El valor del silencio

Mons. Lluís Martínez SistachMons. Lluís Martínez Sistach     Se ha escrito que “la capacidad de silencio en el hombre es el termómetro de su calidad y nobleza”. Por desgracia, actualmente aumenta el ruido y disminuye el silencio. Y el silencio es lo que más necesitamos. Por eso, en este domingo dedicado a la Santísima Trinidad, la Iglesia recuerda especialmente a aquellas hermanas y hermanos cristianos que en su vida hacen silencio y rezan; es el día denominado Pro Orantibus. Las personas que forman nuestras comunidades monásticas son los testigos del valor silencio.

Hoy cuesta encontrar tiempo para la reflexión. Si queremos reflexionar, hemos de crear silencio en nuestro propio entorno y entrar en él sin miedo. El silencio concentra nuestra vida y nos ayuda a darle profundidad y a vivirla en plenitud.

El silencio es necesario para encontrarnos a nosotros mismos y para autodescubrirnos auténticamente; nos ayuda a mirar hacia el pasado con ecuanimidad, el presente con realismo y el futuro con esperanza. El silencio nos permite contemplar a Dios, a los hermanos y a la naturaleza con una mirada nueva y nos ayuda a proyectarnos hacia los demás con una mayor generosidad.

El silencio habla. Puede parecer una contradicción, pero no lo es en modo alguno. Sin embargo, es necesario saber escuchar el silencio, porque nos aporta siempre un mensaje de sabiduría. En el silencio nos autodescubrimos, vemos con mayor claridad nuestra propia vida, lo que hacemos y lo que dejamos de hacer, la calidad de nuestra existencia y aquello que Dios y el prójimo esperan de nosotros. En el silencio escuchamos también a nuestra conciencia. Un escritor inglés ha dicho que “el silencio es el gran arte de la conversación”. Esto es muy cierto porque en el arte de la conversación es muy importante saber escuchar al otro cuando habla. Y, como es obvio, esto pide una cierta capacidad de callar y de hacer silencio en nosotros. Sólo así podemos escuchar realmente al otro y establecer un diálogo.

Nuestros monasterios nos recuerdan que Dios habla en el silencio. Dios, que nos ha creado y nos ha salvado por amor, quiere establecer un diálogo con toda persona humana. Sin hacer silencio en nuestra vida es difícil escuchar la voz amorosa de Dios. Y ante la soledad que nuestra civilización fomenta, a todos nos es muy necesario y muy provechoso este diálogo interpersonal con Dios, un diálogo de amistad, como explica santa Teresa de Jesús.

El silencio crea un clima propicio para la oración. Este es el testimonio que nos dan nuestros hermanos y hermanas que rezan cada día por las necesidades de la Iglesia y del mundo. 

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

 

Mons. Lluís Martínez Sistach
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El Cardenal Martínez Sistach nace en Barcelona el 29 del abril de 1937. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Mayor de Barcelona entre los años 1954 y 1961. Fue ordenado sacerdote el 17 de septiembre de 1961 en Cornellá de Llobregat. Entre 1962 y 1967 cursó estudios jurídicos en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, doctorándose en Derecho Canónico y Civil. Terminados sus estudios jurídicos en Roma, fue nombrado Notario del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, cargó que ocupo desde 1967 a 1972. Desde ese mismo año y hasta 1979, fue Vicario Judicial Adjunto del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, y de 1975 a 1987, Profesor de Derecho Canónico de la Facultad de Teología de Cataluña, en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona y en el Instituto de los PP. Salesianos de Barcelona. De 1979 y 1987 fue Vicario General de la archidiócesis de Barcelona. En 1983 fue elegido Presidente de la Asociación Española de Canonistas. CARGOS PASTORALES Fue nombrado Obispo auxiliar de Barcelona el 6 de noviembre de 1987. Recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. Fue nombrado Obispo de Tortosa el 17 de mayo de 1991. El 20 de febrero de 1997 fue promovido a Arzobispo Metropolitano de Tarragona y el 15 de junio de 2004 a Arzobispo Metropolitano de Barcelona. El 6 de noviembre de 2015 el papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Barcelona, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 26 de diciembre del mismo año. Es Gran Canciller de la Facultad de Teología de Catalunya y de la Facultad de Filosofía de Catalunya, y Presidente de la Fundación “Escola Cristiana de Catalunya”. Creado Cardenal en el Consistorio de noviembre de 2007. En la Curia Romana es miembro, desde mayo de 2008, del Pontificio Consejo para los Laicos, del que ya era consultor desde 1996; del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos de la Iglesia, desde 2002, y desde julio de 2006, es también miembro del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, cargo para el que fue ratificado en mayo de 2008. Desde junio de 2010 es miembro de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede. El 9 de abril de 2013 la Generalitat de Cataluña le otorgó la Medalla de Oro. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos, de la que ya fue miembro desde 1987 al 2005 y Presidente de 1990 al 2002. Formó parte del Comité Ejecutivo de 2005 al 2011, año que fue elegido Presidente de la Comisión de Liturgia para el trienio 2011-2014. Desde este último y hasta diciembre de 2015, era miembro de la Comisión Permanente.