Monseñor Juan Antonio Menéndez, Obispo Auxiliar electo de Oviedo: «La Iglesia debe denunciar las injusticias en su compromiso con los necesitados»

Oviedo Obispo axuliar Juan Antonio MenéndezMonseñor Juan Antonio Menéndez, Obispo Auxiliar electo de Oviedo, recibe la ordenación episcopal el 8 de junio de 2013. El seminario Esta Hora de la  Iglesia en Asturias publica en su último número esta entrevista.

Retrato de infancia

-Haciendo un resumen de sus primeros años, ¿cómo describiría su infancia, y cómo recuerda los primeros signos de su vocación al sacerdocio?

– Mi infancia transcurrió en un pueblo de las montañas de Asturias, mis padres eran ganaderos y cuando se casaron fueron a atender al cura de mi pueblo, que era muy anciano. Y yo nací en la casa rectoral. Por eso a mí desde niño me llaman “el niño del cura” –risas–. Cosa curiosa. Viví la infancia con un ambiente religioso muy profundo, cerca de este sacerdote, que era santo; de mis padres y del resto de mi familia me ayudaron mucho a vivir la fe desde niño. Fui a la escuela de mi pueblo, y en un momento dado yo creí que el Señor me llamaba a la vida sacerdotal, de manera que vine libremente al Seminario.

En un principio estaba previsto que fuera a estudiar al instituto de Grado, pero los planes cambiaron al decidir yo irme al Seminario a los 11 años, con la intención de ser sacerdote. Y desde entonces hasta ahora, con los vaivenes normales de los años, pero siempre con esa firmeza y constancia, y ese colaborar con la gracia de Dios para lo que él disponga en la vida.

-¿Recuerda cómo fue esa llamada al sacerdocio?

-Yo era un niño normal, que iba a catequesis en mi pueblo; mis padres y familiares también me ayudaron en esto. Y la decisión, lo recuerdo perfectamente, fue un día de Jueves Santo por la tarde. En un momento determinado, mi madre comentó: “Hay que prepararlo todo para ir a matricularte a Grado”, y yo le contesté: “No voy a Grado, quiero ir al Seminario”. Recuerdo perfectamente ese momento.

Mi madre reaccionó muy entusiasmada, mi padre menos, pero siempre apoyó, desde el trabajo material, pues fueron los que pagaron mis estudios junto con una beca que siempre tuve, y después con su oración y su acompañamiento a mi lado toda su vida. Después de ser ordenado sacerdote, ellos vinieron a vivir conmigo y conmigo sigue mi padre, pues mi madre ya falleció.

-Con una vocación tan precoz, su vida ha estado prácticamente unida a la Iglesia desde niño.
Pero también habrá desarrollado aficiones personales. ¿Qué es lo que le gusta hacer en su tiempo libre?

-Me gusta mucho escuchar música, también me gusta pasear, hasta ahora en Avilés, por ejemplo, y me gusta mucho rezar. Y también, estar con mis amigos, con los feligreses, con la gente en general, es ahí donde ocupo mi tiempo libre, estando con ellos, visitándolos… Tengo amigos de la infancia, de mi etapa de estudiante, del Seminario, y posteriormente amigos de todas las parroquias, que ahora en estos días desde que se ha hecho pública la noticia de mi nombramiento han salido de debajo de las piedras, pues se han alegrado mucho y me han felicitado. A ver si puedo verles y contestar a todos.

-Qué acontecimientos le han marcado en el ámbito personal, a lo largo de su vida?

-Yo creo que siendo niño me marcó mucho y fue fundamental toda la experiencia religiosa que viví en el entorno de mi familia y en el entorno de mi pueblo. Eso me ha marcado bastante mi vida. En el Seminario fue importante también esa apertura en aquel Seminario de los años 70, a otra forma de pensar, a otras formas de ver la vida, y que fue un contraste con la religiosidad y la piedad que yo traía de mi pueblo y que me ayudó a madurar aquello que era una piedad infantil y que se convirtió después una fe más adulta.

Más adelante, las parroquias en las que he trabajado también me han marcado mucho. Siempre he querido ser y sigo siendo un cura de parroquia, porque a pesar de que estuve 20 años dedicado a ser vicario, primero episcopal y después vicario general, los fines de semana, y siempre que tenía oportunidad, o bien ayudaba a los párrocos o bien los sustituía cuando estaban de viaje o enfermos. Siempre me ha gustado vivir cerca de la gente, con sus problemas y preocupaciones. Y ahora, en este último tiempo, estaba en mi salsa, porque la parroquia de San Nicolás es una parroquia llena de vida, con mucho movimiento de gente, y eso es lo que a mí me gusta. Pero bueno, Dios me llama a esta otra cosa y tengo que responder que sí.

La diócesis, bajo su prisma

-¿Cómo describiría la situación actual de la diócesis?

-Yo creo que ha tenido mucho vigor en los años anteriores al año 2000, en el plano apostólico y además un gran compromiso en la renovación pastoral conforme a las directrices del concilio Vaticano II. Sin embargo, yo creo que el hecho de tener la sede vacante durante un tiempo, antes de que llegara don Jesús, ha hecho un poco de daño, provocando cierto parón apostólico.

Ese tiempo de sede vacante ha ralentizado toda la acción pastoral, por ello tuvimos que interrumpir el Sínodo, lo cual ha retrasado el plan pastoral. La llegada del nuevo arzobispo permitió reiniciar el Sínodo, pero claro, cuando se paran los motores, reiniciar no es tan fácil. El arzobispo ha hecho muchos esfuerzos y ahora estamos en una situación muy buena para comenzar de nuevo y ponernos a caminar en esta evangelización que nos pide la Iglesia, y en esta nueva dirección que el arzobispo nos marca, teniendo en cuenta lo que ha propuesto el Sínodo diocesano, que recogerá el nuevo plan pastoral.

-Este año se cumplen 33 años desde que se ordenó diácono. ¿Cómo cree que ha ido cambiando la diócesis?

-Ha cambiado mucho, porque ha cambiado la sociedad, que en los años 60, 70, y principios de los 80 que fue cuando yo me ordené, teníamos mucha población rural. En los años 60 mi pueblo tenía 280 habitantes. Ahora tiene 15. Es sólo una muestra de lo que ha cambiado la sociedad, con lo que esto significa de inadaptación cuando se llega a la ciudad; toda la pastoral urbana que hay que poner en marcha, y de hecho hay grandes sacerdotes que tienen barrios o ciudades que se los han construido casi a pulso y que han trabajado muchísimo con tantas personas que han venido de los pueblos y que se fueron instalando en los cinturones de las ciudades.

También ha disminuido mucho el número de sacerdotes, aunque estamos atendiendo en la medida de nuestras posibilidades lo esencial, con un gran esfuerzo por parte de estos, que están a disposición de la diócesis. Ha cambiado también la vida religiosa, porque muchas comunidades religiosas han venido a menos, aunque también están respondiendo en el tema de la educación, la sanidad y la atención a los necesitados como antes. Respecto a los seglares, creo que hay seglares muy formados.

En esto se ha avanzado mucho: tienen una gran identidad eclesial, y un verdadero compromiso apostólico, lo cual es una alegría. Pensemos por ejemplo en los catequistas y los profesores de religión, pero también en otros militantes o comunidades de acción católica, que están muy bien formados. Después hay otros seglares que se han asociado –y esto ha sido un fenómeno reciente–, en cofradías, por ejemplo, y la piedad popular está ahí. Yo los descubrí en Avilés, porque no sabía lo que eran prácticamente, y creo que cumplen una función que nos cuesta hoy mucho a la Iglesia, que es la de convocatoria de gente. Y las cofradías, aunque sólo sea una vez al año –los hermanos mayores están tratando de que no sea así–, se relacionan con la parroquia, con la Iglesia, y hay muchos jóvenes entre ellos.

Lo que falta por hacer

-¿Qué carencias observa en la diócesis ahora, si las hay?

-Sí, evidentemente siempre hay, siempre se pueden mejorar las cosas. Pienso, por ejemplo, en la importancia de un mayor compromiso por parte de todos en la acción pastoral. La nueva evangelización, como la definió Juan Pablo II, es un nuevo ardor, nuevos métodos, nueva expresión, y si las comunidades o el apostolado es anodino, no están en la línea de la nueva evangelización. En el fondo, falta una conversión profunda al Señor y un mantenimiento de esa conversión, porque puede ser un fogonazo inicial que después se va apagando. Todo eso se alimenta con la intimidad con Cristo, a través de la celebración de los sacramentos, y a través de la meditación de la palabra de Dios, y del amor fraterno.

Yo creo que también en estos momentos la Iglesia debe de seguir apostando por la defensa de la vida, la defensa de la familia y del matrimonio entre el hombre y la mujer, por la defensa del trabajo digno para las personas que están en edad de trabajar, por la defensa de una educación en libertad, según la conciencia de los padres, y apoyar sobre todo todas aquellas iniciativas, ya sean políticas, culturales o sociales que vayan en beneficio del bien común y de la dignidad de la persona. Y no sé si lo estamos haciendo realmente porque veces nos enredamos en cosas que no tienen mayor trascendencia y dejamos estos grandes proyectos aparcados.

-¿Como obispo auxiliar, en que cree que puede ayudar al arzobispo?

-Como él ha dicho recientemente, podemos ayudarnos mutuamente y complementarnos. Yo le estoy ayudando ya, desde que vino a esta diócesis, primero como vicario general y luego como vicario de asuntos jurídicos, por el conocimiento que tengo de la diócesis, he sido testigo de muchas cosas que son útiles a la hora de hacer discernimientos o de tomar decisiones. Y después, mi trabajo consistirá en complementar su mi sión, como la visita pastoral, pues tenemos 930 parroquias. Además, hay que trabajar con los vicarios y
con el propio arzobispo en el impulso del plan pastoral que se hará público próximamente.

Las prioridades

-En cuanto se publique el plan pastoral habrá prioridades en la diócesis ¿cuáles van a ser?

-Están marcadas por el Sínodo, como cuidar los sacramentos de la iniciación cristiana y cuidarlos en todos los sentidos, desde el punto de vista pastoral, de los que vienen a pedir los sacramentos para ellos y sus hijos… Es muy importante en estos momentos de cambio cultural y una situación social distinta. También mirar por la familia, santuario de la vida y célula de la Iglesia en la que se vive y se mama la primera fe cristiana. Y también el compromiso con los necesitados, no sólo dando de comer, sino también señalando las injusticias que en estos momentos se pueden cometer porque a río revuelto ganancia de pescadores y en estas situaciones de crisis podemos estar ante un capitalismo salvaje que provoca más daños de los que provocaría la propia crisis que tenemos, que es fruto de la avaricia y sólo saldremos de ella con lo que dice el catecismo: frente a avaricia, generosidad.

-Acaba de estar hace poco con el Papa Francisco, ¿cuáles fueron sus impresiones?

-De una sintonía total. Tanto en lo que dice, como en lo que hace.

-¿Cómo recuerda la presentación?

-Fue entrañable y cariñoso. Don Jesús le dijo “Santo Padre, aquí está el Obispo auxiliar que nombró la semana pasada”, y él contestó: “Ah, entonces fresquito como una lechuga”. Y también me dijo: “No se preocupe, confíe en el Señor”. Me encontré muy a gusto y se me disiparon los miedos, porque para un pobre paisano de Asturias Roma puede parecer impenetrable.

El pectoral regalo del Arzobispo Díaz Merchán

El Obispo auxiliar de Oviedo, don Juan Antonio Menéndez, lucirá el día de su ordenación episcopal una cruz pectoral obsequio del arzobispo emérito de Oviedo, don Gabino Díaz Merchán. El arzobispo emérito decidió en días pasados obsequiar a quien fuera su vicario de Oriente y posterior vicario General, el pectoral de plata dorada que reproduce la Cruz de la Victoria que la Iglesia diocesana ofreció a Díaz Merchán en una solemne celebración que tuvo lugar en la catedral el 21 de septiembre de 1994 al cumplirse sus 25 años de estancia en la archidiócesis. El pectoral tiene un gran valor sentimental para el arzobispo emérito, que lo venía usando especialmente el día de la Santina en Covadonga.

Biografía

Don Juan Antonio Menéndez Fernández es hijo de Josefa y de Juan. Nació en Villamarín de Salcedo (Grado-Asturias) en 1957. Ingresó en el Seminario Metropolitano de Oviedo en 1968, donde realizó los estudios de secundaria y posteriormente los estudios eclesiásticos, obteniendo la licenciatura en los mismos en 1980. Fue ordenado sacerdote el 10 de mayo de 1981 en la parroquia del Sagrado Corazón de Villalegre (Avilés).

En 2005 obtuvo la licenciatura en Derecho Canónico por la Universidad Pontifica de Salamanca.

Durante su ministerio sacerdotal mons. Juan Antonio Menéndez desempeñó las siguientes responsabilidades:

1981-1986: Coadjutor de Santa María Magdalena de Cangas del Narcea. 
1986-1991: Párroco de Teverga y parroquias adyacentes. 
1988-1991: Arcipreste de Teverga. 
1991-2001: Vicario Episcopal de la Vicaría de Oriente. 
2001-2011: Vicario General del Arzobispado. 
2001-2013: Canónigo de la Catedral. 
2010-2011: Párroco de San Antonio de Padua en Oviedo. 
2011-2013: Vicario Episcopal de Asuntos Jurídicos. 
2012-2013: Párroco de San Nicolás de Bari de Avilés.

Recibe la ordenación episcopal el 8 de junio de 2013, siendo el ordenante principal mons. Jesús Sanz Montes, acompañado por el nuncio apostólico en españa mons. Renzo Fratini y el arzobispo emérito de Oviedo, don Gabino Díaz Merchán.

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