Liturgia para la celebración de la Solemnidad de la Ascensión del Señor, domingo 12 de mayo, Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2013

MCS Cartel 2013Liturgia para la celebración de la Solemnidad de la Ascensión del Señor

Domingo 12 de mayo de 2013

Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

«Redes sociales: portales de verdad y de fe; nuevos espacios para la evangelización”

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Celebramos hoy la solemnidad de la Ascensión del Señor. La Iglesia contempla a Cristo Jesús, el Hijo de Dios Resucitado, que retorna a la casa del Padre y promete prepararnos una morada. Este día, en el contexto del Año de la Fe, la Iglesia nos convoca a la XLVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales con el lema “Redes sociales: portales de verdad y de fe; nuevos espacios para la evangelización”. En el “Año de la fe”, esta jornada nos invita a poner de manifiesto nuestra autenticidad de creyentes, compartiendo “la fuente profunda” de nuestra esperanza y nuestra alegría: “la fe en el Dios rico de misericordia y de amor, revelado en Jesucristo” (Mensaje, 2013).

Lecturas

Primera: Hechos de los Apóstoles 1, 1-11. Lo vieron levantarse.
Segunda: Efesios 1, 17-23. Lo sentó a su derecha, en el cielo.
Evangelio: Mateo 24, 46-53. Subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

Sugerencias para la homilía

¿Es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel? Es la pregunta de los que no acaban de entender, de los que aún no están convencidos, a pesar de que han visto y oído; de los que siguen pensando según sus propios esquemas y proyectan sus deseos convirtiéndolos en expectativas y aspiraciones ajenas a la realidad del Reino. “Se les presentó después de su pasión –narra el autor de los Hechos de los Apóstoles-, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del Reino de Dios”. Pero ¿qué Reino era ese? Tal vez, a pesar de las “numerosas pruebas” de las que habían sido testigos, ellos seguían esperando conforme a sus aspiraciones humanas, aquellas mismas aspiraciones que habían llevado a la madre de los Zebedeos a pedirle que sentara a sus hijos uno a su derecha y otro a su izquierda…

Pero la historia de la salvación “responde a una lógica que no es principalmente la de las categorías mundanas”, como recordó el Papa Francisco en su primera intervención antes los representantes de los medios de comunicación, dos días después de haber sido elegido sucesor de Pedro en la sede de Roma. “¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?” En un mundo donde tiene primacía el éxito inmediato, conviene levantar la mirada a lo alto, elevar la mirada más allá del horizonte de nuestras aspiraciones mundanas. Y en lo alto está también el Crucificado: “Cuando caminamos sin la cruz, cuando edificamos sin la cruz y cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor: somos mundanos… no discípulos del Señor” (Papa Francisco, homilía de clausura del Cónclave).

El Reino de Dios depende de los planes del Padre. El Crucificado ha vencido a la muerte y ahora el Reino se cumplirá con la fuerza y el poder del Espíritu Santo, superando toda aspiración humana, “hasta los confines del mundo”. Cristo, el Hijo de Dios Resucitado, retorna a la casa del Padre, culmina y lleva a plenitud su misión en la tierra, vuelve al Padre para prepararnos una morada. Su camino es anuncio de la esperanza de la Iglesia, Pueblo santo de Dios que camina hacia su encuentro. “Caminar, edificar, construir, confesar…” “Únicamente desde esta perspectiva se puede dar plenamente razón de lo que es hace la Iglesia católica”, recordaba también el Papa.

Desde la mirada de la fe, la Ascensión del Señor llena de sentido la vida del hombre: “Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido”. El discípulo sabe así que puede confiar en Aquel que ha venido al mundo de parte del Padre, porque en el Resucitado, “el rey de la gloria, vencedor del pecado y de la muerte”, las promesas se han cumplido definitivamente y su cumplimiento abre un camino de esperanza para todos los hombres: “No se ha ido para desentenderse de este mundo –proclama el prefacio de la Santa Misa de hoy-, sino que ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su reino”.

Nuestra esperanza será colmada. El Padre de la gloria nos dará el Espíritu “de sabiduría y revelación para conocerlo”, iluminará los ojos de nuestros corazones para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos (segunda lectura).

Todo un desafío. La experiencia del encuentro con el Resucitado y la misión que encomienda a los discípulos constituye todo un desafío también para nosotros, llamados a ser testigos de lo que, en la fe de la Iglesia, hemos visto y oído. Como los primeros discípulos somos urgidos a dar testimonio en todos los ámbitos de nuestra vida y con todos los medios de que dispongamos. La Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales nos recuerda este año que este testimonio hemos de ofrecerlo también en la “nueva ágora”, en la “plaza pública” de las redes sociales.

Benedicto XVI, en su mensaje para la jornada mundial de las comunicaciones sociales, en el Año de la Fe, recordaba que “en las redes sociales se pone de manifiesto la autenticidad de los creyentes cuando comparten la fuente profunda de su esperanza y de su alegría: la fe en el Dios rico de misericordia y de amor, revelado en Jesucristo. Este compartir consiste no solo en la expresión explícita de la fe, sino también en el testimonio, es decir, en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio, incluso cuando no se hable explícitamente de él».

“Para quienes han acogido con corazón abierto el don de la fe –añadía-, la respuesta radical a las preguntas del hombre sobre el amor, la verdad y el significado de la vida que están presentes en las redes sociales se encuentra en la persona de Jesucristo. Es natural que quien tiene fe desee compartirla, con respeto y sensibilidad, con las personas que encuentra en el ambiente digital”.

La Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales es, en este domingo de la Ascensión del Señor, una invitación a “salir a la calle” también con los medios que nos ofrecen las nuevas tecnologías: las redes sociales son “portales de verdad y de fe”, puertas que se abren al mundo para hacer presente el anuncio de la Buena Noticia de la salvación de Dios.

Oración universal

Oremos hermanos a Dios, nuestro Padre, que nos invita a ser testigos de nuestra fe en confiados en la presencia salvadora del Señor Resucitado.

1. Por el Papa Francisco, por los obispos y sacerdotes, y por todos los ministros de la Palabra con su vida y su testimonio alienten al Pueblo de Dios a encontrarse en toda circunstancia con Cristo, “referencia fundamental y corazón de la Iglesia”, roguemos al Señor.

2. Por los gobernantes, para que en sus decisiones procuren siempre “reforzar los lazos de unidad entre las personas y promover eficazmente la armonía de la familia humana”, roguemos al Señor.

3. Por las comunidades cristianas, para que sepan propiciar una “verdadera comunicación, favoreciendo la amistad y los lazos de comunión” de todos sus miembros, roguemos al Señor.

4. Por los jóvenes para que sepan acoger “la infinita riqueza del Evangelio” y mediante su testimonio sean capaces “de alcanzar las mentes y corazones de todos” promoviendo con sus iniciativas “nuevos espacios para la evangelización”, roguemos al Señor.

5. Por los profesionales de los medios de comunicación, para que sean capaces de prestar siempre atención a todo aquello que pueda promover la verdad, la bondad y la belleza, roguemos al Señor.

Escucha nuestras súplicas y acoge, Padre Santo, las oraciones que te presentamos. Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo y Nuestro Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Monición final

Al concluir nuestra celebración, queremos hacer nuestras las palabras del Papa Francisco, que nos invita a “salir a la calle”, a “tener el valor de caminar en la presencia del Señor”, para ser testigos del Resucitado.

 

 

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