Pastoral Día de la Caridad 2013

Mons. Carrasco RoucoMons. Alfonso Carrasco    Queridos hermanos,

Este próximo domingo, 2 de junio de 2013, celebraremos la gran solemnidad del Corpus Christi. El marco del Año de la fe, proclamado por Benedicto XVI, nos invita este día a volver la mirada más verdaderamente al Santísimo Sacramento, para reconocer de nuevo que la presencia eucarística del Señor encierra el fundamento de nuestra esperanza y ha de ser cada vez más el criterio de nuestra forma y estilo de vida.

Ahora bien, la forma que se sigue de la comunión con Jesús sacramentado es el agradecimiento y la caridad. Por eso, la procesión de Corpus por las calles de nuestras ciudades es, ante todo, una manifestación de fe en nuestro Señor y a la vez una proclamación de la caridad, como principio de nuestra manera de vivir. El día de Corpus es el «Día de la Caridad», públicamente profesada por los creyentes.

Las circunstancias de nuestro tiempo, las dificultades por las que pasan muchos entre nosotros, nos piden con urgencia particular que esta profesión de fe renueve también nuestra vida en todos sus aspectos segundo la caridad verdadera.

No es posible vivir según esta ley evangélica del amor en un aspecto de la existencia y no en otro, en el privado y no en el público, en la intimidad familiar y no en el trabajo. De hecho, siempre vivimos poniendo en juego nuestra conciencia y libertad, y es nuestra propia conciencia quien sufre en primer lugar, cuando rechazamos vivir según la fe en una dimensión u otra de la existencia, y es también en nuestra conciencia donde experimentamos la liberación al aceptar vivir según la verdadera caridad.

Este año nos interpela, en particular, el número muy elevado de hermanos desempleados, parados, que viven a veces situaciones dramáticas, sin posibilidad de proveer a necesidades tan básicas como el alimento o la vivienda.

El esfuerzo primero de nuestra caridad será no pasar de largo ante el prójimo y ayudarlo en sus necesidades más inmediatas. Eso sucede de muchas maneras, individuales y calladas a veces, más organizadas en nuestras comunidades parroquiales y en sus «Cáritas» otras veces. Esta es una forma de solidaridad, de fraternidad, elemental e imprescindible. Por eso, todos estamos llamados a hacer un esfuerzo particular en la colecta de Cáritas, como una forma primera de compartir realmente en el amor.

Pero a la caridad le corresponde también preocuparse por la justicia y la solidaridad en la vida común, en lo público y, concretamente, en el ámbito del trabajo.

Sin eso, no sería plenamente real el compromiso con los demás, cuya situación de pobreza proviene muchas veces de la falta de trabajo, o del abuso que sucede en ocasiones ante la necesidad urgente que viven muchos, cuando se les niega, por ejemplo, un justo salario.

La caridad exige la justicia en el ámbito de la vida pública, en el ordenamiento democrático y en el económico. Y en concreto, exige que la sociedad se organice con vistas a hacer posible el derecho al trabajo, consecuencia del deber primero de ganar el pan «con el sudor de la frente», y un trabajo «que sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer» (Benedicto XVI, Caritas in veritate, 63).

Pero la caridad nos pide también a cada uno que sepamos compartir, de diferentes maneras, en el ámbito del trabajo. Sabemos «que es trabajando cómo se debe socorrer a los necesitados» (Hech 20,35); pero no olvidemos, sobre todo en las actuales circunstancias, que «también la propiedad se justifica moralmente cuando crea, en los debidos modos y circunstancias, oportunidades de trabajo y crecimiento humano para todos» (Juan Pablo II, Centesimus annus, 43).

Que la celebración del «Día de la Caridad» nos lleve este año a repensar a su luz nuestra vida, especialmente en el ámbito laboral, y a saber estar cerca y compartir con aquellos que sufren el paro.

Que vivamos las fiestas del Corpus como memoria de lo esencial de nuestra fe, del Don del Señor por nosotros, para que comprendamos mejor como todo lo que tenemos es un don que recibimos. Miremos así en este día de fiesta a nuestras familias y a nuestros seres queridos, a la vida y a los talentos que Dios nos da. De modo que, movidos por Su amor generoso, manifiesto en el esplendor callado del sacramento de la Eucaristía, sepamos también nosotros dar con alegría, haciendo fructificar en la caridad lo que somos y tenemos.

Lugo, 15 de mayo de 2013

+ Alfonso Carrasco Rouco

Obispo de Lugo

Mons. Alfonso Carrasco Rouco
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Nació el 12 de octubre de 1956 en Vilalba (Lugo). Cursó la enseñanza secundaria en el Seminario de Mondoñedo y los estudios de Filosofía en la Pontificia Universidad de Salamanca (1973-1975). Después estudió Teología en Friburgo (Suiza), donde obtuvo la Licenciatura en 1980. Fue ordenado sacerdote el 8 de abril de 1985 en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol. De 1980 a 1981 realiza labores de investigación en el Instituto de Derecho Canónico de la Universidad de Munich. De 1982-1987: Profesor asistente de la Cátedra de Moral Fundamental de la Universidad de Friburgo. Becario del “Fondo nacional suizo para la investigación” de la Universidad de Munich (1987-1988). En 1989 se doctora en Teología en la Universidad de Friburgo, con la tesis titulada: “Le primat de l’évêque de Rome. Étude sur la cohérence ecclésiologique et cononique du primat de juridiction”. Entre los años 1989-1991 forma parte del equipo parroquial de Santa María de Cervo, encargado de seis parroquias, en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, donde ejerce también como docente de la “Escuela Diocesana de Teología” . En 1992 se desplaza a Madrid como profesor agregado de Teología Sistemática del “Instituto Teológico San Dámaso”, convirtiéndose en catedrático en 1996. Este mismo año es nombrado consiliario del Centro de Madrid de la AcdP (Asociación Católica de Propagandistas). Desde 1994 a 2000 ejerce como director del “Instituto de Ciencias Religiosas” del Centro de estudios teológicos “San Dámaso” y vice-decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid desde 1998 a 2000. Decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid, desde 2000 a 2003. Durante los años 2001-2006 colabora regularmente en las Teleconferencias de la Congregación para el Clero para la formación permanente del clero (www.clerus.org). En 2004 actúa como relator de la Cuarta Ponencia (“Cómo vivir la comunión en la Iglesia”), y miembro nato de la Asamblea y de la Comisión central del Tercer Sínodo Diocesano de Madrid, clausurado el día 14 de mayo de 2005. Es miembro, además, de la Comisión Teológica Asesora de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española desde 1995; Miembro del Consejo de Redacción de la Revista Española de Teología y del Consejo Asesor de Scripta Theologica, Communio Nuntium (edición en español) (1992-2005). Fue también, hasta su ordenación episcopal, profesor de Teología dogmática en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid (desde 1996) y director del Departamento de Dogmática de la misma Facultad en 2006. Durante su estancia en Madrid colaboró pastoralmente en la Parroquia de “San Jorge, mártir de Córdoba”.