Oremos…

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     Dios es Amor». Es la expresión que mejor define el misterio grande, que nos desborda, de la Santísima Trinidad que celebramos en este domingo. Nos dice el cardenal Walter Kasper, en el libro que nos recomendó el Papa Francisco: La Misericordia. Clave del Evangelio y de la Vida Cristiana: «Jesús al morir elevado en la cruz, entregó el espíritu. En San Juan, la elevación tiene el doble sentido de elevación física en la cruz y la elevación a la derecha del Padre. La entrega del espíritu fue interpretada por los padres de la Iglesia en referencia al Espíritu Santo… En el discurso de despedida, que recoge el mismo evangelista, Jesús dice: “Si alguien me ama cumplirá mi palabra, mi Padre lo amará, vendremos a él y habitaremos en él”… Así, pues, disfrutamos de una comunión íntima con el Padre y el Hijo, y esta comunión es para nosotros suprema alegría y perfecta realización de nuestra condición humana».

Por todo ello, nos dice el Catecismo que «La oración cristiana es una relación de Alianza entre Dios y el hombre en Cristo. Es acción de Dios y del hombre; brota del Espíritu Santo y de nosotros, dirigida por completo al Padre, en unión con la Voluntad humana del Hijo de Dios hecho hombre» (CEC 2564).

Entramos así, los cristianos, en el diálogo de las tres divinas personas, unidos a Jesucristo y, en Él, con toda la humanidad, con sus alegrías, tristezas y esperanzas. No es nada extraño, por tanto, que, en el Domingo de la Trinidad, celebremos la Jornada Pro Orantibus, que la Iglesia fije su atención en los hombres y mujeres que, en los Monasterios de Clausura, «se consagran enteramente a Dios por la oración, el trabajo, la penitencia y el silencio. Toda la Iglesia debe orar al Señor por esta vocación tan especial y necesaria, despertando el interés vocacional por la vida consagrada contemplativa», nos dice el obispo de Santander, presidente de la Comisión episcopal para la Vida Consagrada.

Algunos de vosotros me habéis dicho en la Visita Pastoral que rezamos poco y mal, que tenemos en poca estima la oración. Yo no tengo esa opinión de la comunidad cristiana, porque, aun sin saberlo expresar como el cardenal Kasper, después de decir el sacerdote: «Por Cristo, con Él y en Él, a ti Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos», sabemos y decimos con razón: «Amén», y rezamos el Padre Nuestro. Aunque sí creo que deberemos teñir toda nuestra oración personal, devocional y comunitaria de este sentido de las cosas que nos da el estar inmersos en el Misterio de la Santísima Trinidad, que, por otra parte, sabemos expresar cuando decimos: «Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos».

Es una alegría comprobar cómo os vais incorporando los seglares a la oración de la Liturgia de las Horas en las parroquias y en vuestra vida personal, que no privada, pues os unís a la oración pública y común de la Iglesia, que es la oración de Cristo con su Cuerpo. Por su medio, el Misterio de Cristo, que celebramos en la Eucaristía, santifica y transfigura el tiempo de cada día. Dediquemos más tiempo a la oración, tiempo a elevar el alma a Dios y tiempo para la petición al Señor de bienes conformes a su voluntad. Por eso nos dice el Catecismo que «La oración es siempre un don de Dios que sale al encuentro del hombre. La oración cristiana es relación personal y viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo, que habita en sus corazones» (Compendio, 534) 

Vuestro obispo, + Antonio.

Obispo de Ciudad Real

 

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.