Ascensión del Señor: Empieza el tiempo de los testimonios

Mons. Francesc Pardo i ArtigasFrancesc Pardo i Artigas     La resurrección de Jesús, la ascensión y la venida del Espíritu, pentecostés, no son hechos aislados y separados, sino la plenitud de la Pascua, la Pascua completa.

Ahora bien, pedagógicamente es bueno que pongamos el acento en cada una de estas dimensiones. 

Hasta hoy hemos puesto el acento en que Jesús es el Resucitado y se aparece a los apóstoles y a los discípulos. 

Hoy, fiesta de la Ascensión, acentuamos que Jesús resucitado está para siempre con el Padre. Es su glorificación. 

Y el próximo domingo pondremos el acento en el gran don de Jesús resucitado: el Espíritu Santo. 

Con frecuencia, cuando tenía responsabilidades parroquiales, en encuentros de formación con catequistas, en reuniones de grupos de adultos, explicando esta fiesta  a los niños y niñas de catequesis o a los monaguillos, siempre aparecían algunas dificultades, que recuerdo bien porque pueden serlas también hoy. La imaginación. Imaginar la Ascensión como un viaje de Jesús al cielo, al firmamento, y como una traca final para impresionar. 

La impresión de la ausencia de Jesús. Pensar que la Ascensión significa la ausencia de Jesús de nuestra historia, y que por ello sólo hemos de esperar ir con él. Vivir esperando únicamente el cielo.

Olvidar que Jesús siempre es el Señor, también hoy, y prescindir de él para vivir y construir la propia vida. 

La fiesta de la Ascensión nos invita a contemplar de nuevo a Jesús. 

Jesús es el Señor resucitado, glorificado, sentado a la derecha de Dios Padre por encima de todos los gobernantes y de cuantos tienen autoridad, poder y señorío, por encima de todo y de todos.

Pero es el propio Jesús que, como nos ha recordado el evangelio, había de de sufrir asumiendo el sufrimiento humano, y había de resucitar el tercer día. 

Ésto es muy importante, porque el Señor de todos es quien se ha hecho servidor de todos hasta dar su vida. 

¿Cómo expresar en leguaje humano esta dimensión de Jesús como Señor Glorificado? 

San Lucas se sirve de las imágenes: elevarse, llevado al cielo, lo perdieron de vista, se alejó de ellos, y está sentado a la derecha del Padre por encima de todos los poderes y títulos.

¿Qué nos quieren decir? 

Que Jesús ya no es un ser terrenal, que no lo hallaremos como hombre en la tierra y en la historia, sino que es el Señor Glorificado con Dios. 

Los discípulos –nos ha recordado el evangelio- lo adoraron y, llenos de una gran alegría, volvieron a Jerusalén, es decir, a la vida dura y difícil. 

A nosotros, con frecuencia nos abruman los poderes del mundo. Parece que sean los señores de la vida y de la muerte y que dispongan de les personas a su antojo. 

Nosotros solo tenemos un Señor a quien adorar. Los primeros cristianos morían diciendo: “El Cesar de Roma no es el Señor”. También ahora algunos cristianos mueren afirmando que Jesús es el Señor… Jesús es el mejor Señor.

Pero la Ascensión nos empuja a mirar el mundo, la Iglesia y a nosotros mismo. La Ascensión de Jesús significa una nueva forma de estar presente entre nosotros. La Ascensión es, al mismo tiempo, el inicio de la misión de la Iglesia. 

Ahora somos los discípulos de todos los tiempos quienes hemos de continuar la misión que se nos ha confiado, la de dar testimonio. Para nosotros no se inicia el tiempo del triunfo, sino el de dar testimonio. Hoy, los discípulos de Jesús, hemos de hacerlo presente en la historia humana transformando la vida, según su evangelio. Dejemos la cara, las manos, la voz, el corazón, el trabajo, los gozos, los sufrimientos a Jesús para mostrarlo transparente, presente y actuando. 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

 

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 444 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.