Nuevos espacios para la Evangelización

Mons. Braulio Rodríguez PlazaMons. Braulio Rodríguez      La Ascensión del Señor a los cielos inaugura una nueva forma de presencia de Jesucristo Resucitado en medio de su Pueblo. La ascensión de Cristo no significa, pues, que Él esté desconocido hasta que vuelva en un último día. En absoluto. San Lucas (24,50-53) nos dice que los discípulos estaban llenos de alegría después de que el Señor se había alejado de ellos definitivamente ese día de la Ascensión. Benedicto XVI señala acertadamente: “Nosotros nos esperaríamos lo contrario. Nos esperaríamos que hubieran quedado desconcertados y tristes. El mundo no había cambiado, Jesús se había separado definitivamente. Habían recibido una tarea aparentemente irrealizable, una tarea que superaba sus fuerzas (…) ¿Cómo es posible que su despedida definitiva no les causara tristeza? (…) ¿Cómo podemos entender nosotros todo esto?” (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, II, p.325-326).

En realidad, dice el Papa emérito, la “ascensión” no es un marcharse a una zona lejana del cosmos, sino la permanente cercanía que los discípulos experimentan con tal fuerza que les produce un alegría duradera. El Jesús que se despide no va a alguna parte en un astro lejano. Él entra en la comunión de vida y poder con el Dios viviente. Por eso no “se ha marchado”, sino que, en virtud del mismo poder de Dios, ahora está siempre junto a nosotros y por nosotros. Por eso manda a sus Apóstoles y a todos sus discípulos de todos los tiempos que vayan y anuncien el Evangelio (lo que Él ha hecho y enseñando) hasta el fin del mundo. Él está con los suyos hasta el fin del mundo.

Esa misión de anunciar el Evangelio compete a todos y hay que hacerlo con todos los medios a nuestro alcance. ¿También por las redes sociales digitales? Sin duda, porque están contribuyendo a que surja un nuevo espacio, una nueva plaza pública abierta a que las personas compartan ideas, informaciones, opiniones, y donde, además, nacen nuevas relaciones y formas de comunidad. Benedicto XVI dejó escrito, antes de su renuncia, un mensaje para la XLVII Jornada Mundial de la Comunicaciones Sociales, que se celebra precisamente este domingo de la Ascensión del Señor. En él el Papa reflexiona sobre el desarrollo de las redes sociales, pues, cuando se utilizan de modo equilibrado, favorecen formas de diálogo y de debate “que, llevadas a cabo con respeto, salvaguarda de la intimidad, responsabilidad e interés por la verdad, pueden reforzar los lazos de unidad entre las personas y promover eficazmente la armonía de la familia humana.
No es un campo fácil y se precisa siempre del esfuerzo de las personas que utilizan estos medios por ser auténticas; requieren además, en opinión del Papa un compromiso: que las personas se sientan implicadas cuando han de construir relaciones y encontrar amistades, cuando buscan respuestas a sus preguntas. Las redes se convierten, por ello, en parte del tejido de la sociedad, en cuanto que unen a las personas en virtud de estas necesidades fundamentales. Por eso son un desafíos para los discípulos de Jesús a la hora de evangelizar, para que la voz de la razón no se vea sofocada por la simple información, que nos inunda tantas veces sin asimilar. Las redes sociales han de ser utilizadas, pues, para hacer compartir “el Mensaje de Jesús y los valores de la dignidad humana que promueven sus enseñanzas”.

Si la Buena Noticia que es Cristo no se da a conocer también en el ambiente digital, en el que se mueven con destreza sobre todo las nuevas generaciones, podría quedar fuera de la experiencia de muchas personas para las que este espacio existencial es importante, sobre todo los jóvenes. Forma parte además de la realidad cotidiana de más gente en nuestro mundo. Son los nuevos lenguajes, en los que también puede conocerse la infinita riqueza del Evangelio. “Una comunicación eficaz, como las parábolas de Jesús, ha de estimular la imaginación y la sensibilidad afectiva de aquéllos a quienes queremos invitar a un encuentro con el misterio del amor de Dios”, confiesa el Papa en su Mensaje.

Otra característica tienen las redes sociales, según el Papa Benedicto: son instrumento, sí, de evangelización, pero también un factor de desarrollo humano, pues, en contextos geográficos y culturales en os que los cristianos se sienten aislados, permiten fortalecer la unidad de la comunidad universal de los creyentes. Las redes ofrecen la posibilidad de compartir fácilmente los recursos espirituales y litúrgicos, y hacen que las personas puedan rezar con un renovado sentido de cercanía con quienes profesan la misma fe. Mi conclusión es sencilla: como tantas invenciones de la mente humana, utilicemos también las redes, pues somos ante todo mensajeros y testigos del Evangelio, que tenemos en nuestro corazón aquellas palabras de Jesús: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16,15).

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.