Centinelas de la oración

Mons. Atilano RodríguezMons. Atilano Rodríguez    Los cristianos, por el sacramento del bautismo, somos injertados en la comunión de vida y amor de las tres personas de la Santísima Trinidad para permanecer, crecer y mostrar este amor y unidad en cada uno de los instantes de la vida.Muertos con Cristo al pecado, confesamos a Dios como Padre creador y nos dejamos guiar por la acción del Espíritu Santo, que nos regala la vida divina, nos ayuda a entender la verdad revelada y nos guía con sus dones a la perfección en el amor. 

En esta fiesta de la Santísima Trinidad celebramos también la Jornada “Pro orantibus”, es decir, por los hombres y mujeres que lo han dejado todo para seguir al Señor en pobreza, castidad y obediencia, desde el silencio del claustro. Estos hermanos, como nos recuerda el Concilio Vaticano II, desde la clausura de sus monasterios “dedican únicamente su tiempo a Dios en la soledad y el silencio, en la oración constante y en la penitencia practicada con alegría” (Perfectae Caritatis, 7). 

El lema elegido para la celebración de este día, en el año de la fe, nos habla de unas personas que, desde su total consagración a Dios, viven y actúan como “Centinelas de la oración”.  Los miembros de la vida contemplativa, como buenos centinelas, desde el carisma y la espiritualidad de cada familia monástica, permanecen en constante oración, manteniendo viva la antorcha de la fe, respondiendo con generosidad al amor de Dios y esperando con profunda alegría la llegada del Esposo para participar en el banquete de las bodas eternas. 

Las personas contemplativas, conquistadas por el amor de Jesucristo, saben su origen en el amor de Dios, conocen el camino a recorrer y tienen clara la meta hacia la que dirigen sus pasos. En medio de las oscuridades del momento presente, estos hermanos y hermanas, con su silencio, trabajo y oración, así como por la observancia gozosa de los consejos evangélicos, nos están invitando a pararnos, a no dejar de buscar el sentido de la vida y a escuchar la voz del Señor para descubrir nuestra verdadera vocación como hijos de Dios. 

En este día, al mismo tiempo que agradecemos los sacrificios y oraciones de los contemplativos por cada uno de nosotros, por las necesidades de la Iglesia y por la solución pacífica de los problemas del mundo, es justo que tengamos también un recuerdo especial para ellos en nuestra oración. Pidámosle al Padre celestial que multiplique las vocaciones a la vida contemplativa y que mantenga viva la fidelidad y la entrega de tantos hermanos y hermanas que nos recuerdan cada día a Jesucristo, el único necesario. 

En nuestra diócesis, todos podemos experimentar cada día la acogida cordial, la oración fervorosa y la alegría verdadera de las monjas de clausura, que nos acompañan cada día con su oración y sacrificios en la misión evangelizadora de la Iglesia. Haciendo caso de lo que nos dice la Madre Teresita, desde el Monasterio de Buenafuente del Sistal, vayamos a la Virgen. Ella nos enseñará y tendrá para cada uno un consejo. 

Con mi bendición, feliz día de la Santísima Trinidad. 

Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.