Carta del Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella    Queridos padres con niños en edad escolar:

Ha comenzado el tiempo de matricular a vuestros hijos en el colegio. Muchos de vosotros os podéis sentir desconcertados por el debate que se viene estableciendo en la sociedad sobre si la clase de Religión ha de ser una asignatura como las demás, o no. 

Es necesario, por tanto, que todos tengamos sobre este tema las ideas muy claras. No po- demos olvidar que vivimos en una sociedad democrática y nos movemos dentro de los parámetros marcados por la Constitución Española y los Derechos Humanos. Y ambos amparan el de- recho de apuntarse a la clase de Religión. Rechazarlo o poner trabas para su ejercicio, es adentrar- se en caminos nada democráticos y absolutamente totalitarios.

La premisa incuestionable que fundamenta el derecho a la elección de la asignatura de Religión es absolutamente nítida: la educación de los hijos corresponde en primer lugar a los padres y subsidiariamente al Estado. Nuestra Constitución, en su artículo 27, dice taxativamente que “los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.

Por eso os animo, queridos padres cristianos, a que no os dejéis intimidar y a que elijáis libremente la mejor enseñanza para vuestros hijos.

¡Apuntadlos a la clase de Religión! Vivimos en una sociedad cuyas raíces son claramente cristianas.

Desconocer nuestro pasado y todo lo que nos ha configurado como pueblo nos llevará a un vacío del sentido de la vida y a una gran ignorancia. ¡Cuánto duele ver a jóvenes que no saben leer o interpretar el patrimonio artístico, que en gran medida son los retablos de las iglesias, las imágenes de nuestros santos, confundiendo todo lo que esos iconos representan!

La clase de Religión permitirá a vuestros hijos conocer y comprender las múltiples manifestaciones culturales de nuestro pueblo, relaciona- das con la fe católica: los valores humanos y sociales, el calendario y las fiestas, las costumbres y modos de vida, las creencias y ritos. Además, a través de la clase de Religión – con los valores cristianos que se impar- ten en ella – aprenderán el sentido de su vida, forjado en el respeto a los demás, en el amor al prójimo, sobre todo al prójimo necesitado, la apuesta por la justicia y por la libertad, la propia y la de los demás, la entereza ante la contrariedad y el sufrimiento, etc.

En La Rioja contamos con un buen número de profesores de Religión, tanto en la Enseñanza Concertada como en la Pública; les felicito por su buen hacer, por su entrega profesional, por su interés en formar sólidamente a los chavales de manera que puedan dar razón de su fe en cada momento y circunstancia de la vida. Les animo a seguir trabajando con ilusión. Ellos son presencia viva de la Iglesia en las aulas y, con su testimonio, hacen que aparezca más nítido y cercano el rostro misericordioso de Dios.

Finalmente, animo a los niños y jóvenes a que reflexionen sobre las motivaciones para asistir a la clase de Religión. Y que si deciden no apuntarse a la misma, que nunca sea por comodidad o porque lo hacen otros compañeros, o porque no quieren que les señalen con el dedo. ¡Sed coherentes y actuad con valentía!

Queridos jóvenes: necesitáis, necesitamos todos, conocer ese entorno cultural cristiano, estudiarlo, reflexionarlo y también vivirlo. “La verdad os hará libres”, dijo el Señor. Sed, pues, valientes en buscar, en vivir y en defender la VERDAD

Os saludo con afecto y os garantizo un especial recuerdo en la oración, mientras os doy a todos mi bendición.

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.