Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra

Mons. Francisco PérezMons. Francisco Pérez     Hay una progresión definitiva en el concepto de Dios cuando Jesucristo revela que Dios es Padre. Este concepto ya existía en el Antiguo Testamento y significaba el procreador, providencia y sostenedor del hombre (Ex 4,22). Isaías va más lejos y lo define con la tierna imagen de una madre. “Aunque una madre pudiera olvidarse de su hijo, yo no me olvidaré de ti” (Is 49, 15) Pero la revelación teológica más grande es el misterio de las tres personas de la Trinidad en el cual Dios, el Padre, la primera persona, es el Padre del Señor Jesucristo, que es la segunda persona. (cfr. Ef 1,3) Y por eso Jesucristo nos dice que somos hijos en el Hijo, que pertenecemos a la familia trinitaria siendo hijos por adopción, no en sentido figurado sino real.

San Pablo nos dirá: “Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abbá! (Padre)” (Rm 8, 14-17). Llamar a Dios Abbá es llamarle con el mismo amor y cariño con el que Jesús mismo lo llamaba. Es decirle todopoderoso, origen de nuestra existencia. Es aceptar que somos sus hijos que confiamos plenamente el Él, que fundamenta nuestro futuro, también que aceptamos su voluntad y queremos serle fieles.

Especialmente en este Año de la Fe pronunciamos la afirmación “Creo en Dios Padre” personalmente como hijos y comunitariamente como hermanos unidos a Jesús (“Mi Padre y vuestro Padre” Jn 20,17) y lo hacemos con fe, con toda la inteligencia y el corazón. Esta afirmación esencial de la fe es la que nos convoca para proclamar el credo y por “recomendación del Señor nos atrevemos” a repetirla en el Padrenuestro.

La afirmación de Creador del Cielo y la Tierra ante todo manifiesta que la creación es un dogma. La afirmación es válida porque este mundo no ha podido hacerse solo. Tiene un origen. Nosotros, desde la fe, creemos que Dios es el principio de todo, “lo visible y lo invisible”. Esta afirmación es indispensable para situar justamente dentro de la historia de la salvación la Alianza, la Encarnación y la obra redentora de Cristo. El Dios “único y verdadero que existe desde siempre y vive para siempre… hizo todas las cosas con sabiduría y amor”. Dios crea por amor. Su obra maravillosa (S. 137) y predilecta es el hombre a quien hizo a su imagen y semejanza (Gn 1, 26). Puso en sus manos el mundo, un regalo que compromete su responsabilidad. “Le encomendaste el universo entero, para que, sirviéndote sólo a ti, su Creador, dominara toda la creación” (S. 8). Se puede decir que esta creación original está a la espera de la llegada de Cristo Encarnado, Redentor y Liberador, pero no terminada. Será completa cuando “Cristo sea todo en todos” (1 Cor 15,28).

Al contemplar el gran amor demostrado por Dios en sus planes, el hombre responde con la fe que se abre a la relación con Dios y su misterio. Esta respuesta es la religión, “respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela a sí mismo” (CEC 166). Ser capaces de decir que se cree en Dios es una gracia, un regalo, (Jn 3,27 y 1 Cor 12,3) que implica un compromiso de responsabilidad humana. Dios sale al encuentro del hombre hablándole con amor como a un amigo (DV 2) para que por la fe entre en comunión con Él. Creer en Dios implica adherirse a Él, acoger su Palabra, aceptar su voluntad, tener experiencia de su presencia viva.

La vida del ser humano sobre la tierra es sustancialmente distinta si cree en Dios o si no cree. Nosotros creemos que somos peregrinos en la tierra, que Dios nos guía y nos da una esperanza segura en la vida eterna. Por lo tanto caminamos con sentido, guiados por los mandamientos y el Evangelio de Jesucristo. También vamos “contra la corriente” de aquellos que niegan a Dios y lo quieren eliminar de la vida sustituyéndolo por el “yo endiosado” autónomo, omnipotente y autosuficiente. Los comportamientos son muy distintos con Dios o sin Dios. La supresión de Dios ha llevado a la humanidad a sus más grandes fracasos.

En este Año de la Fe, al profesar el credo, tenemos que pensar qué imagen tenemos de Dios y convertirnos al Dios verdadero. En muchas ocasiones habrá que purificarla, en otras perfeccionarla y profundizarla en toda su exactitud por medio del estudio, la meditación y la vida de caridad. Seguiremos teniendo sed de Dios (S. 63,2) “como tierra árida, sedienta y sin agua”, sed de una fe purificada y coherente basada en una experiencia vital con Jesucristo que es la imagen viva del Padre (Jn 10, 30).

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).