Creo en Jesucristo que subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre

Obispo Ibiza Vicente Juan SeguraMons. Vicente Juan Segura     1.      Prosiguiendo con las reflexiones sobre el Credo, dentro del año de la fe, para conocer mejor el contenido de la fe de modo que podamos vivirla con mayor conciencia y madurez en la vida cotidiana, y para re-evangelizarnos nosotros para estar en condiciones de evangelizar a los demás, dedicamos la reflexión de este mes a la referencia que la fórmula de profesión de fe, es decir, el Credo, dice que Jesucristo subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre. 

En este mes de mayo, concretamente el domingo 12 celebraremos la fiesta de la Ascensión, una fiesta que antiguamente se celebraba a los cuarenta días después de la Pascua y que después, en España por motivos extraeclesiales fue trasladada al domingo siguiente aunque en otros países continúa celebrándose el jueves anterior. 

El Evangelio de San Marcos nos indica que “El Señor Jesús, después de hablarles (a los apóstoles) fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios (16,19). También Lucas (24,50-53) y el libro de los Hechos de los Apóstoles (1,9-11) se refieren a este hecho, mientras que Mateo (28,20) proclama la cercanía de Jesús siempre con los suyos y Juan concluye su evangelio diciendo: “Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían” (21,25). 

Jesucristo sube al cielo, que no es un espacio concreto más allá de las estrellas, sino una realidad mucho más profunda que no es un lugar en el espacio, sino un estado, una condición particular de vida. Jesucristo, entrando en el cielo como hombre que es no está ya sujeto a los límites del espacio y del tiempo, sino que asume las condiciones propias de un cuerpo resucitado y glorificado. Con su ascensión Jesucristo concluye su misión en cuanto hombre en la tierra y así cesa su presencia física, visible. Inicia así un nuevo modo de presencia ante los suyos, presencia invisible pero real, como Él mismo había anunciado (Mt 28,28). Jesús está sentado a la derecha del Padre, y su humanidad es así partícipe de la gloria divina. 

Ahora bien, la Ascensión no es solo un triunfo de Jesús, sino también un misterio relacionado con nosotros. En efecto, en la Ascensión se nos revela cuál es nuestro destino, cuál es la meta hacia la que estamos llamados y hacia donde nos debemos dirigir: donde va Él debemos ir nosotros, ya que Él es la cabeza del Cuerpo místico y nosotros somos los miembros de ese cuerpo: donde está Él estamos destinados a ir también nosotros. 

Meditar en la Ascensión es una fuerte llamada a que miremos hacia lo alto, a no poner toda nuestra atención en la tierra como si este fuera el lugar de nuestra morada definitiva, a no buscar sólo las cosas de este mundo, que son pasajeras y efímeras y a poner también la atención en los bienes futuros que Jesús nos ha prometido y preparado. La Ascensión, misterio de la fe, nos tiene que estimular a no despreciar las cosas de este mundo, pero a tratarlas con la mirada puesta en el cielo, asumiendo así plenamente nuestras responsabilidades en todos los sectores de nuestra vida, pública y privada, civil y eclesial. Sabemos que nuestro destino de gloria depende de cómo hayamos vivido los días de nuestra existencia en la tierra, pues seremos juzgados y valorados en base a las obras de nuestra vida, que será el único equipaje que nos acompaña en nuestro viaje hacia la eternidad. 

Como cada mes os invito a leer, profundizar, meditar lo que el Catecismo de la Iglesia católica nos enseña sobre el punto de reflexión que tratamos. En esta ocasión so los números 659 a 667 para creer y anunciar que “Jesucristo, cabeza de la Iglesia, nos precede en el Reino glorioso del Padre para que nosotros, miembros de su cuerpo, vivamos en la esperanza de estar un día con Él eternamente” (Catecismo de la Iglesia católica, 666).

Reflexión y estudio de la doctrina católica, oración y, después, apostolado. Que prosigamos así nuestra actividad en este Año de la fe. 

Con mi bendición y afecto, 

+Vicente Juan Segura,

Obispo de Ibiza

Mons. Vicente Juan Segura
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Nació el 22 de mayo de 1955 en Tabernes de Valldigna (Valencia) Realizó los estudios eclesiásticos en el seminario de Valencia y en el Real Colegio Seminario de Corpus Christi. Fue ordenado sacerdote el 24 de octubre de 1981. Es doctor en Derecho canónico por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, en Roma (1988), y doctor en Derecho Civil por la Universidad de Valencia (1989). Realizó los estudios diplomáticos en la Pontificia Academia Eclesiástica de 1985 a 1988 e ingresó el 1 de Julio de 1988 en el Servicio Diplomático de la Santa Sede. Ha desempeñado, entre otros, los siguientes cargos: 1981-1985: Vicario Parroquial en San Antonio Abad, de Cullera, Archidiócesis de Valencia. 1988-1990: Secretario de la Nunciatura Apostólica de costa Rica; 1990-1991: Secretario de la Nunciatura Apostólica en Marruecos; 1991-1994: Secretario de la Nunciatura Apostólica en Mozambique; 1994: Consejero de Nunciatura; jefe de la sección de lengua española de la secretaria de Estado de Su Santidad. En los últimos años se ha desempeñado también como cooperador parroquial en la Parroquia de San Melchiade en Roma y Capellán de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. El 22 de enero, la Santa Sede hizo público que el Papa Juan Pablo II le había nombrado Obispo de Ibiza. Fue ordenado Obispo y tomo posesión de la Diócesis el 14 de mayo de 2005.