El Obispo de Almería recibe las peregrinaciones a la catedral con motivo del Año de la Fe

Almería Obispo González MontesEn las últimas semanas se ha acrecentado el número de peregrinos e instituciones de Iglesia que llegan a la Iglesia Catedral de Almería, Iglesia madre de la diócesis, lugar del altar y de la cátedra del Obispo, para ganar la indulgencia plenaria y, junto con el perdón de los pecados, obtener en este Año de la Fe, por el poder de las llaves que Cristo confío a Pedro y a los apóstoles, la cancelación de toda pena merecida por el pecado.

Además de las muchas personas que por el interior de la Catedral hacen el recorrido señalado por el Obispo diocesano, monseñor Adolfo González Montes, rezando el Credo en la Capilla de San Indalecio, varón apostólico y fundador de la Iglesia de Almería, los peregrinos encomiendan a Dios el ministerio y la persona del Santo Padre, el Papa Francisco, y participan en la santa Misa, confesando y comulgando. La peregrinación concluye con el rezo de la Salve ante la imagen de la Inmaculada del trascoro de la Catedral.

En estas últimas semanas han llegado a la Catedral parroquias enteras, algunas de la capital, entre las que hace apenas dos semanas se acercaba a la misa dominical en peregrinación la parroquia de Santa Teresa de Jesús, con su párroco el Vicario episcopal para la Ciudad, Manuel Menchón, comentarista habitual y muy celebrado de nuestra página web. También se hacía presente en la Catedral el pasado domingo la parroquia de la Preciosísima Sangre, de Roquetas de Mar, con su párroco al frente, Ramón Garrido, fundador de la Asociación de fieles Providencia. En la misa vespertina del sábado, habían llegado a la Catedral las Hermandades y Cofradías almerienses, en cuya peregrinación ha puesto gran empeño el Vicario episcopal Manuel Pozo y la Junta directiva de la Agrupación de Hermandades y Cofradías de la capital diocesana. Los cofrades se unían, con su peregrinación diocesana, a la peregrinación a Roma de tantos miles de personas y grupos procedentes del mundo de la piedad popular, unos 50.000 peregrinos que se han reunido en torno al Papa Francisco, para celebrar en la ciudad eterna el Año de la Fe.

En poco más de una semana, en la víspera de Pentecostés, se harán presentes asimismo en la Catedral los catequistas de la diócesis acompañando a los cientos de adolescentes y jóvenes recién confirmados y de los muchos que se confirmarán en Año de la Fe. Todos quieren revivir en la Catedral el compromiso cristiano que han adquirido con su preparación para recibir el sacramento del Espíritu Santo. El mismo día, llegarán a la Catedral miembros de los diferentes grupos apostólicos seglares que celebrarán en la Iglesia madre de la diócesis en torno al Obispo la vigilia de Pentecostés.

Cualquiera puede ver que el Año de la Fe que promulgara el Papa Benedicto XVI está teniendo un eco significativo. Hay un deseo manifiesto de renovar la vida cristiana en unos momentos en que la crisis social y económica ha dejado ver el fondo de la crisis moral que sufre nuestra sociedad. La fe es la gran apuesta de los cristianos para regenerar la vida personal y social bajo el impulso de la gracia que trae el perdón de Dios y la reconciliación entre las personas y los grupos sociales. Sin duda que un momento de particular significado será el que vivirán los sacerdotes y seminaristas con motivo de la fiesta primero del santo patrón del Clero español, San Juan de Ávila, nuevo Doctor de la Iglesia universal, y en la visita de sus reliquias a la diócesis a finales de este mes de mayo.

El Obispo diocesano monseñor González Montes, que viene acogiendo a los peregrinos que llegan a la Catedral, con la ayuda del Deán de la Catedral, recientemente elegido para un nuevo mandato por el Cabildo Catedral, y confirmado por el Obispo, pronunciaba la homilía que a continuación ofrecemos en esta página web, para conocimiento de nuestros lectores.

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