Vivamos sencillamente para que otros puedan vivir

Mons. Atilano RodríguezMons. Atilano Rodríguez       Dios es amor y nos ha amado primero. Esta enseñanza de la Sagrada Escritura se hace especialmente visible y real en los misterios de la encarnación, de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo. A partir de esta vivencia personal, en plena fidelidad a la voluntad del Padre, Jesús podrá decir con verdad y con convicción que nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Pero este amor de Dios a la humanidad no es una cuestión del pasado. El Señor, muerto y resucitado por la salvación del mundo, sigue viniendo a nuestro encuentro a través de aquellos hermanos en los que brilla intensamente el amor y la santidad de Dios, a través de su Palabra, de los Sacramentos y, de un modo especial, en la Eucaristía.

Cada vez que la comunidad cristiana se congrega para la celebración del banquete eucarístico, el mismo Señor que recorrió los caminos de Galilea anunciando el Evangelio del Reino y que resucitó al tercer día de entre los muertos, después de entregar su vida por amor al Padre y a los hombres, se hace real y verdaderamente presente en medio de la comunidad cristiana con su Palabra y con su Cuerpo y Sangre. El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que «en el corazón de la Eucaristía se encuentran el pan y el vino que, por las palabras de Cristo y por la invocación del Espíritu Santo, se convierten en el Cuerpo y en la Sangre del Señor» (n. 1333).

La Iglesia, fiel al encargo de Jesucristo, continúa haciendo en memoria suya lo mismo que Él hizo la víspera de su pasión con los apóstoles hasta que tenga lugar su retorno glorioso. De este modo, los cristianos, en cada Eucaristía, podemos entrar en comunión con los sentimientos, los pensamientos y la voluntad del mismo Cristo y, desde esta comunión, recibimos luz para contemplar a los demás con sus propios ojos y fortaleza para ofrecerles el amor que todo ser humano necesita para vivir con esperanza.

El día del Corpus Christi, los cristianos, además de renovar nuestra fe en la presencia real de Jesucristo bajo las especies del pan y del vino, somos invitados también a vivir el mandamiento del amor. Transformados interiormente por la acción del Espíritu Santo y, habiendo experimentado el amor de Dios, podemos amarle a Él sobre todas las cosas y brindar este mismo amor a nuestros semejantes. El encuentro íntimo con Cristo en la Eucaristía tiene que ayudarnos a contemplar a cada hermano con sus mismos ojos y a entregarle nuestra persona sin esperar nada a cambio.

Cáritas, en su campaña institucional con ocasión de la celebración del Corpus Christi, nos convoca en este año de la fe a «vivir sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir». Para asumir este compromiso, es preciso que todos, desde la contemplación del rostro de Cristo, avancemos en el camino de la conversión y desterremos de nosotros el individualismo egoísta y la búsqueda enfermiza de los propios intereses.

El amor y la solidaridad, nacidos del encuentro personal y comunitario con Jesucristo en la Eucaristía, tienen que impulsarnos a crecer en la unidad, a defender la dignidad de cada ser humano y a buscar caminos nuevos que ofrezcan vida, esperanza y confianza a los hermanos más necesitados.

Con la bendición del Señor, feliz día del Corpus Christi

+ Atilano Rodríguez 
Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.