En la Jornada por la Vida – Humano desde el principio

Mons. BarrioMons. Julián Barrio   Queridos diocesanos:

La encíclica «El Evangelio de la vida» es sin duda un referente fundamental para revitalizar la cultura de la vida que presupone el planteamiento de la interrelación entre el ser, la verdad y el bien, y confirma que «todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en el corazón el valor sagrado de la vida humana, desde su inicio a su término, y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo».

Para la Biología un embrión constituye la etapa inicial de la vida
de un ser vivo, y si hablamos de embriones humanos se trata de vidas humanas en sus primeras etapas de desarrollo, con independencia de si los embriones son concebidos de forma natural o han sido producidos in Vitro. El embrión constituye la primera etapa de una vida naciente, y se constituye en el momento en que existe un ente biológico con capacidad genética propia y suficiente para iniciar su desarrollo ontológico autónomo. Según la doctrina de la Iglesia, “la vida humana es sagrada porque desde su inicio comporta la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin.

Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término: nadie, en
ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente”1.

En consecuencia, “nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie además puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad ni puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo”2.

Respetar, defender, amar y servir la vida, a toda la vida humana, es
andar el camino para encontrar la justicia, el desarrollo, la libertad verdadera, la paz y la felicidad. En este sentido el beato Juan Pablo II afirmaba «la alegre noticia del valor y dignidad de la vida de todo hombre, de su grandeza y preciosidad incluso en su fase temporal». “El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción y, por eso, a partir de ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida”3.
Frente a una sociedad fragmentada es oportuno contar con hombres que, en expresión de Galbraith, se unan a «esos hombres, altamente civilizados a
quienes el mundo les parece bien, tal cual es en líneas generales, pero que saben ser inmensamente tolerantes con quienes creen que debería mejorarse».

Nos decía Benedicto XVI en Santiago que hemos de edificar el presente y proyectar el futuro desde la verdad auténtica del hombre, desde la libertad que respeta esa verdad y nunca la hiere, y desde la justicia para todos, comenzando por los más pobres y desvalidos. No es correcta una concepción de la libertad separada de la verdad y del bien, y desfigurada por el individualismo, y el materialismo práctico que ve en la vida solamente una realidad productiva y agradable, y que considera inútil el sufrimiento e injustificado el sacrificio por los demás.

A nadie se nos oculta el momento de decadencia que estamos
viviendo. Y no es la complacencia sino la exigencia la que nos llevará a salir de esta situación. «La vida que Dios da al hombre es mucho más que un existir en el tiempo, es germen de una existencia que supera los límites del tiempo».

Ante esta situación hemos de reafirmar que la ley civil no sustituye la conciencia y no dicta normas morales y que «la ley moral objetiva que en cuanto ley natural está inscrita en el corazón del hombre, es punto de referencia normativa de la misma ley civil».

No reconocer la verdad trascendente es dar paso a la fuerza del poder.
Esto erosiona la realización integral del hombre. La democracia ha
de creer en el valor de la persona y no debe aliarse con el relativismo ético.
Defender sólo principios de convivencia no sería suficiente, es necesario defender principios transcendentes vinculados a la naturaleza y a la gracia de Dios. La vida como un bien porque es un don del Creador, alcanza su plenitud si sabe hacerse don de amor a Dios y a los hombres. La vida es confiada a la responsabilidad del hombre; es sagrada e inviolable como lo atestiguan las grandes tradiciones religiosas y sapienciales de la humanidad, eco de la voz del Creador, recordando que el hombre no puede disponer de ella arbitrariamente. El «no matarás» es un compromiso en favor del hombre que descubre caminos de respeto, de servicio y de amor a la vida. Es la afirmación de la vida.

Anunciemos, celebremos y sirvamos el Evangelio de la vida en las
distintas situaciones en que nos encontremos. ¡Mantengámonos constantes en la oración! Que María, la “Madre de los vivientes”, acompañe nuestros esfuerzos en favor de la vida y que el Señor nos conceda la gracia de que vaya creciendo el respeto por el carácter sagrado de la vida. No ahorremos ningún esfuerzo en este sentido.

 Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio

Arzobispo de Santiago de Compostela

 

1 JUAN PABLO II, Evangelium vitae, 53.
2Ibid., 57.

3 Ibid., 60.

 

Mons. Julián Barrio Barrio
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D. Julián Barrio Barrio preside la Iglesia Compostelana desde el día 25 de febrero de 1996, fecha en que tomó posesión de la Sede para la que había sido nombrado por el Papa Juan Pablo II el día 5 de enero del mismo año. Cuando este evento se produjo, llevaba ya dos años con nosotros. Había llegado desde la Iglesia hermana de Astorga el día 7 de febrero de 1993 en pleno Año Jubilar, siendo consagrado en nuestra Catedral como Obispo Titular de Sasabe y Auxiliar de su antecesor. Desde octubre de 1994 hasta su nombramiento gobernó la archidiócesis como Administrador Diocesano. Nació en Manganeses de la Polvorosa, provincia de Zamora y Diócesis de Astorga, el 15 de Agosto de 1946. Cursó los estudios de Humanidades y de Filosofía en el Seminario Diocesano de Astorga. Distinciones: - Medalla de Honor de la Universidad en la Licenciatura de Historia de la Iglesia en la Facultad de Historia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1974). - Medalla de Oro en el Doctorado en la Facultad de Historia de la Iglesia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1976). - Medalla de Oro de la Ciudad de Santiago y Título de Hijo Adoptivo. - Caballero de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén. Miembro de la Confraternidad de Nosa Señora da Conceçao. - Capellán Gran Cruz Conventual “Ad honores” de la S. O. Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta. - Medalla de oro del Concello de Vila de Cruces. Premio de Santa Bona de la Ciudad de Pisa (Italia). Títulos Académicos: Es Licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca (1971), Doctor en Historia de la Iglesia por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1976) y Licenciado en Filosofía y Letras, Sección de Geografía e Historia, por la Universidad de Oviedo (1979). Publicaciones: - Félix Torres Amat (1772-1847), Un Obispo reformador, Roma 1977. - La Junta de ancianos de la iglesia de Gibraltar: Anthologica Annua. - Aportación para un epistolario de Félix Torres Amat: Anthologica Annua. - Proceso a un clérigo doceañista: Astorica. - 25 Años de Postconcilio en el Seminario: 25 Años de Ministerio episcopal en la Iglesia Apostólica de Astorga, Astorga 1993. - La formación de los sacerdotes del mañana, (1989). - Peregrinar en Espíritu y en verdad. Escritos Jacobeos (2004). - Peregrinando en esperanza. Lectura creyente de la realidad actual (2007). Cargos: - Bibliotecario del Instituto Histórico Español, anejo a la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat en Roma, de donde fue Becario. - Secretario de Estudios y Vice-Rector del Seminario Mayor Diocesano de Astorga (1978-1980). - Rector del Seminario Mayor Diocesano y Director del Centro de Estudios Eclesiásticos del Seminario de Astorga (1980-1992). - Profesor de Historia Eclesiástica en el Seminario Mayor y de Historia de España en 3º de BUP y de Contemporánea en COU en el Seminario Menor (1980-1992). - Profesor de la UNED en la sección delegada de Valdeorras en A RUA PETIN (1991-1993). - Miembro del Consejo Nacional de Rectores de Seminarios (1982-1985). - Miembro del Consejo de Consultores del Obispo de Astorga. - Secretario del Consejo Pastoral Diocesano de la diócesis de Astorga (1991-1992). - Nombramiento de Obispo Auxiliar de Santiago de Compostela el 31 de Diciembre de 1992. Ordenación episcopal el 7 de Febrero de 1993. Responsable de la sección de los Seminarios Mayores en la Comisión Episcopal de Seminario y Universidades de la Conferencia Episcopal Española. - Obispo Administrador Diocesano de la Archidiócesis de Santiago desde octubre de 1994. - Nombrado Arzobispo de Santiago de Compostela el 5 de enero de 1996, de cuya Sede toma posesión el 25 de febrero. - Presidente de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española (1999-2005). - Miembro de la Permanente de la Conferencia Episcopal Española (Marzo 1999…). - Presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (Marzo 2005-2011). - Miembro del Comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española (2011…).