Historia, significado y devoción del mes de mayo

Gil_HellinMons. Francisco Gil Hellín     Ocurrió en Roma una hermosa noche de mayo de finales del siglo XVIII. Un niño pobre reunió a sus compañeros y los condujo a una estatua de la Virgen María, a cuyos pies ardía una lámpara. Delante de la imagen, aquellas voces frescas cantaron la Letanía de Nuestra Señora. El pequeño grupo volvió a reunirse al día siguiente, pero acompañado de más niños. Las siguientes veces fueron las mamás las que se unieron. Pronto se formaron nuevos grupos y la devoción se popularizó enseguida. Muchas almas piadosas vieron en esta devoción una ocasión solemne y pública para reparar el desorden en la conducta que la llegada de la primavera propicia y acrecienta y decidieron apoyarla con empeño. Así fue fundado el Mes de María.

El primer año de su pontificado escribió el Beato Juan Pablo II: “El mes de mayo nos estimula a pensar y a hablar de modo particular de Ella. En efecto, este es su mes. El periodo del año litúrgico (la Resurrección) y el mes de mayo llaman e invitan a nuestros corazones a abrirse de manera singular a María”. Muchas generaciones de cristianos lo han hecho así y no se arrepienten. Porque, si este mes es el momento en el que desde las iglesias y hogares cristianos suben al cielo oraciones más confiadas a la Santísima Virgen, también es el mes en el que “desde su trono descienden hasta nosotros los dones más generosos y abundantes de la Divina Misericordia” (Pablo VI). No puede ser de otro modo, porque “Dios quiere que no tengamos nada que no pase por manos de María” (san Bernardo).

La devoción a María no es algo de lo que se puede prescindir. ¡Es una necesidad! Porque María ha sido asociada indisolublemente por Dios a la obra de la salvación realizada por su Hijo. María dio al Hijo de Dios “el instrumento” con el que pudo realizar la salvación; instrumento que no era otro que el de su santísima Humanidad. Dios, que tenía que hacerse hombre para salvar al hombre, no se hubiera hecho tal sin la cooperación, libre y responsable, de María.

Los cristianos tienen una santa intuición para comprender que han de estar cerca de María y que el mes de mayo es una oportunidad de oro para honrarla, meditarla e implorarla. Hay muchos modos de hacerlo. Uno muy sencillo es ofrecer flores a la Virgen. La gente regala flores a las personas que ama. Esa muestra de cariño, puede convertirse –y de hecho se convierte en tantas ocasiones- en una altísima oración.

Mayo ofrece también la oportunidad de reflexionar y meditar en los grandes momentos de la Virgen María y en sus dogmas principales. Los misterios principales de María son: la Anunciación –momento cumbre de la historia-, la Visitación a su prima Santa Isabel, el Nacimiento de Jesús, la búsqueda del Niño perdido y hallado en el Templo de Jerusalén, las bodas de Caná y al pie de la Cruz. Los grandes dogmas marianos son: su Maternidad divina, su Inmaculada Concepción, su perpetua Virginidad y su Asunción a los cielos.

El mes de Mayo es un espacio de tiempo suficientemente amplio para darle vueltas a las principales virtudes de la Virgen María y tratar de llevarlas a nuestra vida. María fue una mujer que vivió siempre cerca de Dios. Una mujer humilde, piadosa, trabajadora, olvidada de sí misma para darse a los demás, servicial, entregada al cuidado de su esposo san José. Supo aceptar siempre con docilidad lo que Dios le pedía, aunque no lo entendiera. Consagró su vida: sus proyectos, sus afanes, su tiempo a Jesús. Y todo ello, dentro de un esquema de vida sumamente sencillo.

Cuando hagamos una romería a la ermita de nuestro pueblo o comarca, cuando llevemos un ramo de flores a una imagen de María, cuando recemos el Santo Rosario o la Salve, cuando trabajemos, cuando tengamos que prestar un servicio o cambiar un proyecto nuestro por otro de Dios…, hagámoslo con y por María.

+Francisco Gil Hellín,

Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
Acerca de Mons. Francisco Gil Hellín 207 Articles
Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.