencia, el mundo laboral… es el «primer ambiente» donde el ser humano desarrolla su vida. Por ello, la cuestión de fondo tiene relación necesariamente con nuestra concepción del ser humano (¿Cuál es la esencia de la persona? ¿Cuál es su destino?…).

A veces valoramos mucho el pasado y lo agradecemos por muchos motivos, pero también tenemos que poner cimientos sólidos para el futuro. No creo que sea bueno vivir centrados en la cultura de la fragmentación valorando sólo el presente sin más horizonte. Como decía hace unas semanas el Papa Francisco: «pensar en el cielo no es estar en las nubes». La pregunta fundamental sería: ¿nuestra generación quiere vivir abierta a realidades trascendentes o cerrada sobre las pequeñas conquistas temporales «poniendo a Dios entre paréntesis»?

He leído una reflexión que me ha hecho pensar: «la experiencia enseña que, cuando los seres humanos se unen, se trascienden a ellos mismos generando vida nueva (el hidrógeno y el oxígeno se unen y se ‘trascienden’ en el agua, el hombre y la mujer se ‘trascienden’ en el hijo…)».

Asimismo, los cristianos, contemplando el «Crucificado-Resucitado» que «se anonada» rebajándose por amor a nuestro nivel, intuimos que la «lógica de la donación» de uno mismo para promover la vida en otros es como una especie de ley inscrita en el universo: (las plantas «dan» su vida en favor de los animales que alimentan, el río «da» su agua al mar y éste vuelve sus aguas al cielo facilitando la lluvia que riega las plantas…).

La experiencia cristiana sostiene que hay que vivir las relaciones entre nosotros (y con nuestro entorno) aceptando las diferencias pero sintiéndonos llamados a la comunión. Es este convencimiento lo que nos puede llevar a una visión de la persona menos violenta, más reconciliada y fraterna o, cuando menos, más solidaria.

Esforcémonos abiertamente en promover una cultura y una organización social que haga nuestras ciudades más habitables, y que lo sean para todos y no sólo para unos pocos.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.