No se nos permite la abstención

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris    Los cristianos tenemos el encargo de Jesús a la Iglesia Apostólica: «Id, pues, a todos los pueblos y haced discípulos míos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mt. 28,19). La Iglesia universal, la diocesana, la parroquia, la familia cristiana deben cumplir este encargo acercándose a las personas concretas con sus circunstancias particulares y ofrecerles la buena noticia de Jesús invitando a incorporarse y vivirla en su comunidad de bautizados. Como decían Pedro y Juan: «No podemos callar lo que hemos visto y oído» (Hech 4,20). Es decir, no nos está permitido ningún tipo de absentismo y debemos mantener explícitamente nuestra oferta de vida, la que hemos descubierto en Jesús muerto y resucitado.

Sin embargo hay unas consideraciones importantes a tener en cuenta.

Los imperios se han impuesto generalmente por la fuerza y los productos se abren camino a base de competitividad, pero la fe cristiana debe hacerlo «por la necedad de la predicación» y «la locura de la Cruz», como dice el apóstol Pablo, y situándonos en esta óptica tan original de Jesús que «siendo Dios… se despojó de sí mismo».

Es un planteamiento que los cristianos necesitamos pensar a fondo, teniendo clara conciencia de nuestra debilidad y evitando todo tipo de soberbia, de triunfalismo, de afán de dominio o superioridad en las relaciones cotidianas con nuestros conciudadanos… («Llevamos este tesoro en vasos de barro para que aparezca claramente de quién nos viene la fuerza»). Es necesario que vivamos nuestra fe así, siendo «signos» de una realidad que nos supera y nos trasciende y que, a su vez, nos empuja a estar en el mundo interpelando «oportuna e inoportunamente», nos hagan caso o no , nos venga bien o no. El apóstol Pablo dice: «¡Ay de mí si no evangelizare!» (1Cor 9,16).

Debemos anunciar a Jesús con palabras y obras, con signos y testimonio, tratando de contagiar una manera de vivir. Pero la condición para hacerlo de manera creíble e interpeladora, invitando a creer a los demás, es la propia fe vivida personalmente. Hay que ser un seguidor de Jesús de verdad, seducido por Él y unido a la comunidad de sus seguidores. Debemos asumir como propias las opciones, los valores, las actitudes y los comportamientos de Jesús y actualizarlos en nuestra concreta situación de vida. Sabemos que este «seguimiento» es exigente y lo asumimos gradualmente, paso a paso. Siempre será compatible con nuestra fragilidad, pero no con las «rebajas» ni con la incoherencia crónica y la ambigüedad.

Puede haber grados y maneras… según los niveles de intensidad y de explicitación del anuncio, pero evangelizar es todo lo que hacemos para acercar el misterio de Jesucristo a quien no cree. Y aunque sea una acción particular, nunca actuamos en solitario ni a título personal sino que el Espíritu, que actúa en la Iglesia, está presente y activo.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+Joan Pirirs Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.