Éste es el sacramento de nuestra fe y caridad

Mons. Gregorio MartínezMons. Gregorio Martínez    Muy queridos hermanos en el Señor Jesucristo: 

Con intenso gozo celebramos el Domingo, 2 de Junio, una Fiesta muy apreciada por los católicos: la Solemnidad del Corpus Christi, por la cual refrendamos nuestra adhesión al Señor Jesús en el Sacramento de su Cuerpo y Sangre, la Santa Eucaristía, y a la cual se ha unido de modo muy consecuente el Día de la Caridad. Por la celebración eucarística y la procesión con Jesús Sacramentado, características de este Día, renovaremos nuestra piedad en este Sacramento. Ya que en él se hace presente Jesucristo para ser alimento de su vida divina para cuantos lo reciban y para compartir con todos sus creyentes el Amor de Dios que Él vivió entre nosotros. 

Convencidos confesamos: la Eucaristía es el “Sacramento de nuestra fe”, ya que es el signo visible que contiene el núcleo fundamental de lo que creemos. Es decir, en la Eucaristía se visibiliza y se nos acerca el mismo Jesucristo, el cual es el centro de la fe cristiana. Por ello participando en este banquete sagrado se acrecienta nuestra vida cristiana. Así alimentándonos de la Eucaristía somos convertidos en “signos” del Señor Jesús, ya que recibimos su misma vida. La cual adentrándose en nosotros nos modela a su imagen para que visibilicemos con nuestro existir sus actitudes, comportamientos y relaciones, de modo que por nosotros les llegue a todos los hombres el Amor de Cristo.

Esta correlación inseparable entre celebración de la Eucaristía y práctica del Amor cristiano se refuerza en este Día, de modo que el Corpus Christi nos impulsa, tanto a ser cada vez más sensibles a lo que acontece en este Sacramento, como también a mostrarnos más sensibles para extender el Amor de Dios a todos los hombres. Por ello podemos afirmar, también, que la Caridad es el signo o “sacramento” de nuestra fe. Ya que viviendo según la caridad de Cristo estamos visibilizando el núcleo de nuestra fe: el Señor Jesús, el cual vivió amando a Dios y a los hombres, y nos encomendó a todos sus seguidores el nuevo mandamiento del amor fraterno. 

Por eso el Día de la Caridad nos hace reconocer la misión que desarrolla “Cáritas”, en cuanto constituye la caridad organizada de la Iglesia para hacer visible y extensible el amor compasivo de Cristo a favor de los necesitados. O sea, a través de la acción de Cáritas es la Iglesia católica que ejercita una de sus dimensiones esenciales. 

Por la Campaña de este año Cáritas nos dirige una nueva llamada apremiante a tomar conciencia de la realidad social precaria en que viven muchos de nuestros vecinos, así como nos invita a que nos comprometamos a favor de la construcción de un mundo nuevo, basado en la justicia y el desarrollo integral a favor de todas las personas. 

Cáritas quiere acentuar en esta Campaña su compromiso a favor de uno de los problemas sociales más incisivos en el tiempo presente, como es la carencia o la pérdida de trabajo que afecta a numerosos hombres y mujeres, tanto adultos como jóvenes, de modo que el paro se está convirtiendo en una fuente de creciente marginación social. 

Siguiendo lo enseñado en la Encíclica “Caritas in veritate” (nº. 63), los cristianos estamos llamados a procurar y promover un trabajo “decente”. Lo cual implica que reúna estas características: que sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer; que sea libremente elegido, asociando a los trabajadores al desarrollo de su comunidad; que sea un trabajo en el que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; que consienta a los trabajadores organizarse libremente; que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; y que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación. En resumen, un trabajo que humanice y solidarice a los trabajadores. 

Para que este modelo de trabajo se pueda ir haciendo realidad Cáritas nos propone que asumamos un nuevo estilo de vida, en el cual pasemos de la tendencia actual por la que se nos induce a vivir ricamente o en la opulencia, a un nuevo estilo de vida desde la sencillez, la gratuidad y la solidaridad. Así el Día de la Caridad nos ayuda a convencernos de que la felicidad se alcanza escogiendo y practicando la sencillez de vida, que conlleva la disposición para desarrollar un modo de existir caracterizado por la austeridad, por la compasión ante el sufrimiento del prójimo, por la generosidad en el compartir con las otras personas, y por mostrarse agradecido a Dios. 

Reconocemos que nuestra Cáritas Diocesana está implicada efectivamente a favor de quienes están viviendo en situaciones de necesidad, también en el ámbito de la promoción del trabajo “decente”, como lo desarrolla en uno de sus múltiples programas. Pero este noble empeño de Cáritas está esperando de la implicación de cuantos nos sentimos cristianos, ya que a todos los fieles de Cristo les corresponde decidirse y empeñarse por ser “activistas” de la sencillez. O sea, que cada cristiano debemos de sentirnos llamados a implicarnos más comprometidamente con la obra de Cáritas. 

De modo que el Día de la Caridad nos lleva a plantearnos sobre nuestra participación en Cáritas, por lo cual nos debemos sentir motivados para que se extienda más su presencia en las comunidades parroquiales de nuestra Iglesia Diocesana. Este objetivo puede lograrse a través de la germinación de grupos de cristianos, hombres y mujeres, sensibles y comprometidos con la realidad social que nos circunda y dispuestos a ejercitar las actitudes cristianas en los pequeños y grandes gestos de la vida. 

Por lo cual me dirijo a todos los cristianos de Zamora para animarles a asumir la propuesta que Cáritas, en nombre de la Iglesia, nos dirige este Día de la Caridad. Así nos llama a unirnos a su propósito por extender la sencillez de vida con vistas a que todos los hombres puedan sencillamente vivir, para lo cual todos debemos implicarnos. 

Con mi gratitud por vuestra generosidad con Cáritas, os doy mi bendición. 

+ Gregorio Martínez Sacristán.

Obispo de Zamora

 

 

Acerca de Mons. Gregorio Martínez Sacristán 15 Articles
D. Gregorio Martínez Sacristán nace en Villarejo de Salvanés, en la provincia de Madrid y Diócesis de Alcalá de Henares. Se formó en el Seminario Mayor de Madrid y fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1971. Es licenciado en Teología, con especialización en Catequética, por el Instituto Católico de París, donde cursó estudios de 1974 a 1976. Cargos pastorales Su ministerio sacerdotal ha estado vinculado a la Diócesis de Madrid. La parroquia del pueblo madrileño de Colmenar de Oreja fue su primer destino. Estuvo como coadjutor entre 1971 y 1974. Tras un paréntesis de dos años para cursar estudios en París, regresó a España. Ese mismo año, 1976, fue nombrado coadjutor de la parroquia de Santa Eugenia, donde permaneció hasta 1978, y responsable del Departamento para los Adultos de la Delegación Diocesana de Catequesis, cargo que desempeñó hasta el año 1982. Mientras, durante el año 1978, fue capellán del Hospital Beata María Ana de Jesús. También ha sido, de 1988 a 1995, director del Instituto de Teología a distancia; colaborador en la parroquia de San Vicente Ferrer, de 1983 a 2002; y miembro y relator del III Sínodo diocesano de Madrid, durante el año 2005. Desde el año 1995, es delegado diocesano de Catequesis; profesor de Catequética en la Facultad de Teología San Dámaso; colaborador en la parroquia de San Ginés de Madrid, desde 2002; y miembro del Consejo Presbiteral, desde el año 2003. El 15 de diciembre de 2006 fue nombrado Obispo de Zamora y tomó posesión de la Diócesis el 4 de febrero de 2007. Otros datos de interés En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 2008 a 2011. Desde este último año es miembro de la Comisión Episcopal de Patrimonio Cultural