La Ascensión de Jesús, medio de comunicación abierto con el Padre

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora    En la sociedad de la comunicación, extremadamente agitada por los abundantes medios, escritos, hablados y audiovisuales llama la atención el reducidísimo ejercicio de la libertad que tenemos los contemporáneos sujetos a un periódico, a una emisora de radio, a una TV concreta, a un blog, o a la información llegada a través de alguna de las redes sociales. Los podemos consultar todos y distraernos con ellos… pero cada uno se ata al suyo, a aquel con el que se siente especialmente identificado.

Pues bien en esta Jornada que dedicamos en la Iglesia a las «Comunicaciones sociales», llama la atención la presencia vigorosa del Señor Resucitado que asciende al cielo para asegurar la comunicación definitiva de Dios con el hombre. Los humanos ya no tenemos, sin más, un medio de comunicación abierto, pues es la persona misma del Hijo de Dios y del Hombre que, resucitado, ha roto las barreras del tiempo y del espacio para comunicar–se aquí y ahora por el Espíritu Santo con nosotros y con el Padre.

La Palabra de Dios hecha carne para comunicarse en nuestro lenguaje con todos los hombres: varones y mujeres de todos los tiempos y de todos los lugares rompiendo el silencio de la muerte hasta alcanzar la vida eterna donde el Padre recoge nuestro discurso mejor, afinando sintonías y lazos de fraternidad por Cristo, con Él y en Él restaurando lineas cortadas y rompiendo los bloqueos y rupturas que nos traemos más que frecuentemente.

Desde la contemplación de esta realidad que es el Señor metido en nuestra historia, llama la atención la escasa inquietud que tenemos en la comunidad eclesial para asegurar la comunicación con los medios propios de la unidad y fraternidad eclesiales que nos aseguren la veracidad de los contenidos en la comunicación, y que transparenten la real vida de la Iglesia, al menos de cada Iglesia local o diócesis y también que faciliten la imprescindible comunión con el Obispo de Roma, escuchando, leyendo y viendo en directo lo que el Papa es, dice y hace.

En este pujilato de audiencias y clientelas que hay en los grandes medios de comunicación llama, también, la atención, la aparición de segundos y terceros personajes: salvadores o jueces, depende de cómo se quieran erigir en el ruido mediático y llama la atención las clientelas numerosas que los siguen más por crítica que por devoción. A la vez suele acompañar el fenómeno de la sospecha y aun la prevención contra el posible engaño de los medios de comunicación institucionales.

Hoy tenemos los mejores medios para decir un firme: ¡segundos fuera! y si acaso nos tropezamos con que alguien nos da su versión de los hechos, siempre tenemos la oportunidad de irnos a las fuentes para saber lo que ha dicho el Papa, los obispos, los documentos y las personas, grupos y asociaciones de nuestra Iglesia.

«Redes Sociales: portales de verdad y de fe; nuevos espacios para la evangelización» es el lema de la Jornada en la Iglesia que nos quiere abrir al horizonte de las nuevas artes de la comunicación. Se puede advertir lo mismo que vengo diciendo pues, aún con el carácter de intimidad y sabor a hogar que tiene el ordenador y los artilugios que nos ligan a la comunicación universal y masiva casi siempre individuales, no debe tener el mismo valor lo vertido en las redes por los particulares que la comunicación por estos medios de las mismas instituciones. 

Vuestro obispo, 

+ Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.