La música del cielo y de la tierra

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas     Un sábado y un domingo de cuaresma y durante el tiempo pascual he asistido a algunos conciertos de música sacra escuchando con satisfacción obras de Bach, Victoria, Haydn, Palestrina, Casanovas, Haendel, Mozart, Stainer, Pau Casals, espirituales negros…, experimentando como nuestra fe cristiana se ha inculturizado en una música bellísima, ya sea por medio de las celebraciones litúrgicas, ya sea para expresar los sentimientos humanos, convencidos que Dios escucha nuestro canto.

A la mayoría de nosotros, al escuchar la escolanía de Montserrat –por ejemplo, y por mencionar un  coro de voces blancas- en ciertos momentos se nos ha puesto la piel de gallina, y nos hemos sentido invitados a orar, a la alegría, a compartir el sufrimiento, a compartir sentimientos, a la adoración.

Me permito una pequeña reflexión, por si sirve de ayuda: hace unos dos mil años,  en los dos maderos de tortura utilizados en las afueras de Jerusalén, acabó la concepción que la Gloria de Dios era tan solo un asunto vertical (“Gloria a Dios en el Cielo”…). El madero horizontal modifica definitivamente la cuestión (…”y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor”). La fusión vectorial de la cruz, (Cielo, Tierra-Humanidad)  se expresa plásticamente en la conocida sentencia de san Ireneo de Lión (s. II): “La Gloria de Dios es que el hombre viva en plenitud”.

Fijémonos en el hecho que la música sacra en algunos momentos acentúa la gloria   de Dios y, en otros, el sufrimiento humano, causa de las miserias, fragilidades y pecados. Pero, sea lo que sea, se trata de un sufrimiento abierto a la esperanza, a que alguien, Dios mismo, escucha y lo convierte en deseo de estar junto a los que sufren, de perdonar, de rehacer nuestra dignidad.

Por ello la música y el canto nos acompañan en cada situación.

¿A dónde quiero llegar con esta reflexión?

–        Primero, quisiera dar las gracias a todas las corales que en su repertorio y en sus conciertos acostumbran a interpretar algunas composiciones de la llamada “música sacra”. Sería bueno, de todas formas, que los asistentes pudiesen seguir los conciertos con la letra de las composiciones ya que ayudaría a una mejor comprensión del sentido de las piezas.

–        En segundo lugar, gracias a todas aquellas personas que en las parroquias, la mayoría por afición, se preocupan del canto en las celebraciones litúrgicas, muchas veces con medios limitados. Un recuerdo especial para los organistas: ¡Cómo se agradece el acompañamiento de un órgano en las celebraciones!

–        Un tercer apartado para hacer memoria de los chicos y chicas que, con su propio estilo e instrumentos, participan en las celebraciones de las parroquias ayudándonos a la plegaria. Deseo animar especialmente a nuestra “Joven Orquesta Diocesana”, que nos ha hecho vibrar en la Pascua Joven y en tantos otros momentos.

–        Pero desearía que en las parroquias, allá donde sea posible, se constituya un coro, más o menos numeroso, con gente mayor y algunos jóvenes que aseguren la participación de los fieles en el canto, y que puedan ofrecer alguna interpretación que ayude a gozar de la belleza de la música en cada celebración.

–        Y a los músicos profesionales, a los compositores, les pediría que se atreviesen a componer música sacra, especialmente litúrgica, que tenga en cuenta las sensibilidades de las personas de hoy y de los distintos momentos que configuran su vida.

Sé que es difícil, y que más de uno sonreirá ante esta carta a los reyes, pero estoy convencido que la evangelización pasa por la belleza del canto y de la música. Por ello el título de esta reflexión: “La música del cielo y de la tierra”.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 403 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.