La oración en la vida del cristiano

Mons. YanguasMons. José María Yanguas    Queridos diocesanos: 

En numerosas ocasiones el Papa Francisco ha recordado la necesidad del “encuentro con Cristo”, como acontecimiento que da origen al camino dela fe, a la vida cristiana. También fue tema recurrente en las enseñanzas del Papa Benedicto XVI. Al final ya de la Carta Apostólica Porta fidei, el Papa contemplaba el Año de la fe como un tiempo para fortalecer nuestra relación con Cristo, el Señor. “Que este Año de la fe, decía, haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, pues sólo en él tenemos la certeza para mirar el futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero” (n. 15).           

Cualquier cristiano familiarizado con la literatura ascética, sabe bien que hablar de “encuentro con Cristo”, verdadero, personal, es hablar de oración. Esta puede ser definida o considerada bajo diversos aspectos, pero la oración es, en cualquier caso y siempre, encuentro con Dios, encuentro con Cristo en quien Dios se ha revelado de manera única.           

Desde los comienzos de la vida de la Iglesia, la oración ha sido una de sus notas características. Así, dicen los Hechos de los Apóstoles, que los cristianos de la primitiva comunidad de Jerusalén: “perseveraban en la enseñanza de los Apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones” (2, 42). Y cuando las variadas tareas a las que debían dedicarse los Apóstoles amenazaron con desfigurar o distraerlos de su misión, no dudaron en destinar a otros cristianos para dichos trabajos, de manera que ellos pudieron dedicarse más enteramente “a la oración y al servicio de la palabra” (Hch 6, 4).

Por eso, la Iglesia ha tenido siempre en mucho a aquellas personas que dedican sus días a la oración y contemplación, consciente de la importancia que revisten para su fidelidad a Cristo y para el cumplimiento de la misión que de Él ha recibido. La vida consagrada a la oración, en pobreza, castidad y obediencia, tiene su modelo en Cristo y “representa un don de Dios para su Iglesia por medio del Espíritu” (Exhort. Apost. Postsin. Vita consacrata, 1).           

Cada año, al llegar la solemnidad de la Santísima Trinidad, la Iglesia celebra la Jornada “pro orantibus”, en la que ora por aquellos hombres y mujeres consagradas a Dios en la vida contemplativa, verdaderos “centinelas de la oración”, como los define el lema elegido para la Jornada de este año. Con dicha Jornada, la Iglesia quiere dar gracias a Dios por este bello don concedido a su Iglesia, gracias al cual se recuerda continuamente a todo el pueblo cristiano lo que es más fundamental y esencial en nuestra fe. Con la gratitud a Dios, el reconocimiento y la estima por la fidelidad de las comunidades contemplativas que enriquecen la vida de la Iglesia con su testimonio y ejemplo.  Por un día, quienes gastan su vida en el servicio callado y obscuro a los ojos de los hombres, pero luminoso y fecundo a los ojos de Dios, revelan su existencia de entrega y oración a Dios, por el bien de sus hermanos los hombres, por los que interceden sin descanso. Que Él siga concediendo a la Iglesia y a la humanidad numerosas vocaciones a la vida contemplativa, testimonio del mundo venidero y del amor silencioso a Dios y a los hombres.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).