«España se construye de muchas formas, también con el fruto de la semilla del dolor», recuerda el Arzobispo Castrense en la misa por los militares fallecidos

Castrense misa funeral militaresDentro de las actividades espirituales y pastorales que con motivo del Año de la Fe se celebran en este Arzobispado Castrense de España, ayer jueves día 16 de mayo en la Catedral Castrense ha tenido lugar un solemne misa Exequial en memoria de todos los militares españoles fallecidos en misiones internacionales, recordando especiamente a los caídos en Afganistán y a los fallecidos en el accidente de avión del 26 de mayo de 2003 en Turquía.

En la última semana de la cincuentena pascual, contemplando a Jesucristo sentado a la derecha del Padre, el Arzobispo monseñor Juan del Río y los capellanes castrenses de España se han reunido para celebrar su victoria sobre la muerte.

Homilía del Arzobispo monseñor Juan del Río

Queridos hermanos sacerdotes, Capellanes Castrenses, seminaristas del Seminario Castrense “Juan Pablo II”.

Sr. Ministro, Sr. Jefe de la Casa de Su Majestad el Rey, Sr. Secretario y Sra. Subsecretaria del Ministerio de Defensa, Generales Jefes de los Estados Mayores del Ejército de Tierra y del Ejército del Aire, queridos militares.

Queridos familiares aquí presentes que nos recordáis a tantos otros que también sufrieron el dolor de la pérdida de un ser querido, sirviendo a España en lugares lejanos, desde Afganistán, Bosnia y tantos otros puntos, donde España se ha hecho presente durante estos años para defender la libertad, la paz, los derechos humanos, la seguridad, la reconstrucción y la armonía, entre todos los pueblos.

1. España se construye de muchas formas, también con el fruto de la semilla del dolor. Cuántas veces hemos cantado “La muerte no es el final del camino”, por eso este Arzobispado ha querido, en este tiempo Pascual, dentro del Año de la Fe, tener un recuerdo sencillo y agradecido para estos militares, que supieron dar lo mejor de sus vidas al Servicio de España.

Muchos de los Capellanes aquí presentes han servido a los soldados españoles en diversos países y cometidos. Ellos saben bien de sus alegrías y de sus penas y saben también de su sacrificio y de su amor a la Patria y, lo que quería ser un sencillo acto de oración, gracias a vuestra numerosa presencia se ha convertido en un acto de la familia militar. Muchos otros no habrá podido venir o por sus ocupaciones o por la distancia, pero se unen de corazón a esta Eucaristía.

2. La oración consuela el alma, rearma el Espíritu, da razones para la esperanza y nos recuerda que sus vidas han sido utilísimas para hacer una España mucho más segura, una España más respetada en el concurso de las naciones, una España comprometida con sus aliados. ¡Gracias por vuestra presencia!

Los militares por los que rezamos contribuyeron con sus vidas a la libertad y seguridad que hoy disfrutamos, llevando hasta el límite aquella promesa o juramento de fidelidad a la bandera, de estar dispuesto a derramar la sangre por España. La pérdida de un ser querido siempre es dolorosa y traumática. Nosotros no tenemos otra fuerza para consolar, no tenemos otro gesto más hermoso que ofreceros, que la invocación al Señor que es el Buen Pastor de nuestras almas: “aunque camine por cañadas nada temo porque tu vas conmigo”. El que murió en la Cruz y fue reconocido como Hijo de Dios por el Centurión Romano, sale hoy a nuestro encuentro y nos da fe y esperanza para seguir sirviendo con generosidad a nuestra nación.

3. Desde el Señor Jesús podemos decir, tanto a los creyentes como a todos hombres y mujeres de buena voluntad, que el amor es más fuerte que la muerte y que la muerte siempre es vencida por la esperanza en la resurrección. Mucho más, en aquellos que dan su vida por la Patria, por los valores e ideales castrenses, que hacen que otros disfruten de paz y prosperidad.

Por eso en este Año de la Fe como Iglesia peregrina que somos el Arzobispado Castrense, no podíamos olvidar a estos españoles, a estos hombres y mujeres valientes y, con este gesto sencillo de reunirnos una mañana para orar con los capellanes que tuvieron misiones internacionales, recordar a estos soldados españoles, que tanto bien han hecho a nuestra sociedad.

4. No podemos devolver la vida terrenal pero sí podemos dar una esperanza: que Jesucristo muerto y resucitado escucha la oración de la Iglesia que camina en medio del mundo, en este valle de lágrimas. Escucha la oración por la iglesia purgante, con la iglesia celeste. ¡Esta es la Iglesia que proclama Jesucristo como Señor de la historia! ¡El único que tiene poder “para hacer de lo imposible lo posible”! ¡Él es nuestra esperanza!

Que Jesús, el Gran Viviente, os recompense este acto de caridad cristiana y de solidaridad humana. Así sea.

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