De Babel a Pentecostés

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol   Pentecostés, como Pascua, era una fiesta judía antes de que también fuera cristiana. Nuestros padres en la fe, el pueblo hebreo, la celebraba siete semanas después de la fiesta de los Ácimos, que coincidía con la Pascua, y tenía por objeto dar gracias a Dios por la recoleción de la cosecha de cereales. Poco antes del nacimiento de Jesús, la solemnidad, aparte de ser un día de acción de gracias, se había convertido en renovación de la alianza del Sinaí, con la entrega del don de la Ley que hizo Dios a Moisés en el monte santo. Según el relato del Éxodo, la entrega de los Diez Mandamientos fue precedida por un fuego, un trueno y un viento impetuoso. Este relato parece tener correspondencia con el del Pentecostés cristiano. También en este caso, sobre los apóstoles, reunidos en Jerusalén, sopló el viento y descendieron unas como llamaradas de fuego que se posaron sobre ellos.

Esta vez la ley de la Antigua Alianza se completó, con parecidos signos externos, con la Nueva Alianza en el Espíritu Santo. Nacía la Iglesia, de acuerdo con la promesa de Jesucristo. El pueblo escogido ya no era sólo Israel, sino todos los pueblos, como escribió San Pablo a los Corintios: «En un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres…». El mensaje era claro: el Espíritu Santo derriba todas las posibles barreras de razas y naciones. Todos somos hermanos en Jesucristo.

Benedicto XVI repara en otra aportación del texto de los Hechos de los Apóstoles: en aquel que nos dice que había por aquellos días en Jerusalén gentes de muy diversas procedencias y todos entendían las palabras de los apóstoles. Es un símbolo de la unidad, que nos lleva, por contraste, a pensar en la confusión de lenguas que siguió a la construcción de la Torre de Babel. La lección es que la soberbia, cuando el hombre intenta prescindir de Dios y se endiosa él mismo, lleva a la desunión; mientras que las personas que se dejan llevar por el soplo del Espíritu, son agentes de unidad y siembran la paz a su alrededor.

Hoy, en esta fiesta de Pentecostés, podemos dar gracias a Dios, como fue la intención primera de los judíos al establecerla, y también celebrar la presencia del Espíritu Santo entre nosotros, que asistirá siempre a su Iglesia.

Hace poco hemos tenido una prueba más, si puede hablarse así, de esta asistencia. Durante el tiempo de sede vacante, muchos periodistas y vaticanistas pronosticaron quién sería el nuevo Papa. Barajaban muchas posibilidades, pero nadie acertó con que el elegido sería el cardenal argentino Bergoglio. La presencia del Espíritu se hizo casi patente en el cónclave.

Pero no pensemos que sólo actúa en momentos especiales de la vida de la Iglesia. Nos asiste a cada uno de nosotros cuando lo invocamos y nos conduce generalmente no como viento impetuoso, sino como brisa suave que nos llena de paz y nos enseña cómo estrechar la unidad con todos nuestros hermanos.

 + Jaume Pujol Bacels

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.