El Espíritu del Señor llena la tierra

martorell7Mons. Julián Ruiz Martorell     Queridos hermanos en el Señor:  Os deseo gracia y paz.

La fiesta de Pentecostés, que Israel celebraba cincuenta días después de la Pascua, era la fiesta de la Alianza, en la que se conmemoraba el acontecimiento del Sinaí, cuando Dios propuso a Israel que se convirtiera en su propiedad de entre todos los pueblos, para ser signo de su santidad.       

En el Nuevo Testamento, Pentecostés es como un nuevo Sinaí, la fiesta de la Nueva Alianza, que se extiende a todos los pueblos de la tierra. Así se manifiesta claramente que la Iglesia es católica y misionera desde su nacimiento.      

 El Pueblo de Dios, que alcanzó en el Sinaí su primera configuración, se amplía en Pentecostés hasta superar toda frontera de raza, cultura, espacio y tiempo.      

 A diferencia de lo que sucedió con la torre de Babel, cuando los hombres, que querían construir con sus manos un camino hacia el cielo, habían acabado por destruir su misma capacidad de comprenderse recíprocamente, en Pentecostés el Espíritu, con el don de las lenguas, muestra que su presencia une y transforma la confusión en comunión.       

 El orgullo y el egoísmo siempre crean divisiones, levantan muros de indiferencia, de odio y de violencia. El Espíritu Santo, por el contrario, capacita a los corazones para comprender las lenguas de todos, porque reconstruye el puente de la auténtica comunicación entre la tierra y el cielo. El Espíritu Santo es el Amor que une e integra.       

Este es el misterio de Pentecostés: el Espíritu Santo ilumina el corazón humano y, al revelar a Cristo crucificado y resucitado, indica el camino para llegar a ser más semejantes a Él.      

 El Espíritu Santo interioriza en los creyentes todo lo que Jesús hizo y dijo. Es el Maestro interior que hace recordar (volver al corazón) toda la experiencia del Señor. El Espíritu Santo hace habitar a Cristo en los corazones.      

El Espíritu Santo es el principio del conocimiento nuevo y divino. Conocemos a Jesucristo a la luz del Espíritu.      

 El Espíritu Santo es el principio del amor, de la santificación y de la esperanza.  El Espíritu Santo penetra hasta el tuétano de cada persona y la ilumina, la enriquece, sana sus heridas, limpia sus oscuridades, convierte su sequedad en manantial de agua viva, transforma la frialdad en calor, endereza y reorienta los senderos del caminar cotidiano.      

 San Ireneo de Lyon escribió: “Donde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios, y donde está el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y toda gracia, y el Espíritu es la verdad; alejarse de la Iglesia significa rechazar al Espíritu” y por eso “excluirse de la vida” (Adv. haer. III, 24, 1). “Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro” decimos en la secuencia de Pentecostés.      

En la celebración solemne de Pentecostés se nos invita a profesar nuestra fe en la presencia y en la acción del Espíritu Santo y a invocar su efusión sobre nosotros, sobre la Iglesia y sobre el mundo entero. Por tanto, hacemos nuestra, y con especial intensidad, la invocación de la Iglesia: ¡Ven, Espíritu Santo!        

  Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

 +Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.