Caminar hacia nuevos horizontes

Gil_HellinMons. Francisco Gil Hellín    La semana pasada he tenido dos momentos especiales de gozo y alegría. Uno de ellos tuvo lugar el sábado 18, víspera de Pentecostés. El motivo fue que en la catedral celebré el sacramento de la Confirmación a una treintena de adultos; algunos, incluso muy adultos, pues estaban casados y con hijos.
 
Varios de ellos, habían pedido recibir ese sacramento para contraer matrimonio o ser padrinos del bautismo, dado que haber recibido la Confirmación es requisito necesario para ambos supuestos; el resto, por diversas causas, pero todas relacionadas con una mayor toma de conciencia con la propia fe. Casi todos eran españoles, aunque había algún inmigrante.
El segundo acontecimiento que me ha causado gran alegría ha sido el bautismo de una médico en la Parroquia de san Rafael. Como se trataba de una persona adulta, le conferí también la Confirmación y le di la Primera Comunión. Además, su novio recibió la Confirmación. Era emocionante ver la unción y fervor con que ambos recibían esos sacramentos, lo cual dejaba patente que se habían preparado con cuidado e intensidad.
 
Estos hechos ya han dejado de ser insólitos y cada día serán más normales. Porque cada día es mayor el número de adultos que desean recibir la Confirmación, y el de los que no están bautizados y quieren hacerse cristianos mientras están en el periodo escolar o desde los dieciocho años en adelante. Pienso que es una llamada que nos hace el Señor, para que tomemos más conciencia del mandato con el que se despidió antes de su marcha al Cielo: “Id, y haced discípulos míos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”.
 
Este mandato tuvo como destinatarios directos e inmediatos a los apóstoles; pero se dirigía también a todos los que serían discípulos suyos en el futuro. Recientemente lo ha recordado el Concilio Vaticano II, al decir que todos los bautizados están incorporados a la misión de Jesucristo y se convierten en apóstoles suyos. Obispos, sacerdotes, religiosos y seglares: todos estamos implicados en la tarea de anunciar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo que Jesucristo ha muerto y resucitado por ellos.
 
Diría incluso más. Los más implicados sois los seglares, en cuanto que estáis metidos en todas las encrucijadas de la vida, gracias a que muchos tenéis hijos o nietos, y tantos ejercéis una profesión u oficio, y, a través de ellos, hacéis amistades y entráis en contacto con muchas personas. Con vuestro ejemplo y con vuestra palabra podéis ser despertadores del deseo de acercarse a Jesucristo y retomar un camino, quizás abandonado desde hace años, o emprenderle por primera vez. Me gusta pensar que el Señor cuenta con nuestros ‘pocos’, es decir: con nuestras pequeñas capacidades y esfuerzos. Si dejamos que el Señor cuente realmente con ellos, realizará de nuevo el milagro de multiplicar los panes y los peces y llegar a una gran multitud.
Teniendo en cuenta todo esto, tengo la intención de dar un fuerte impulso a la pastoral de los que no han recibido la Confirmación y a la de los que no están bautizados; así mismo, a la de quienes, tras años de lejanía de la práctica de la Iglesia o incluso de la fe, quieren reemprender el camino. En este tiempo de nueva evangelización es imprescindible iniciar nuevos caminos y llamar a la fe con alegría y convicción, conscientes de que no podemos hacer mejor regalo a nadie que acercarle a Jesucristo. Por eso, animo a los sacerdotes a que, ya desde ahora, vayan pensando en ello de cara al curso pastoral que iniciaremos el próximo septiembre. Este campo es uno de esos a los que el Papa Francisco se está refiriendo cuando habla de salir a las “periferias existenciales” de la gente. Precisamente, su gran espíritu misionero es un fuerte aldabonazo para el nuestro.
 
+Francisco Gil Hellín, 
Arzobispo de Burgos
 
Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.