«La generosidad de sus vidas es una escuela de valores para las nuevas generaciones», dice de los artificieros fallecidos el Arzobispo Castrense Juan del Río

Castrense Viator fallecidos-explosionEl Campamento Álvarez de Sotomayor de Viator, en la provincia de Almería, acogía este último sábado de mayo día 26, el funeral por los artificieros de la Unidad de Zapadores de la Brigada de la Legión Rey Alfonso XIII fallecidos por una explosión el pasado lunes día 20.

Más de un millar de personas entre familiares, amigos y autoridades quisieron participar en la ceremonia religiosa para despedir con todos los honres a los brigadas Antonio Navarro García y Manuel Velasco Román, y el sargento Francisco Prieto González. Las exequias las presidió el Arzobispo Castrense monseñor Juan del Río, quien aludió a que «sólo el amor y el honor trasciende el dolor de estos momentos».

El Arzobispo, refiriéndose a la profesionalidad de los militares, expresó además como «la generosidad de sus vidas es una escuela de valores para las nuevas generaciones». Monseñor del Río se dirigió a los padres y madres, esposas e hijos, hermanos y amigos, para que buscarán el amparo de la fe, «donde viven eternamente en el Dios de la misericordia y de todo consuelo». También pidió por la pronta recuperación de los otros militares heridos.

Por su parte, el Ministro de Defensa Pedro Morenés impuso a título postumo a los tres militares caídos la Cruz de Mérito militar con distintivo amarillo. El general jefe de la Brigada de la Legión Juan Jesús Leza recordó que los artificieros fallecieron «cumpliendo una misión».

Se añade, a continuación, el texto de la homilía pronunciada por el Arzobispo Castrense, monseñor Juan del Río.

Homilía de Exequias

Homilía de las Exequias de los tres militares fallecidos en accidente, pertenecientes a la Unidad de Zapadores de la Brigada de la Legión en Viator (Almería), ocurrido el 20 de mayo de 2013

1Cor 15, 51-57; Sal 24; Lc 23,44-46.50.52.53; 24,1-6ª.

1º. Desgraciadamente, una vez más estoy “con vosotros y en medio de vosotros” (cf. San Agustín), para ofreceros en nombre de Jesucristo, Hijo de Dios vivo, una palabra que os conforte y aliente, ante el fatal e imprevisto acontecimiento de la muerte de estos tres artificieros de la base de la Legión “Álvarez Sotomayor” de nuestras Fuerzas Armadas Española en Viator (Almería): los Brigadas Antonio Navarro García y Manuel Velasco Román y el Sargento José Francisco Prieto González, los tres pertenecientes al Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Tierra. Tenían amplia experiencia como operadores de explosivos, habiendo actuando con alta profesionalidad y valentía en diversas misiones internacionales. Todos ellos se caracterizaban por su sentido del deber, por su nobleza de corazón, por su lealtad y servicio a España. El trabajo de estos tres Caballeros Legionarios era muy anónimo, pero imprescindible para combatir en la guerra asimétrica y preservar la seguridad ciudadana frente a cualquier terror. Desafiaban a la muerte en cada actuación para salvar otras vidas. Hacia realidad aquellas palabras de Cristo: “nadie tiene más amor que aquel que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13).

2º. De pronto, como nos ha dicho el Evangelio: “a eso del mediodía, vinieron las tinieblas” (Lc 23,44) sobre las vidas de estos soldados españoles Este suceso, nos hace sentir de que “no sabemos ni el día ni la hora” (Lc 12, 35-40), en que nos sorprende nuestro final. Porque toda existencia humana es un vivir a la orilla de lo inesperado. ¿Quién os iba a decir hace unos días o semanas que muy pronto perderíais a un ser querido? ¡Sólo el amor y el honor trasciende el dolor de estos momentos! Así, contemplando al Dios Crucificado y Abandonado, esta triste partida de nuestros militares a la casa del Padre, se convierte en la “Buena Muerte”, porque los introduce, por el perdón de sus pecados, en la patria definitiva del cielo. Por eso mismo, queridos padres, madres, esposas, hijos hermanos y familiares “¡no busquéis entre los muertos al que vive!”. Ellos, ciertamente, nos están aquí, pero viven eternamente en el Dios de la misericordia y de todo consuelo. Movidos por esta la confianza que da la resurrección de Cristo que ha vencido a la muerte, os decimos: ¡No estáis solos, compartimos vuestra pena! Todo ciudadano español de bien, sea de la condición que sea, tiene en alta estima la entrega y profesionalidad de estos legionarios fallecidos en acto de servicio. La generosidad de sus vidas es una escuela de valores para las nuevas generaciones.

3º. El enigma del sufrimiento y la muerte sólo se esclarece en la encarnación, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Él siendo hombre, vivió su muerte física como un acto supremo de amor y libertad. Al ser también Dios, tuvo poder para arrancar el “aguijón de la muerte y el pecado” (cf. 1 Cor 15,57) que esclavizaba al hombre, haciéndolo no un “ser para la muerte”, sino un “ser para la vida”. A la luz de la Palabra de Dios proclamada, sabemos y afirmamos, que los cuerpos mortales de nuestros hermanos tienen que “vestirse de inmortalidad”, y ello nos debe fortalecer y llenarnos de esperanza en medio de esta tragedia. Es más, en este caso, no se debería olvidar que para un legionario la muerte no es un tabú, sino que ha sido educado para asumir su propia entrega como precio a la seguridad, defensa y libertad de los otros.

4º Únicamente nos queda pedir también por los militares heridos en este siniestro, para que el Señor les conceda una pronta recuperación. Y a vosotros, familiares, amigos y compañeros de los fallecidos, tened confianza en Dios, no decaigáis en la esperanza de la resurrección futura. Repetir una y otra vez las palabras del salmista: “Señor…ensancha mi corazón oprimido, y sácame de mis tribulaciones…porque espero en ti” (Sal 24).

† Juan del Río Martín,
Arzobispo Castrense de España

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