Cuerpo entregado y Sangre derramada… Día y colecta de la Caridad

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora    Siguiendo la reflexión sobre la oración, que hacíamos el domingo pasado, os transcribo este texto del cardenal Walter Kasper en el referido libro La Misericordia: «El encuentro de tú a tú con Dios no puede quedarse en el ámbito puramente personal, sino que debe abrirse a todas las personas sufrientes que haya junto a nosotros y a nuestro alrededor. Contemplando el Corazón traspasado de Jesús (el viernes celebramos la Solemnidad del Sagrado Corazón), experimentamos que Dios ama tanto al mundo que le ha entregado a su único Hijo. Así, pues, nos está permitido y podemos participar del sufrimiento de Dios, solidarizándonos de ese modo con todos los que padecen bajo las tinieblas y las atrocidades del mundo actual» (pág. 118).

Sin orgullo ninguno ni afán de presumir, sabemos que los cristianos que vamos a Misa estamos haciendo un sincero esfuerzo de solidaridad con los más pobres y excluidos del momento presente. La clave no está en nuestro exclusivo mérito, también hay fuera de los muros de las iglesias mucha gente solidaria. La clave que nos empuja a nosotros está en que comer el Cuerpo entregado de Jesucristo presente en la Eucaristía, nos lleva a participar, me atrevo a decir, a ser expresión del sufrimiento de Dios. Fijaos qué bien lo expresa el cardenal Kasper: «al mirar al Jesús traspasado en medio de cualquier noche del mundo, sabemos también, que en él late el corazón de Dios y su amor hacia nuestro mundo. Es el corazón del mundo, su fuerza más íntima, su esperanza plena. De esta suerte, en la certeza de una nueva y eterna mañana de Pascua, somos capaces de soportar las tinieblas del Viernes Santo. Se trata de la certeza de que nada, ni la vida ni la muerte, puede separarnos del amor de Dios manifestado en Jesucristo» (pág. 119).

Repito lo de sin orgullo ninguno, para decir que soportamos, la Iglesia que somos y formamos, buena parte de las necesidades de los empobrecidos por el sistema, régimen económico que se nos impone o como se quiera decir, y si no nos podemos enorgullecer, es sencillamente porque no llegamos todavía a expresar ese amor de Dios que nos urge a sentir las tinieblas de este prolongado “Viernes Santo” en el que están inmersos millones de personas, pues son muchas las necesidades que quedan sin atender. Me doy cuenta que puede parecer que nuestras acciones de caridad son un pozo sin fondo que nunca dice basta, y acepto que me digáis que soy insaciable por los continuos reclamos que hago a la Diócesis, y por las continuas denuncias que hacemos a los poderes públicos reclamando prioridad en el gasto público para los servicios sociales básicos. Pero, en este punto, quiero declarar –al estilo de San Pablo– que no soy responsable de la suerte de nadie y que a nadie se puede juzgar si es más o menos generoso con las necesidades de los demás.

La clave de la Iglesia en su compromiso caritativo y social está, como nos ha expresado el cardenal Kasper en que «nos está permitido y podemos participar del sufrimiento de Dios, solidarizándonos de ese modo con todos los que padecen bajo las tinieblas y las atrocidades del mundo actual». La clave está en hacer más religiosa nuestra vida y dejarnos llenar del amor de Dios manifestado en el Misterio Eucarístico que hoy celebramos: Cuerpo entregado y sangre derramada de Cristo presente en el altar que nos llama a ofrecernos con Él al Padre en esta hora cada vez más compleja y difícil. Dejarnos llevar, sentir y vivir por este Misterio de nuestra fe que nos empuja cada día a saber reducir aparentes necesidades y aumentar, si fuera preciso hasta con lo que nos hace falta, las aportaciones imprescindibles para lograr un ayuda eficaz que saque de apuros a tantos hermanos. ¡Queda mucho por hacer! 

Vuestro obispo,   

+ Antonio.

Obispo Ciudad Real

 

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.