Carta Pastoral del Obispo de Cádiz y Ceuta con ocasión de la fiesta de San José obrero el 1 de mayo

ZornozaBoyRafaelMons. Rafael Zornoza    ¡No olvidéis a la persona! Este llamamiento que el beato Juan Pablo II realizó en su Encíclica sobre la dignidad y valor del trabajo Laborem excersens es hoy de total actualidad. La misma clave nos ha dado Benedicto XVI en Caritas in Veritate y otro tanto está repitiendo continuamente el Santo Padre Francisco y es el mismo Dios el que nos lo urge a través de sus pastores. ¡No olvidéis a la persona! Es el grito de tantos trabajadores asfixiados por el ritmo inhumano de tantas empresas, oficinas, trabajos, etc, cuyos horarios impiden la vida familiar, reducen el valor del trabajador a su eficacia productiva y se empeña en seguir llamándoles “recursos humanos”.

Si la primera clave que urge recuperar es la de la dimensión central de la persona no es menos urgente promover una auténtica renovación de la conciencia de cada persona dentro de la sociedad. Sufrimos profundamente el individualismo y ahora también sus consecuencias. De la crisis saldremos juntos o no saldremos. Ya se ha revelado como falso el axioma consumista que se ha convertido en un auténtico principio de vida y que dice: “Tú, preocúpate de lo tuyo, que si no nadie lo va a hacer por ti. Que ya los demás harán lo mismo con lo suyo y al final todo irá bien”. Esa “mano invisible” que todo lo arregla ha resultado que no existe. Se nos ha pedido una especie de “fe” en algo invisible, que no se ve, que no entendemos y ahora sufrimos sus consecuencias. La razón y la fe cristiana sin embargo coinciden en que el principio de solidaridad es la clave del crecimiento social de un pueblo. El desarrollo debe centrarse en conseguir personas que lleguen a ser auténticas protagonistas de su vida, capaces de amar, de luchar y de construir. Debemos defender una economía al servicio de las personas y una economía fundamentada en la ética para que logremos un desarrollo que haga posible la dignidad de todos. Ése es el bien común que nos hace tener en cuenta en especial a los más débiles, marginados y empobrecidos.

 

Nosotros sabemos que como dice el salmo 126 Si el Señor no construye la casa en vano se cansan los albañiles, por eso anunciamos la Buena Noticia, el Evangelio de Jesucristo a todos los trabajadores y especialmente a los que sufren ahora la privación de ejercer su derecho a trabajar. A ellos y sus familias no solamente les expresamos nuestra cercanía y ayuda sino que sobretodo queremos proclamar su dignidad. Hermanos trabajadores en paro: en vuestra situación seguís ocupando un lugar muy importante en vuestras familias, en vuestros ambientes y en la sociedad entera. Dios cuenta con vosotros también en esta situación. No perdáis la esperanza ni la dignidad en la angustia, no dejéis de luchar con generosidad buscando medios para mejorar, no dejéis de atender a los vuestros, de ser útiles en vuestra situación familiar.

Queridos fieles diocesanos la solidaridad no es solamente compartir nuestra comida y dinero como tan generosamente estamos haciendo  sino que es una manera de concebir la vida; consiste en pensar que si crece mi vecino, mi familiar, el “otro”, crezco yo. Este principio puede inspirar renovadas iniciativas de barrio, locales, comarcales en la que todos nos pongamos manos a la obra y con la imaginación siempre nueva de la caridad busquemos una economía participativa donde el otro no sea sólo un “factor de producción”, busquemos la creación de nuevas empresas, cooperativas u otro tipo de posibilidades laborales que nos son tan necesarias. Hagamos un esfuerzo mayor pues es mayor la necesidad. Pensemos más en el otro para ser su ayuda y consuelo. Aprendamos a prescindir de lo superfluo para compartir con quien no tiene ni siquiera lo necesario. Mostremos juntos que con los criterios de Dios es posible una sociedad mejor.

Urge que volvamos a construir la sociedad entre todos sobre la Roca que es el proyecto que Dios ha pensado para nosotros: Cristo, el Hijo Eterno de Dios  hecho hombre, hecho trabajador para amar con corazón de hombre y trabajar y luchar y sufrir con nosotros y como nosotros haciendo que nuestros trabajos, hasta los más sencillos, tengan un valor divino, eterno, para siempre, y den fruto, también estas situaciones tan dolorosas, porque la Cruz no tiene la última palabra, la tiene la victoria del Amor, la Resurrección. Sin duda en esas cosas “de arriba” pensaba san José cuando entregaba alma, vida y corazón a éstas “de abajo” pues ésta es nuestra vida cristiana: trabajar amando intensamente con las manos y los pies en la tierra y el corazón y los ojos en el cielo.

Os llevo siempre en mi oración y en mi corazón de Obispo especialmente a quienes dais testimonio de fe en medio de los trabajadores, los militantes de JOC, HOAC y la Delegación Diocesano de Pastoral Obrera. Os animo a ser portadores de esperanza y compromiso y os bendigo con todo mi afecto.

 

+ Rafael Zornoza Boy,

Obispo de Cádiz y Ceuta

 

 

 

Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.