Solemnidad de Corpus Christi – Día y colecta del amor fraterno, del amor de caridad

Mons. Manuel UreñaMons. Manuel Ureña    Un año más celebramos en la Iglesia el domingo de Corpus Christi.

Al igual que hicimos el día de Jueves Santo, nuestra mirada se centra hoy de modo muy especial en el sacrosanto misterio de la Eucaristía, que es la causa del ser de la Iglesia, la sustancia personal de ésta. La Eucaristía engendra la Iglesia, hace pasar a ésta de la potencia al acto, de ser una mera comunidad humana a ser la comunidad salvífica universal. Y esto es así porque la Eucaristía contiene la presencia total de Cristo, la presencia de su humanidad y de su divinidad, de su muerte y resurrección. Pero, además, la Eucaristía contiene la presencia real y sustancial del propio Cristo, lo que no ocurre en los demás sacramentos. Tal es lo que quiere significar de forma singular la solemnidad de Corpus Christi, la cual se instituyó precisamente por esta razón, para afirmar la presencia real y sustancial de Cristo en la Eucaristía.

En efecto, como bien sabemos, la reivindicación a fondo de la presencia real y sustancial de Cristo en la Eucaristía, negada por un grupo de teólogos en la Edad Media, suscitó en los siglos XII y XIII un gran movimiento espiritual de devoción a este Sacramento, lo que fue, sin duda, un verdadero don del Espíritu a la Iglesia.

Porque, para ser hechos participes del ser de Cristo y para vivir así según la vida nueva cobrada en Él, ¿dónde sino en la Eucaristía encontramos a Cristo real y sustancialmente presente, participamos de su misterio pascual y obtenemos la posibilidad real de vivir como hombres nuevos?

Ello explica que, con la reivindicación paulatina de la presencia real y sustancial de Cristo en la Eucaristía obrada a lo largo de los siglos XII y XIII, los fieles fueran cambiando de mentalidad y, buscando a Cristo en este sacramento, comenzaran a confesarse más, a comulgar más, a adorar con mayor frecuencia a Jesús en el sagrario y a pedir a la Iglesia se instituyese una nueva fiesta eucarística, además de la ya existente del Jueves Santo, dedicada muy en especial a contemplar, meditar y vivir el misterio de la presencia real y sustancial de Jesucristo en la Eucaristía. Todo este movimiento conduciría a la institución de la solemnidad de Corpus Christi en 1264 por el Papa Urbano IV en la conocida bula Transiturus de hoc mundo (cf DH 846-847).

Ahora bien, en concomitancia con el referido movimiento espiritual, tres milagros eucarísticos de gran calado contribuyeron poderosamente a la consolidación de la conciencia cristiana y católica de la presencia real y sustancial de Cristo en la Eucaristía, y a la  institución por Urbano IV del Día de “Corpus”. Por orden cronológico son los siguientes: la visión eucarística de Santa Juliana de Lieja en 1208, repetida durante más de veinte años; el milagro obrado por Dios sobre las formas consagradas en el pueblo de Luchente (Valencia), el año 1239, cuya preciosa reliquia, los “Sagrados Corporales” ensangrentados, guarda y conserva celosamente nuestra ciudad zaragozana de Daroca; y el milagro eucarístico de las sagradas formas, de idénticas características formales al nuestro, sucedido en Bolsena en 1263, un año antes de la institución por Urbano IV de la solemnidad de “Corpus”.

En este día de la Solemnidad de Corpus Christi, la Iglesia nos urge a convertirnos al Señor, a confesar nuestros pecados, a practicar la oración de adoración ante Él, presente bajo las especies del pan y del vino consagrados, a comulgar su cuerpo y su sangre, si estamos espiritualmente preparados para ello, y a amar de corazón a nuestros hermanos, los hombres. Dicho más explícitamente, la solemnidad de “Corpus Christi” nos impele, nos apremia, nos urge a salir al encuentro de los hermanos.

Pero ¿por qué razón es esto así? ¿Cuál es la relación entre la Eucaristía y la práctica del amor a los hermanos, particularmente a los más pobres y necesitados? Dicho sencillamente, porque la Eucaristía es la expresión del gran amor que Dios nos tiene. Ella contiene a Cristo muerto y resucitado por nosotros. Por tanto, la Eucaristía nos ofrece el icono mismo del amor de Dios. Dios es amor. Y Él nos ha amado tanto, que nos ha entregado a su Hijo y lo ha enviado a la muerte por nosotros y por nuestra salvación.

Pero esto implica que, si nosotros nos acercamos a la Eucaristía y comulgamos el cuerpo y la sangre del Señor, entonces somos hechos partícipes del mismo amor con que Dios ama y quedamos obligados espiritualmente a vivir para los demás. De ahí que la participación en la Eucaristía nos urja al amor de Dios y al amor de los demás.

Ambas cosas nos recuerda en este día el Santo Padre el Papa Francisco. Por una parte, el Papa nos impulsa a la práctica de la adoración del Señor, exhortándonos a que en todas las iglesias catedrales “in Urbe et in Orbe” se dé el día de Corpus una hora de adoración del Santísimo, la cual deberá celebrarse entre las 17 y las 18 horas. Y, por la otra, el Papa seguido por todo el episcopado mundial, nos urge a salir al encuentro de los hombres para anunciarles el Evangelio y para subvenir a todas sus necesidades, también a las necesidades del pan y de la casa de cada día.

Recordemos que hoy es el día del amor fraterno. Abramos bien los ojos a la crisis económica que azota hoy particularmente a los pobres. Y entreguemos una limosna generosa en la colecta de la Misa de hoy, que, como sabéis, irá íntegramente destinada a “Cáritas”, para que ésta la distribuya equitativamente entre los más necesitados de la sociedad.

† Manuel Ureña,

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
Acerca de Mons. Manuel Ureña 137 Articles
Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.