Corpus Christi en el Año de la Fe

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano     La Solemnidad de Corpus Christi anima al Pueblo de Dios a confesar la presencia real del Señor Jesús en la Eucaristía. La fe que confesamos debe llevarnos también a su celebración, como nos recordaba Benedicto XVI en la Porta Fidei: “Deseamos que este Año suscite en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza. Será también una ocasión propicia para intensificar la celebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía, que es la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y también la fuente de donde mana toda su fuerza” (PF nº 9).

La fiesta del Corpus nos ayuda a reabrir los ojos de nuestra fe: “Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de su Señor, se hace realmente presente este acontecimiento central de salvación y «se realiza la obra de nuestra redención». Este sacrificio es tan decisivo para la salvación del género humano, que Jesucristo lo ha realizado y ha vuelto al Padre sólo después de habernos dejado el medio para participar de él, como si hubiéramos estado presentes. Así, todo fiel puede tomar parte en él, obteniendo frutos inagotablemente. Ésta es la fe de la que han vivido a lo largo de los siglos las generaciones cristianas. Ésta es la fe que el Magisterio de la Iglesia ha reiterado continuamente con gozosa gratitud por tan inestimable don. Deseo, una vez más, llamar la atención sobre esta verdad, poniéndome con vosotros, mis queridos hermanos y hermanas, en adoración delante de este Misterio: Misterio grande, Misterio de misericordia. ¿Qué más podía hacer Jesús por nosotros? Verdaderamente, en la Eucaristía nos muestra un amor que llega «hasta el extremo» (Jn. 13, 1), un amor que no conoce medida”. (Juan Pablo II, Eclessia de Eucharistia  nº 11)

Cada vez que participamos en la Santa Misa, cuando el sacerdote consagra la sangre de Cristo, culmina sus palabras con la invitación del Señor: “haced esto en memoria mía”. Él entrega su cuerpo y derrama su sangre a favor de los hombres y nos anima a nosotros a hacer lo mismo; nos muestra con aquel gesto un amor sin condiciones. Un amor que pide ser recibido humildemente por otro amor también sin condiciones. Jesús anticipó en la Eucaristía el don de sí que iba a realizar en la Cruz. Anticipó y concentró en la Eucaristía todo su Amor. Por eso la Eucaristía tiene esta virtud de abrir los ojos, de hacernos recordar, de inundar de Amor la memoria de nuestro corazón.

La celebración de la Solemnidad del Corpus evoca siempre el momento en el que Jesús celebro la Última Cena con sus discípulos. Los amigos de Jesús le preguntaron donde quería que le preparasen aquella cena. Y él les indicó el lugar que deseaba. Aquella pregunta debe brotar hoy también de nuestros labios, fruto de una fe renovada que nos mueve a ser don para los demás. Si abrimos nuestros ojos, si dejamos que la fe que profesamos en la presencia real de Jesús en el pan y el vino nos los abran, seguro que descubrimos muchos cenáculos en nuestro entorno donde el Señor está compartiendo su pan con los hambrientos, con tantas y tantas personas que están pasando necesidad en estos momentos de crisis.

En el día de la Caridad de este Año de la Fe, en este año de profunda crisis económica y social, Caritas diocesana nos pide que vivamos con sencillez y que busquemos otro modelo de convivencia que nos haga felices. Os animo, en esta fiesta del Corpus, a que nuestra fe eucarística convertida en obras, lleve la esperanza a nuestra sociedad.

+ Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.