Seglares y sacerdotes

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora    La coincidencia en esta semana del Día de la Acción Católica en la solemnidad de Pentecostés, en la venida del Espíritu Santo, y la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote el día 23, tan significativa para los sacerdotes, me da pie para agradeceros a todos, sacerdotes y seglares, todo el trabajo apostólico que lleváis a cabo en nuestra diócesis de Ciudad Real. Agradecer y estimular, pues se trata de la vida de Dios que recibimos en el Bautismo y que se ha desarrollado en los distintos estados de vida cristiana con la presencia del Espíritu Santo, que es el que distribuye los carismas (las gracias del amor de Dios) en su Iglesia.

Es por esto que la fiesta sacerdotal que es la contemplación de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, nos lleva a los sacerdotes a entregar la vida a nuestra gente, porque Jesucristo une lo humano y lo divino: «teniendo un gran sacerdote al frente de la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero y llenos de fe». Los sacerdotes hemos sido hechos cruz y entrega con Cristo para que todos puedan llegar a Dios y encontrarse en la comunidad eclesial, en la casa de Dios y ahí ser libres para realizar su existencia cristiana.

En este sentido nos advirtió el verano pasado el Papa Benedicto: «La corresponsabilidad exige un cambio de mentalidad especialmente respecto al papel de los laicos en la Iglesia, que no se han de considerar como “colaboradores” del clero, sino como personas realmente “corresponsables” del ser y del actuar de la Iglesia. Es importante, por tanto, que se consolide un laicado maduro y comprometido, capaz de dar su contribución específica a la misión eclesial, en el respeto de los ministerios y de las tareas que cada uno tiene en la vida de la Iglesia y siempre en comunión cordial con los obispos» (Benedicto XVI, Mensaje a la AC, 10/08/2012).

La necesidad de salir al paso de la vida ordinaria y extraordinaria de la Iglesia por parte de los sacerdotes puede situar a los seglares en la posición de “que me lo den todo hecho y si me lo piden colaboro” o, por el contrario, “el sacerdote se lo guisa y se lo come y aquí no hay posibilidades de hacer nada”. Simultáneamente el sacerdote se queja de que cuesta mucho encontrar “colaboradores” y “en cuanto tomas alguna decisión que no les conviene, desaparecen”.

El Papa Benedicto deshace esta especie de círculo vicioso recordando la importancia y la necesidad de establecer un estilo y unas relaciones sacerdotes–seglares (laicos y pastores) que el Concilio define con el adjetivo «familiar»: «De este trato familiar entre los laicos y los pastores se pueden esperar muchos bienes para la Iglesia; actuando así, en los laicos se desarrolla el sentido de la propia responsabilidad, se favorece el entusiasmo, y las fuerzas de los laicos se unen más fácilmente a la tarea de los pastores. Estos, ayudados por laicos competentes, pueden juzgar con mayor precisión y capacidad tanto las realidades espirituales como las temporales, de manera que toda la Iglesia, fortalecida por todos sus miembros, realice con mayor eficacia su misión para la vida del mundo» (Lumen gentium, 37).

A lo largo de la Visita Pastoral voy constatando la gran verdad de todo lo que voy describiendo en esta carta de Pentecostés. El Espíritu Santo está presente y activo en su Iglesia para ir conformando en este mundo, en este tiempo, el Cuerpo del Señor Jesucristo, Resucitado, con la corresponsabilidad de todos los miembros del Pueblo de Dios. 

Vuestro obispo,

+ Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

 

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.