Familia, parroquia y escuela

Mons Ángel RubioMons. Ángel Rubio Castro    Una vez más la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal Española estima necesario recordar a los padres católicos de los alumnos que acuden, tanto a las escuelas estatales como las de iniciativa social, el deber de la formación religiosa de sus hijos así como el derecho que les asiste ante el Estado de que sus hijos reciban dicha formación en el ámbito escolar.

Es preciso que los padres de familia con hijos en edad escolar presten atención a que sus hijos reciban la enseñanza religiosa, dentro de las normas establecidas en el Acuerdo entre la Santa Sede y el Estado Español sobre Enseñanza y Asuntos Culturales y en las disposiciones legales concordadas que las desarrollan. Pedimos a los responsables de los centros, que garanticen el ejercicio efectivo de este derecho que asiste a los padres.

Además, recordamos que toda comunidad cristiana debe comprometerse en este esfuerzo por lograr que los niños, adolescentes y jóvenes reciban la formación religiosa y moral que reclama su condición de cristianos. Esta formación se ha de recibir en el ambiente familiar, en la parroquia y en la escuela. Estos tres ámbitos de formación cristiana no se pueden considerar separados entre sí. Cada uno de ellos ofrece sus propias posibilidades educativas y tiene sus propios contenidos; todos son necesarios y se complementan.

A pesar de la evolución que está experimentando, la familia sigue siendo uno de los lugares privilegiados de la catequesis. El Concilio Vaticano II nos recuerda que «los padres, porque han dado la vida de sus hijos, sienten la grave obligación de educarlos, y por este motivo deben ser reconocidos como sus primeros y principales educadores. Este deber de la educación familiar es de tanta trascendencia que cuando falta difícilmente puede suplirse» (GE 3).

Con frecuencia, los padres son víctimas de un defecto, se preocupan ante todo del desarrollo físico y fisiológico de sus hijos mientras que el cultural va quedando para el colegio, a medida que avanza en edad. Por lo que respecta a la maduración espiritual quizá se deje prácticamente «a la Iglesia», entendiendo por tal a los sacerdotes y religiosas. Se trata de un error grave, pues en tal caso lo religioso queda en la vida como algo postizo para siempre.

La familia está comprometida en la catequesis por ser célula de la Iglesia, que participa por el sacramento del matrimonio del misterio de la unión de Cristo con la Iglesia.

La parroquia es ámbito singular de unidad y de catequesis, sobre todo cuando logra ser «comunidad de comunidades» más pequeñas. La parroquia ha de estar estrechamente vinculada al obispo y debe ser capaz de transmitir el mensaje cristiano a todos los que habitan en ella. La catequesis parroquial ayudará al descubrimiento de una Iglesia ministerial y al servicio de la militancia cristiana. El impulso evangelizador de la parroquia no puede olvidar la educación de la fe y la catequización de la muchedumbre de los cristianos. A todos ellos se dirigirá una catequesis menos explícita y sistemática, que se desarrolla ordinariamente por cauces ocasionales. Entre estos cauces destacan las catequesis preparatorias para la recepción de los sacramentos (matrimonio, bautismo, etc.) los tiempos fuertes del año litúrgico y la homilía dominical.

Los padres que bautizaron a sus hijos, coherentes con lo que hicieron y fieles a lo que prometieron en su día —educar a sus hijos cristianamente, en la fe—, tienen el grave deber de poner los medios necesarios para la formación cristiana de sus hijos. Hoy es muy difícil hacer una persona cristiana y moralmente cabal sin la enseñanza religiosa en la escuela, colegio o instituto; para alcanzar hoy la madurez cristiana, un niño y un adolescente necesitan «fundir» lo que aprenden y saben de la fe con lo que aprenden y saben de la sociedad, la historia y la naturaleza. Para lograrlo, el lugar propicio es la escuela. Y lograrlo está importando mucho en nuestros días. En la actualidad dos de cada tres alumnos eligen cursar voluntariamente la asignatura de religión católica.

Es necesario que la enseñanza religiosa no sólo se reclame e imparta, sino también que se dignifique, que se potencie, que se acredite cada día más ante los alumnos, padres, profesores y ante toda la sociedad. Así se está intentando y hay que agradecer la labor grandísima de los profesores de religión, a quienes tengo (tenemos) tanto que agradecer y apoyar. Se está llevando a cabo en nuestra diócesis, es preciso reconocerlo, un gran esfuerzo por ofrecer una enseñanza religiosa de calidad y rigurosa que, correspondiendo fielmente a lo que la Iglesia enseña, ayude a descubrir la verdad del hombre y su vocación que son inseparables de Jesucristo. Esta es una grave responsabilidad que tenemos: si reclamamos esta enseñanza, también se hace como se merece y como su misma naturaleza pide. Ese es el mejor servicio a la escuela, a los alumnos y a la sociedad.

+ Ángel Rubio Castro

  Obispo de Segovia

 

Mons. Ángel Rubio Castro
Acerca de Mons. Ángel Rubio Castro 137 Articles
Nace en Guadalupe (Cáceres), Archidiócesis de Toledo, el 18 de abril de 1939. Entró en el Seminario Menor diocesano de Talavera de la Reina (Toledo) desde donde pasó al Seminario Mayor “San Ildefonso” para realizar los estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 26 de julio de 1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología en Madrid, por la Universidad Pontificia de Comillas y en Salamanca la Diplomatura en Catequética por el Instituto Superior de Pastoral. Es Doctor en Catequética por la Universidad Pontificia de Salamanca. CARGOS PASTORALES Tanto su ministerio sacerdotal como el episcopal han estado vinculados a la diócesis de Toledo. Como sacerdote desempeñó los siguientes cargos: de 1964 a 1973, coadjutor de la parroquia de Santiago el Mayor; 1971, Secretario de la Visita Pastoral; 1972, director del Secretariado Diocesano de Catequesis; en 1973 es nombrado capellán y profesor de la Universidad Laboral de Toledo, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral primada, cargo que desempeñó hasta el 2000, y profesor de Catequética en el Seminario Mayor, donde fue docente hasta su nombramiento episcopal. Además, de 1977 a 1997 fue Vicario Episcopal de Enseñanza y Catequesis; de 1982 a 1991 profesor de Religión en el Colegio diocesano “Ntra. Sra. de los Infantes”; en 1983, capellán de las Religiosas Dominicas de Jesús y María; de 1997 a 2000 es designado subdelegado diocesano de Misiones y en el año 2000 delegado diocesano de Eventos y Peregrinaciones, Profesor de Pedagogía General y Religiosa en el Instituto Teológico de Toledo, Delegado Episcopal para la Vida Consagrada y Canónico de la Catedral, cargos que desempeñó hasta 2004. El 21 de octubre de 2004 se hacía público su nombramiento como Obispo titular de Vergi y Auxiliar de la Archidiócesis de Toledo. El 12 de diciembre del mismo año recibió la consagración episcopal. El 3 de noviembre de 2007 se hacía público el nombramiento como Obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 9 de diciembre de ese mismo año. El Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Segovia el 12 de noviembre de 2014, aunque continuó como administrador apostólico hasta el 20 de diciembre, día de la toma de posesión de su sucesor. Es Consiliario Nacional para Cursillos de Cristiandad. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Anteriormente, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Enseñanza (desde 2005) y de Apostolado Seglar (desde 2011). También ha sido miembro, de 2005 al 2011, de Vida Consagrada.