No hay caridad sin fe – Corpus Christi – Día de la Caridad 2013

Mons. Amadeo RodríguezMons. Amadeo Rodríguez   Queridos diocesanos:

Se aproxima el Corpus Christi que, como todos sabéis, es el Día de la Caridad. Desde siempre la hondura espiritual del pueblo cristiano ha sabido descubrir una profunda relación entre el Cuerpo de Cristo y el amor a los hermanos. Al contemplar el Cuerpo de Cristo se ha prestado especial atención al gesto de su entrega. En el cuerpo entregado del Señor y en la sangre derramada se hace patente el amor infinito de Dios, que, en su Hijo Jesucristo, se entrega por amor a los hombres. Ante el Cuerpo de Cristo vemos en toda su verdad el amor de Dios. La fe con la que le adoramos nos revela su rostro y nos orienta siempre al amor de todos aquellos con los que Jesús se identifica.

Se puede decir que como cristianos, como miembros de la Iglesia, en el día del Corpus nos situamos con toda naturalidad en la profunda relación que existe entre la fe y la caridad. Por un lado adoramos con piedad y humildad el Cuerpo de Cristo que sale entre la gente y pasea por nuestras calles, tras haber sido celebrado en la Eucaristía; y por otro, nos abrimos al amor y al servicio a los hermanos, reconociendo en la Eucaristía la fuente de nuestra caridad. Se hace patente así que el amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables.

En este Año de la fe insistiremos especialmente en esta relación entre la fe y la caridad. Lo hacemos, conscientes de que nada revitaliza tanto la fe como hacer que se manifieste en el amor. Además, también la caridad necesita para su autenticidad de la fe, de la fuerza de la fe. “La caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda”. Hemos, por tanto, de vivir la Solemnidad del Corpus Christi conscientes de que “la fe que actúa por el amor se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre” (Benedicto XVI). El binomio fe y caridad se ha de convertir en un comportamiento práctico. Por eso, desde Cáritas se nos invita este año a asumir este estilo de vida:“Vivir sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivir”.

Seguramente este nos parecerá un estilo muy humano, que realmente puede ser compartido por todos los hombres y mujeres que quieren vivir en solidaridad con los demás. Sin embargo, este modo de vivir que se propone. Los cristianos lo vemos como un modo de vida evangélico,  nos en el que el modelo es Cristo y en el que las actitudes hacia los demás son las de Cristo.

No quiero terminar sin una concreción mayor: “al vivir sencillamente mira a tu alrededor y verás que muchos viven pobremente”. Lo que tu haces como opción, otros lo tienen que hacer por necesidad. Por eso, tu opción de vida tiene que llevarte siempre al servicio generoso a los demás. No te olvides de mirar a los que están en paro, a los que tienen rentas realmente insuficientes para vivir, a los que están y van a estar amenazados por los desahucios y se van a quedar sin hogar. Y no dejes pasar por alto otras muchas necesidades y problemas como haya nuestro alrededor. Sobre todo hay que estar atento para descubrir lo que está  oculto, aquello en lo que nadie se fija, pero realmente necesita tu ayuda.

Pidámosle al Señor un corazón que ve, para que nadie que nos necesite se sienta desamparado. Ayuda a Cáritas y ella será tus ojos y tus manos.

Con todo mi afecto.

+ Amadeo Rodríguez Magro

Obispo de Plasencia

Mons. Amadeo Rodríguez
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Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador. Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983). Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003. Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española. El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003. En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011. El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.