Iniciación a la Eucaristía y al domingo

Mons. Braulio Rodríguez PlazaMons. Braulio Rodríguez      El tercer sacramento de la Iniciación cristiana es la Eucaristía. Cuando esta Iniciación tiene como sujeto un adulto, se ve mejor cómo, desde el Bautismo, la Confirmación conduce a la participación en la Eucaristía del nuevo cristiano que, en adelante se encontrará con Jesús Resucitado en la comunión eucarística. Cobra entonces un relieve grande el domingo y la celebración de la Eucaristía en ese “primer día de la semana”. La importancia del domingo, día en que resucitó Cristo, fue tan grande que los primeros cristianos fueron capaces de cambiar el día de fiesta semanal del sábado al domingo, siendo el Sabbat judío tan venerable y en esta tradición habían sido introducidos todos. La importancia del domingo ha sido rebajada cada vez más en nuestra sociedad española, no sólo por el pluralismo social y religioso en nuestra democracia, sino porque los católicos no estábamos tan acostumbrados a hacer el esfuerzo mental de por qué tiene tanto valor el domingo. De manera que hoy, al iniciarse a la Eucaristía los niños bautizados cuando eran bebés o aquellos que acceden al Bautismo en la edad escolar, pierden la perspectiva en tantas ocasiones que la celebración de la Misa dominical es un mandamiento de la Santa Madre Iglesia lógico y que es una consecuencia de su ser cristiano.

Los niños de 8 ó 9 años (edad en la que reciben la primera Comunión) tienen capacidad de pecado. Sin duda. Pero son sus padres los responsables principales de que esa posibilidad de recibir a Jesús sacramentado no se reduzca a la Misa festiva de la primera comunión. Ellos se deben comprometer a ayudar a que sus hijos se acostumbren a celebrar, desde ese momento, la Eucaristía en domingo. Ir a Misa los domingos y fiestas de guardar no es sólo un mandamiento de la Iglesia. Es el despliegue normal de la Iniciación cristiana. Unos padres que no tengan claro esto o que en su corazón no cabe semejante servicio a la formación cristiana de su hijo, están engañando a la comunidad parroquial, a los catequistas y sus propios hijos, no al Señor. Por eso tenemos algunos problemas serios con los padres, porque siguen sin superar que ciertas celebraciones cristianas en la vida de los hijos no son cuestión de tradición o de consumo religioso, con lo que conciben la parroquia con una estación de servicio o un gran superficie o autoservicio donde compro o elijo lo me más me gusta o apetece.

Podemos ser todo lo comprensibles posible, pero no podemos aceptar que valga todo en este campo tan vital de la Iniciación cristiana. La primera vez que un niño recibe a Jesús sacramentado debe ser un acontecimiento, pero que no empieza y acaba en sí mismo. La Primera Comunión tiene que ver con el Bautismo y la Confirmación y tiene que ver con la vida concreta de la comunidad parroquial del niño o la niña que comulga por primera vez que, con la ayuda sobre todo de los padres, engendra y hacer crecer la fe que Dios nos ha dado a todos. Es un acontecimiento hermoso y significativo, pero siempre que los niños lo vivan como una celebración primera que ha de ser muy importante a partir de esa fecha de la Primera Comunión, pues se trata nada menos de iniciarse en la celebración litúrgica cristiana normalmente en la parroquia u otro templo; pero la principal celebración cristiana es la Misa del Domingo, pues formamos parte de la Iglesia del Señor. ¿Qué sentido tiene la Primera comunión sin la celebración de la Eucaristía? Pues muchos parece que entienden la Comunión primera de los niños como si estuviera separada de esa celebración dominical, encerrada solo en un día de fiesta. 

Me alegra poder felicitar a tantos niños que en estas semanas preparan con ilusión la Primera Eucaristía donde podrán recibir a Jesús, pues en adelante lo podrán hacer en la Misa dominical o en la de la tarde del sábado. Felicito agradezco a los padres que quieren vivir este acontecimiento de la Iniciación cristiana de sus hijos como lo quiere la Iglesia. Agradezco mucho a los catequistas. Su tarea es impagable. Con los sacerdotes de las parroquias vais a vivir con alegría y un poco con inquietud estas celebraciones de la Primera Comunión, por si algo no se ha hecho bien o si tendrá continuidad. Dios conoce vuestra intención y determinación. El Espíritu Santo de Jesucristo es el más interesado en que las cosas funcionen bien. Sí me gustaría que enseñarais bien a los niños cómo recibir a Jesús sacramentado. Bien sea en la mano o en la boca deben hacerlo bien, sin precipitación, sin prisas, tomando la sagrada forma y rezando enseguida que vuelvan a sus sitios. Dios os bendiga a todos.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.