La familia, apoyo fundamental de la vocación al sacerdocio

Oviedo padres sacerdotesiglesiadeasturias.org

Los padres de los nuevos sacerdotes relatan sus reacciones y experiencias ante la vocación de sus hijos. Llegan a la entrevista puntuales, algo asustados por la novedad de la situación. “No sabemos si vamos a saber contestar bien”, adelantan, a la vez que sonríen; quizá la presencia de sus hijos allí les tranquiliza.

Son Marisol y Celestino, Juana y Félix, los padres de Tino y Miguel, aún diáconos en el día de la entrevista, pero nuevos sacerdotes de la diócesis de Oviedo desde el sábado día 18 de mayo. Ambos matrimonios tienen tres hijos cada uno, y ambos, también, recibieron con sorpresa la noticia, hace siete años, de que sus hijos pequeños querían ingresar en el Seminario.

Nunca se lo habrían imaginado, como tampoco se imaginarían lo felices y satisfechos que iban a sentirse más adelante. El padre de Tino es jubilado de Hunosa, y su madre es ama de casa. Félix, el padre de Miguel, tuvo hasta su jubilación una fábrica de puertas, y Juana, su madre, una tienda de manualidades. Con todos ellos hemos hablado sobre cómo acoge una familia trabajadora, completamente normal, la inesperada noticia de que su hijo decida ingresar en el Seminario.

¿Cómo fue la aquella primera vez en que vuestro hijo os comunicó que quería ser sacerdote?

Marisol: Estuvo meditando cómo decírnoslo, y una vez que lo hizo, a mí me pareció muy bien, estaba encantada. Aunque él ya tenía su vida, había estudiado, estaba trabajando, pero se ve que quería otra cosa.

Celestino: Pues a mí de primera mano me pareció un poquitín raro, por el ambiente que hay por ahí por Mieres, pero luego ya, encantado.

Marisol: No se nos había pasado por la cabeza, porque aunque trabajaba mucho en la parroquia, y estaba muy entregado, no me esperaba que quisiera ser sacerdote, más que nada porque ya había terminado de estudiar, y volver otra vez, me parecía muy valiente. Me admiró mucho.

Tino: Yo estudié informática, y estuve trabajando como comercial, pero veía que, aunque ganaba mucho dinero, no me llenaba. Me vi obligado a decirlo en casa porque empezaba a correrse la voz. Lo sabía incluso don Carlos Osoro, y pensé que había que decirlo ya. Se lo dije primero a mi madre, para que me “allanase el camino”.

Marisol: ¡O sea que se enteró primero don Carlos! Eso no lo sabía yo…

Félix: Cuando nuestro hijo Miguel tomó la decisión, en realidad no era la primera vez que nos lo decía. Venía amenazando desde hacía años, pero nunca tomaba la decisión y nosotros pensábamos que nunca lo haría.

Juana: Por eso, cuando lo dijo me quedé un poco fría. Le dije que si estaba chiflado. Pero luego vi que no, y bueno, si eso era lo que él quería, fenomenal. Sus hermanos al principio también reaccionaron extrañados, pero luego le han apoyado.

Félix: Pensamos que podía intentarlo, pero no teníamos claro cuánto aguantaría. Le dijimos que se diera el plazo de un año para ver qué pasaba, y él dijo que se iba a dar dos años. Cada año que pasaba estaba más contento, hasta ahora.

¿Y cómo habéis vivido estos seis años de Seminario?

Félix: La verdad es que desde el primer momento nos integramos. Nosotros no sabíamos cómo funcionaba el Seminario ni nada, pero en el momento en que Miguel entró, empezamos a participar de la vida del Seminario y entendimos muchas cosas, lo que hacen, cómo lo hacen y al final, te das cuenta del mérito que tienen.

Marisol: Nosotros vinimos la primera vez un poco asustados. Pero luego, al entrar y ver lo bien que nos acogieron todos, nos encontramos ya como en casa y vimos que era como una familia más.

Supongo que habréis podido apreciar también cómo ellos maduraban en su vocación…

Marisol: Ellos estaban muy maduros cuando vinieron. Yo a Tino siempre le he visto muy feliz, sin titubeos. Siempre tiene la cara alegre, incluso en África estaba feliz de la vida. Y si él está feliz, yo también.

Juana: Sí que estaban encantados en África. Ahora, que si tienen que volver, yo me asustaría un poco.

Personalmente para vosotros los padres ¿ha cambiado vuestra manera de vivir la fe?

Celestino: Sí, todo es diferente a lo de antes.

Juana: Nosotros, de hecho, hicimos unos Cursillos de Cristiandad que nos vinieron muy bien. Nos abrieron los ojos. Miguel insistió mucho en que fuéramos a uno.

Félix: Nos decía, “tenéis que ir, cuándo vais a ir…” No encontrábamos nunca el momento, porque hasta hace 4 días estábamos trabajando y no teníamos tiempo, pero al final pensamos eso de “…vamos a tener que ir”.

Miguel: Yo hice unos Cursillos que me vinieron muy bien. Cuando me invitaban, también ponía muchas excusas, hasta que una vez me quedé sin excusas y tuve que ir. Y tengo que reconocer que me hizo mucho bien, por eso pensé que sería bueno que mis padres tuvieran esa experiencia.

Marisol: Yo la verdad es que creo que sigo siendo la misma. Estoy contenta, ilusionada, pero igual que antes.

¿Cómo ha podido influir la educación y la transmisión de la fe en vuestra familia a vuestros hijos?

Félix: Para nuestra generación, la transmisión de la fe era algo rutinario, natural. Así lo hicimos nosotros con nuestros hijos. Ellos fueron a colegios religiosos y en parte esperabas de ellos que les enseñasen esas cosas. Ni estábamos alejados, ni éramos beatos.

Marisol: En nuestro caso, fueron más bien los mayores los que fueron a colegio religioso, Tino sólo fue tres años.

Tino: Sí, pero en mi caso, más que por el colegio, mi vocación se la debo a la familia. Si bien fueron los últimos en enterarse, para mí fueron los primeros en decir que sí, especialmente mi abuela.

El tesoro de tener un hijo sacerdote

Ninguna de las dos familias se imaginaba que uno de sus hijos llegaría a ser sacerdote. No entraba en sus planes y además, al principio les impresionaba pensar en el largo camino por delante que tenían, ellos que parecían ya encaminados en la vida. Sin embargo, una vez que ha sucedido, se sorprenden de la acogida que ha tenido la noticia entre amigos y vecinos. “¡Qué suerte!”, les dicen muchos. “Hace poco una señora me decía “oye y a mí los míos, que ninguno ha querido serlo”, recuerda Marisol, la madre de Tino, y es que “a pesar de estos tiempos de crisis que vivimos, hay mucha gente que se te acerca y te dice cosas positivas, y eso nos hace sentirnos muy felices”, afirma

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