Las Cáritas de Euskadi advierten que las situaciones de pobreza se están agravando quedándose persistentes en el tiempo

Logo CáritasEn el análisis de los datos del año 2012 se aprecia que la situación de pobreza y vulnerabilidad social de las personas y familias atendidas por las Cáritas Diocesanas de Bilbao, San Sebastián y Vitoria van empeorando a medida que persiste en el tiempo, así como que esta ‘cronificación’ de las situaciones está provocando el consiguiente alargamiento de los procesos de incorporación social.

Cuatro son las principales causas de este empeoramiento que conlleva que un tercio de las personas atendidas por Cáritas en 2012 en estas diócesis lleven más de tres años siendo acompañadas. Al endurecimiento de las condiciones de vida (principalmente por culpa del desempleo y el endeudamiento de las familias) se une un creciente desgaste de sus redes de apoyo familiar y social. Agrava su situación que la respuesta a esta realidad social es insuficiente en materia de prestaciones económicas, sanidad, educación y servicios sociales, a lo que se une la desesperanza con la que las familias perciben su horizonte vital.

Cáritas, en clave de esperanza para el futuro

En clave positiva y de esperanza de cara al futuro, cabe destacar durante 2012 el papel de la movilización y participación ciudadana en la búsqueda de alternativas de mejora, como por ejemplo la iniciativa legislativa popular frente a los desahucios, apoyadas y ampliamente respaldadas por la base social de las tres Cáritas de Euskadi.

También el constante incremento del número de personas que se han acercado a Cáritas para participar como voluntarias, socias y donantes –digno del mayor de los agradecimientos- hace que Cáritas sea optimista por lo que supone de aumento de la sensibilidad y del compromiso social con las personas más desfavorecidas.

Por último, el camino recorrido con otras organizaciones del tercer sector, el trabajo en red, y la interlocución con las administraciones también es signo de esperanza en la construcción de una sociedad más justa, así como la colaboración de empresas y organizaciones en general.

Endurecimiento de las condiciones de vida

Dos de los principales motivos de la precarización de las condiciones de vida de las familias a lo largo de estos últimos años son el desempleo y el endeudamiento de los hogares, principalmente relacionado con las dificultades de la familia para hacer frente a los gastos de mantenimiento de la vivienda (hipotecas/alquiler).

Las principales demandas de ayuda recibidas en las Acogida de Cáritas durante 2012 han sido las relacionadas con las necesidades básicas de tipo material (vivienda, alimentación y ropa); demandas relacionadas con el empleo y la formación, así como otro tipo de demandas “de apoyo” (ayudas económicas para actualizar documentación, para desplazamientos necesarios para la búsqueda de empleo, para realizar formación, para realizar gestiones vinculadas a procesos de inclusión, etc.).

En concreto, entre las tres Cáritas de Euskadi se han ofrecido más de 30.000 respuestas de ayuda económica para necesidades básicas y se han invertido cuatro millones y medio de euros para ayudar a las familias en la mejora de sus condiciones de vida básicas.

El desgaste de la solidaridad intrafamiliar

El alargamiento en el tiempo de las situaciones de desempleo, falta de ingresos, falta o insuficiencia de las políticas públicas, etc. tiene un impacto negativo de gran calado en la red familiar. Se está produciendo un claro “desgaste” en la función protectora y de solidaridad intrafamiliar, agravado por la persistencia en el tiempo de las situaciones de pobreza.

Las familias perciben con desesperanza su horizonte vital

Junto con el empeoramiento de las condiciones de vida (paro, deudas, vivienda…) y como consecuencia que el impacto que este empeoramiento tiene en el ámbito relacional, los factores de debilitamiento de la función protectora intrafamiliar están relacionados con el desgaste emocional, el aumento creciente de conflictos familiares y el deterioro de la comunicación interna.

Una de las características principales de un gran número de personas atendidas en Cáritas es la soledad o una red de relaciones de apoyo insuficiente para abordar la situación de precariedad económica y material de manera acompañada, compartida, que ayude a la autoestima y a una perspectiva positiva de futuro. En este sentido, el acento del modelo de acción social de Cáritas en el acompañamiento a los procesos personales y familiares más allá de las ayudas es un factor importante muy valorado por las personas atendidas.

La respuesta a esta realidad social es insuficiente en materia de prestaciones económicas, sanidad, educación y servicios sociales

En general, las personas que solicitan algún tipo de ayuda a las Cáritas de Euskadi no cuentan con ningún otro sistema de protección pública en materia de prestaciones económicas (desempleo, RGI y/o AES, y la AGI en Gipuzkoa) y las personas que sí tuvieron posibilidades de acceder a la RGI en 2012 esperaron, en términos generales, más de cuatro meses entre la solicitud y el cobro efectivo de esta prestación (situación significativa, sobre todo si tenemos en cuenta que un 83% había pasado previamente por Servicios Sociales). Así, las principales situaciones de dificultad relacionadas con el sistema público de garantía de ingresos con las que se han encontrado las familias atendidas en la red de Cáritas Euskadi durante 2012 fueron el endurecimiento de los requisitos de acceso (por la modificación de la Ley) y las dificultades de gestión en las ayudas públicas.

Cáritas Euskadi llama –por todo ello- a incidir en la apuesta por los Derechos Sociales, concretados en la realización de políticas sociales y de empleo que apuesten por la promoción social, el trabajo en procesos, el acompañamiento y la inserción laboral y social de todas las personas, especialmente de las más desfavorecidas de nuestra sociedad. Precisamente, la campaña institucional que todas las Cáritas haremos este fin de semana con ocasión del Corpus apuesta -dentro del lema general “Vive sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir”- por la búsqueda de un nuevo modelo de convivencia donde la persona sea el centro y donde se ponga el valor la economía de la gratuidad, animando a todas las personas a participar activamente –cada cual en la medida de sus posibilidades- frente a esta situación en la que nos encontramos.

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