Santísima Trinidad

martorell7Mons. Julián Ruiz Martorell   Queridos hermanos en el Señor:  Os deseo gracia y paz.

El sacerdote nos suele saludar al comienzo de la Eucaristía con una expresión tomada del final de la segunda carta de San Pablo a los Corintios: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros” (cf. 2 Cor 13,13).      

 La Eucaristía comienza con estas palabras: “en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Es una expresión con la que solemos comenzar cada jornada y muchas de nuestras actividades. También concluimos muchas de nuestras obras con esta invocación.       La vida cristiana se desarrolla totalmente bajo el signo y en presencia de la Trinidad. En la aurora de la vida, fuimos bautizados “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”; y al final, junto a nuestra cabecera, se recitarán las palabras: “Marcha, oh alma cristiana de este mundo, en el nombre de Dios, el Padre omnipotente que te ha creado, en el nombre de Jesucristo que te ha redimido, y en el nombre del Espíritu Santo que te santifica”.      

 Entre estos dos momentos extremos, se sitúan muchos otros que, para los cristianos, están marcados por la invocación de la Trinidad. Comenzamos la celebración de los sacramentos “en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”; invocamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo al terminar cada salmo en la Liturgia de las Horas; creemos en el Dios Uno y Trino en la profesión de fe; el sacerdote nos da la absolución “en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”; en el nombre el Dios Uno y Trino los esposos se unen en matrimonio y los sacerdotes son ordenados por el obispo; al concluir la Eucaristía el sacerdote nos envía “en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”.      

 Es equivocado pensar que la Trinidad es un misterio remoto, objeto exclusivo de la especulación de los teólogos. Puesto que hemos sido creados a imagen del Dios Uno y Trino, llevamos impresa su huella en nuestro interior, y nuestra vocación consiste en realizar la misma síntesis sublime de unidad y diversidad.       

 El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es la fuente de todos los misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Se nos invita a contemplar, por decirlo así, el Corazón de Dios, su realidad más profunda, que es la de ser Unidad en la Trinidad, suma y profunda comunión de amor y de vida.      

 Nuestra mirada se dirige hacia la realidad de amor contenida en este primer y supremo misterio de nuestra fe. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno, porque Dios es amor, y el amor es la fuerza vivificante absoluta. El Padre da todo al Hijo; el Hijo recibe todo del Padre con agradecimiento; y el Espíritu Santo es como el fruto de este amor recíproco del Padre y del Hijo. Dios es amor, comunión entre el Padre que ama, el Hijo que es amado y el amor que les une, que es el Espíritu Santo.

 En la solemnidad de la Santísima Trinidad experimentamos asombro y admiración, gratitud y alabanza, y también responsabilidad, porque el Señor nos dice: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos” (Mt 28,19-20).

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

 +Julián Ruiz Martorell,

obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.