Jornada de oración y de colecta en favor de las vocaciones nativas al sacerdocio ministerial y a la vida consagrada

Mons. Manuel UreñaMons. Manuel Ureña   Hoy, día 28 de abril, V Domingo de Pascua, celebramos la segunda jornada dominical de oración por las vocaciones sacerdotales y por las vocaciones de especial consagración.

Al igual que la primera jornada, celebrada el domingo pasado, IV de Pascua o Dominica del Buen Pastor, la jornada de hoy, V Domingo de Pascua, es también pontificia; está en perfecta continuidad con aquélla; tiene prácticamente el mismo lema: “Vocaciones nativas, señal de esperanza”; pero su celebración no cae siempre en un domingo fijo; lleva adjunta una colecta imperada; su objeto, aun siendo el mismo que el de la jornada del IV Domingo de Pascua, se centra, no obstante, en la oración específica por las vocaciones nativas; y pertenece a las Obras Misionales Pontificias (=OMP), concretamente a la así llamada Obra Pontificia de San Pedro Apóstol.

Pues bien, la celebración de la jornada anual de oración por las vocaciones nativas, promovida por el Secretariado de la Obra Misional Pontificia de San Pedro Apóstol, es una ocasión para volver la mirada, con admiración y agradecimiento, a las vocaciones al sacerdocio ministerial y a la vida consagrada que Dios hace brotar en los territorios de misión.

“La contemplación de esta floración de vocaciones para hacer presente el Reino de Dios – dice Mons. Anastasio Gil, Director Nacional de OMP – es claramente motivo de esperanza”.

Así lo reconoció el Concilio Vaticano II: “La Iglesia agradece con inmenso gozo el don inestimable de la vocación sacerdotal que Dios ha concedido a tantos jóvenes entre los pueblos convertidos recientemente a Cristo. Porque la Iglesia echa raíces cada vez más firmes en cada grupo humano cuando las distintas comunidades de fieles cuentan entre sus miembros a los propios ministros de la salvación en el Orden de los Obispos, de los Presbíteros y de los Diáconos, al servicio de los hermanos” (Decr. Ad Gentes, 16).

Y, al tiempo que damos gracias a Dios por la espléndida floración de vocaciones nativas que se está dando en los territorios así llamados de misión, pedimos a Dios la abnegación y la fuerza necesarias para seguir ayudando a aquellas Iglesias jóvenes de los países de misión a que se adentren cada vez más en el camino de Cristo en el que han sido emplazadas. Y debemos ayudarlas con la oración, con la aportación de sacerdotes que formen e instruyan a los seminaristas y a los novicios nativos, y con recursos económicos. Ellos mismos nos lo piden.

Hagamos, pues, nuestro el conocido “¡Pasa a Macedonia y ayúdanos!” que Pablo escuchó en sueños de labios del macedonio y cuyo relato encontramos en Hch 16, 9-10. Tal macedonio “viene a ser un símbolo –comenta D. Anastasio– de de cómo el mundo, muchas veces de manera inconsciente, ansía que alguien le lleve una respuesta a sus necesidades y, sobre todo, al más profundo de sus anhelos: poder vivir conforme a la dignidad de hijos de Dios. Millones de personas esperan el Evangelio, y la Iglesia debe “dar el salto” para ofrecérselo por medio de palabras y de gestos de caridad concreta que lo hagan visible”.

De hecho, la Obra de San Pedro Apóstol nació ante las necesidades de ayuda para el clero indígena planteadas por el obispo francés de Nagasaki, Mons. Jules-Alphonse Cousin, de la Sociedad de Misiones Extranjeras. Él se encontró en su diócesis de Japón con cristianos que, por miedo a las persecuciones, evitaban los auxilios espirituales de los misioneros extranjeros, pero que podían ser fácilmente atendidos por sacerdotes del país. Juana Bigard y su madre, Estefanía, en contacto epistolar con el obispo, se movieron y pusieron en marcha en 1889 esta Obra de apoyo a las vocaciones nativas.

Estas vocaciones necesitan con urgencia ser discernidas, instruidas y acompañadas humana y espiritualmente. Se requieren, pues, medios humanos para ello, medios que con frecuencia no existen. Y a esta escasez de medios personales se suma la carencia de recursos económicos para el sostenimiento de estos jóvenes y para el mantenimiento de las estructuras indispensables para viabilizar su formación.

Imitemos, pues, a san Pablo y que el grito del macedonio haga mella en nuestros oídos y penetre en nuestras mentes y corazones.

Tengamos bien claros los objetivos de la presente jornada, que son los siguientes:

Promover entre los fieles una eficaz colaboración con los objetivos de la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, que atiende las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada en los territorios de misión.

Obtener fondos y ayudas económicas para el sostenimiento y la formación de las vocaciones a través de la financiación de “Becas”.

Fomentar en el seno de las comunidades cristianas la oración perseverante para que Dios siga suscitando nuevas vocaciones en estos lugares de misión.

Intensificar la ayuda espiritual y material en favor de los sacerdotes enfermos y jubilados de los territorios de misión.

Domingo 28 de abril de 2013

V DOMINGO DE PASCUA

† Manuel Ureña Pastor,

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.