Cristianos laicos: testigos de la fe en el mundo

Mons. Casimiro López LlorenteMons. Casimiro López     Queridos Diocesanos:

En Pentecostés se cumple la promesa del Señor: “Os enviaré el Espíritu Santo y seréis mis testigos en Jerusalén, en Galilea y hasta los confines de la tierra”. Recibido el Espíritu Santo, los apóstoles vencen el miedo y comienzan a proclamar en público la salvación de Dios, realizada en Cristo. Recibido el Espíritu Santo, que fortalece la experiencia de su encuentro con el Señor Resucitado, los discípulos se convierten en misioneros del Evangelio, en creadores de unidad y testigos de esperanza. Saben que su secreto es la fuerza y presencia del Espíritu: es la fuerza del amor de Dios, la que les da energía y les hace proceder con audacia porque creen en el Señor Resucitado.

Para ser la Iglesia querida por su Señor, Jesucristo, la Iglesia ha de llevar el Evangelio a toda criatura. Todos los bautizados estamos llamados a anunciar el Evangelio, para que la salvación de Jesús llegue a todos los hombres y mujeres. Los cristianos somos llamados a ser testigos de la fe en Cristo en todos los ambientes.

“Testigos de la fe en el mundo” es el lema del Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, que celebramos en Pentecostés con toda la Iglesia en España. Los cristianos, injertados en Cristo e incorporados a la Iglesia en virtud del bautismo, recibimos la plenitud del Espíritu Santo en la confirmación. El Espíritu Santo nos ayuda a comprender todo lo transmitido por el Señor; y su testimonio, que ilumina nuestra fe, nos convierte en testigos de la Palabra y de la Resurrección de Jesucristo. El Espíritu Santo nos da la fuerza para superar los miedos y nos impulsa a proclamar por doquier la Buena Noticia de la salvación de Dios en Cristo. Como los apóstoles de Jesús entonces, los cristianos de hoy, llenos de la alegría por el encuentro con el Resucitado, estamos convocados en esta hora de la historia para decir al mundo que el Señor vive y que fuera de Él no hay salvación ni futuro ni esperanza para la humanidad.

No olvidemos que el Señor, antes de enviar a sus discípulos en misión hasta los confines de la tierra, los llamó a estar con Él para conocerle, amarle y seguirle. Lo mismo sucedo hoy: Sólo encontrándose personalmente con Cristo, como el Mesías y el Señor, sólo creyendo y confiando en Él, sólo dejándose transformar por Él y permaneciendo unidos a Él y con todos los que están unidos á Él, podremos los cristianos de hoy dar testimonio de Cristo, de lo que hemos visto, oído y experimentado. 

La misión de ser testigos del Evangelio está confiada a todos los bautizados. A los fieles laicos les corresponde sobre todo “la evangelización de las culturas, la inserción de la fuerza del Evangelio en la familia, el trabajo, los medios de comunicación social, el deporte y el tiempo libre, así como la animación cristiana del orden social y de la vida pública nacional e internacional” (Juan Pablo II). Para ello hemos de vivir con mayor estima y coherencia la propia vocación cristiana en la comunión y misión eclesial, que se muestra y verifica en la comunión con los pastores. Es el Señor mismo, quien nos llama a estar con Él y quien nos envía por la fuerza de su Espíritu a ser sus testigos hasta los confines de la tierra. No tengamos miedo a ser y confesarnos cristianos. No estamos solos. El Señor resucitado cumple su promesa: Él nos precede y acompaña siempre con la fuerza del Espíritu Santo.

Con mi afecto y bendición,

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Mons. Casimiro Lopez Llorente
Acerca de Mons. Casimiro Lopez Llorente 380 Articles
Nació en el Burgo de Osma (Soria) el 10 de noviembre de 1950. Cursó los estudios clásicos y de filosofía en el Seminario Diocesano de Osma-Soria. Fue ordenado sacerdote en la Catedral de El Burgo de Osma el 6 de abril de 1975. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y en 1979 la Licenciatura en Derecho Canónico en el Kanonistisches Institut de la Ludwig-Maximilians Universität de Munich (Alemania). En la misma Universidad realizó los cursos para el doctorado en Derecho Canónico. El 2 de febrero de 2001 fue nombrado Obispo de Zamora. Recibió la Ordenación episcopal el 25 de marzo de 2001. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos y Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.