Vida Contemplativa: Centinelas de la oración

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano     La solemnidad de la Santísima Trinidad nos ayuda a considerar el misterio de Dios, uno y trino, en quien creemos. Desde el principio de nuestra vida cristiana, nos relacionamos con la Trinidad al ser bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Y profesamos nuestra fe en el Dios trinitario siempre que rezamos el Credo, oración cotidiana en este año de la Fe. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda: “El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la jerarquía de las verdades de fe. Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela a los hombres, los aparta del pecado y los reconcilia y une consigo” (CATIC nº 234).

En este día de la Solemnidad de la Santísima Trinidad la Iglesia celebra la jornada “pro orantibus”. Queremos tener especialmente presentes a nuestras comunidades de religiosas contemplativas, cuyos monasterios deben ser una escuela de fe y de comunión en la Iglesia y en el mundo (Cfr. Vita Consecratanº 16).  El lema para la jornada de este año es: “centinelas de la oración, vida contemplativa en el año de la Fe”. Las comunidades contemplativas que, como nos recuerda el Concilio Vaticano II en la Perfectae caritatis, “dedican todo su tiempo únicamente a Dios en la soledad y el silencio, en oración constante y en la penitencia practicada con alegría”. (PC 7)

Esa oración contante de nuestras comunidades contemplativas alienta a toda la Iglesia diocesana, en estos momentos en los que estamos desarrollando nuestro Plan diocesano de pastoral. No hay que olvidar que la oración es el presupuesto intrínseco de la evangelización pero también es su meta verdadera. La oración debe estar en el corazón de los evangelizadores y debe ocupar un espacio en su jornada; la experiencia nos dice que de Dios sólo puede hablar quién le habla a Él y habla con Él. La evangelización, y este aspecto es fundamental tenerlo en cuenta a la hora de programar nuestras acciones pastorales, debe tener como fin el llevar al creyente al encuentro con Dios y a entrar en comunión con Él. Esta se manifiesta con una vida de sincera, personal e intima oración

El Papa Francisco nos ha recordado la importancia de la oración desde el primer momento de su Pontificado. Todos recordamos con gratitud y emoción el primer saludo a la Iglesia y al mundo después de su elección el pasado 13 de marzo. En aquel momento de lo que más nos habla el Papa es de la oración. Pidió oraciones por el obispo emérito de Roma –Benedicto XVI–, puso en oración a cuantos estaban congrega­dos en la plaza de San Pedro y a quienes le seguían en directo desde los distintos medios de comunicación, y pidió igualmente oraciones por él para que el Señor, por medio de la Iglesia, le diera su bendición.

En la solemnidad de la Santísima Trinidad de este año de la Fe, queremos agradecer a las religiosas contemplativas que tienen sus monasterios en nuestra querida diócesis de Teruel y Albarracín, sus muchas oraciones a favor de las necesidades de todos. Os animo a tenerlas a ellas presentes en las nuestras. Y pido a Dios que los carismas de estas congregaciones, con los que nuestra diócesis se ha visto enriquecida a lo largo de los siglos, permanezcan con nosotros muchos años.

  + Carlos Escribano Subías,
 Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.